
Hace tres mil quinientos años, los hijos de Israel se encontraban al borde del precipicio de la gloria. Habiendo sido liberados de la esclavitud de Egipto, fueron conducidos al Monte Sinaí, donde Dios había elegido hablarles. Dios instruyó a Moisés a decirle al pueblo «…si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.» (Éxodo 19:5-6). Si este pueblo simplemente escuchara la voz de Dios, caminarían en un pacto de vida. Serían una nación santa y serían un reino de sacerdotes en el que cada individuo tendría acceso a la presencia de Dios Todopoderoso.
Al tercer día, Dios descendió sobre la montaña y habló a toda la congregación en voz audible. Todas las promesas que Dios había preparado para ellos dependían de si escucharían y obedecerían su voz. Esta no habría sido la última vez que Dios les hablaría, pero, aunque tal vez no con una voz audible, Dios les habría hablado continuamente a cada uno de ellos como lo hizo con Abraham, Isaac, Jacob, José y Moisés. Cuando Dios habló lo que conocemos como los Diez Mandamientos (N.T. ver Éxodo 20:1-17), el pueblo se apartó de la voz de Dios y le suplicó a Moisés que Dios no les volviera a hablar. Al hacerlo, no sólo rechazaron la voz de Dios, sino también la promesa de que serían una nación santa y un reino de sacerdotes. Las palabras que Dios pronunció ese día estaban destinadas a ser recibidas y «escritas» en los corazones de quienes las escucharan, pero debido a que rechazaron la voz de Dios, los mandamientos ahora estarían escritos en tablas de piedra.
El apóstol Pablo tiene claro que cuando estos mandamientos fueron escritos en piedra se convirtieron en el «ministerio de muerte«. Él escribió: «Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria…» (2 Corintios 3:7). Si estos hubieran estado escritos en el corazón del pueblo, los mandamientos habrían sido una descripción de lo que era el pueblo, pero escritas en piedra, las mismas palabras se convirtieron en testimonio de lo que el pueblo no era.
Cualquier mandamiento escrito en piedra o papel te dice lo que debes ser, pero un mandamiento escrito en tu corazón es la razón por la que eres lo que Dios prometió que sería su pueblo. «No matarás» escrito en piedra te advierte de la ira que debe tener la persona que quita la vida a otra, pero «no matarás» escrito en el corazón de una persona es la razón por la que ni siquiera puede odiar a la persona que le ha hecho mal. «No cometerás adulterio» escrito en piedra puede mantener a algunos fuera del lecho del adulterio, pero «no cometerás adulterio» escrito en el corazón mantiene el adulterio y los deseos inmundos fuera del corazón de la persona en quien está escrito.
La base completa del Nuevo Pacto es que la ley de Dios está escrita en el corazón del creyente. El apóstol nos recuerda la promesa de Dios: «Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré» (Hebreos 10:16). Nadie podrá jamás agradar a Dios buscando obedecer lo que está escrito en piedra, pero todo lo necesario para agradar a Dios, Él lo escribe en el corazón de aquellos que simple y verdaderamente confían en Cristo. Por favor no me malinterpretes. Creo que los Diez Mandamientos deberían estar en las paredes de todos los edificios de nuestra nación. Sin embargo debemos entender que escrito en un cartel, es sólo un testimonio contra el pecado, pero escrito en el corazón de quienes confían en Cristo es un testimonio de que han sido liberados de su pecado. Pablo escribió: «siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.» (2 Corintios 3:3)
Dios Bendiga,
Pastor Keith Surface
Calvary Outreach Ministries
Artículo original publicado en inglés el 17 de Octubre de 2016, con el título: Not written in stone (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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