3. No es pecado ser humano

A menudo le digo a la gente que no es pecado ser humano. Sin embargo, es pecado ser pecador. Cuando el apóstol Pablo describe los tipos de personas que no heredarán el reino de Dios, concluye diciendo: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.» (1 Corintios 6:11). Aquellos a quienes Cristo lavó, santificó y justificó, ya no son injustos ni pecadores, pero siguen siendo humanos. Esto significa que, aunque son hijos de Dios con su corazón y naturaleza en su interior, todavía están sujetos a las debilidades y limitaciones de la humanidad. Contrariamente a la creencia popular, la debilidad de un hijo de Dios no es pecado. El pecado es eliminado de nuestros corazones y vidas por la cruz de Cristo y el poder de su sangre derramada.

Nuestras debilidades se revelan en el hecho de que todavía vivimos en un cuerpo mortal y estamos sujetos a las limitaciones que conlleva. Por supuesto, al ser mortales, podemos envejecer, enfermar o morir, pero estas debilidades no son las verdaderas debilidades de la humanidad. Nuestras verdaderas debilidades son que vemos con ojos naturales, oímos con oídos naturales y razonamos con razonamiento humano. Debido a esto, nuestra comprensión y conocimiento son limitados y rara vez vemos y escuchamos las cosas como realmente son. Cuando esto sucede, a veces nos equivocamos. Juzgamos situaciones y personas por lo que creemos saber y, a menudo, llegamos a conclusiones erróneas. A veces tomamos caminos que creemos que son buenos, pero como no podemos ver adónde nos llevan realmente, terminamos en la confusión. Son tales las debilidades de nuestra humanidad que el apóstol Pablo nos dice que ni siquiera sabemos por qué orar como debemos. Pero no fue así como Cristo caminó sobre esta tierra. Aunque también estaba vestido de carne humana, el profeta nos dijo que «No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra…» (Isaías 11:3-4).

¿Por qué Cristo no estuvo sujeto a las debilidades y limitaciones de su humanidad? La respuesta es simple. Él dijo: «No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.» (Juan 5:19) Jesús no anduvo conforme a lo que vio con ojos naturales, ni oyó con oídos naturales, ni entendió con razonamiento natural. Él se quedaba solo para orar y escuchar la voz de su Padre. Lo que vio y oyó de su Padre, luego lo hablaría y haría entre los hombres. El apóstol Pablo nos dice que «de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos…» (Romanos 8:26). La intercesión del Espíritu Santo, levantándose dentro de un hijo de Dios, viene porque incluso en la oración, Él sabe lo que nosotros no.

Así es en cada aspecto de nuestro caminar con Dios. Si buscamos del Señor para siempre estar llenos del Espíritu, él nos mostrará cosas que los ojos naturales nunca podrían mostrarnos, y escucharemos palabras preciosas que los oídos naturales nunca podrían transmitirnos. Por su Espíritu puedes comprender las cosas celestiales que ni siquiera los más sabios de los hombres pueden percibir. Sin él, nuestras manos naturales nunca podrán tocar a los enfermos y sanarlos, pero el Espíritu de Dios puede fácilmente vivificar tus miembros para tal obra. Una de las obras más grandes del Espíritu es que ungirá y vivificará nuestra lengua natural para hacer algo que nunca podremos hacer por nosotros mismos. Él hará que las palabras que nos da para hablar sean «espíritu y vida». Sí, ser humano no es pecado, pero sin el Espíritu de Dios actualmente llenándonos y obrando en nosotros, incluso un ser humano salvo a veces puede arruinar las cosas, o al menos perderse las glorias que Dios ha preparado para que caminemos en ellas.

Los dejo con esto: Recientemente pregunté a nuestra congregación si entendían la gran diferencia que hay cuando buscamos fervientemente al Señor. Casi todos coincidieron en que entendían esto. Respondí: «Entonces debemos entender que también hay una gran diferencia cuando no buscamos a Dios en oración».

Artículo original publicado en inglés el 24 de Octubre de 2016, con el título: It’s not a sin to be human (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Published by

Deja un comentario

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión