
Cuando consideramos cuál es la verdad del evangelio, hay dos factores vitales a considerar. Una es simplemente lo que dice la Escritura. La otra es reconocer lo que las Escrituras no dicen. Cuando las Escrituras no hablan específicamente de un tema, a lo largo de los siglos los hombres a veces han formulado doctrinas para responder las preguntas que sienten que no fueron abordadas específicamente por la palabra de Dios. Muchas de estas doctrinas a menudo se basan en suposiciones. Las personas “llenan los espacios en blanco” de lo que no se dice específicamente en la palabra de Dios y formulan una doctrina que sienten que puede ser cierta. Estas doctrinas se llaman “teorías”. Esta acción en sí misma no hace que la doctrina sea errónea, pero la deja sin la plena autoridad de la Palabra de Dios.
Por otro lado, cuando las Escrituras dicen algo específicamente, no hay necesidad de formular una doctrina sobre el tema porque la palabra de Dios ha hablado. Por ejemplo, no necesitamos una doctrina que nos diga que Jesús es el Cristo porque la Palabra de Dios nos dice específica y claramente que Jesús es el Cristo. Se puede decir que algunas doctrinas formuladas “pueden ser verdaderas”, pero debemos saber que lo que dicen las Escrituras específicamente eso ¡ES VERDAD!. Surge un problema cuando los dos se contradicen. Cuando esto sucede, uno debe ser descartado como falso. ¿Cuáles descartamos? ¿Lo que “puede ser verdad” o lo que ES VERDAD?
Considere este ejemplo: A lo largo de los años algunos me han dicho que la Escritura que dice: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:9-10) NO PUEDE ser verdad porque contradice la “doctrina de la gracia”. Mi respuesta es “¿Estás bromeando?. El apóstol que escribió estas palabras es el mismo apóstol que nos dijo casi todo lo que sabemos sobre la gracia”. Sin embargo, la gente se niega a abandonar sus suposiciones sobre la gracia incluso cuando contradicen lo que dice específicamente la palabra de Dios. Entonces, en lugar de eso, terminan dejando de lado la palabra de Dios.
Otro ejemplo de esto es la creencia de que Jesús murió en la cruz para «pagar el castigo» por nuestros pecados. Ahora bien, ¿por qué alguien cuestionaría tal cosa? Después de todo, suena bien, hace que la gente se sienta bien y calma su miedo de comparecer ante el juicio de Dios. ¿No sería más fácil dejar en paz una creencia tan querida y ampliamente aceptada? Bueno, no si obstaculiza que las personas vean la verdad del evangelio que Jesús dijo que los haría libres. Cuando una persona se aferra a algo que es falso con respecto al evangelio, no sólo queda atada a una falacia, sino que la falacia la ciega a “la verdad”. Y si están cegados a “la verdad”, están cegados a Cristo y a todo lo que él hizo para hacerlos libres.
Primero, pregúntese qué pasaje de las Escrituras realmente dice que Cristo pagó una pena. De hecho, ¿dónde exige Dios alguna vez que se pague una pena por aquellos que se apartan de sus pecados y regresan a Él? Las consecuencias que recaen sobre nosotros y el castigo requerido por Dios son dos cosas diferentes. Un esposo infiel puede regresar al Señor y ser perdonado y liberado de los deseos que produjeron sus acciones, pero aún puede soportar y/o padecer las consecuencias de su infidelidad en esta vida. ¿Cuántas veces Dios nos dice en su palabra que si alguien se aparta de su pecado, él lo perdonará(indultará)? Dios nunca exige que se pague primero una pena. Ese pensamiento es sólo una suposición, o algo que alguien pensó que “podría ser” cierto. Pero esto es lo que dijo Dios: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” (Isaías 55:7). Si alguien es perdonado(indultado) no hay castigo ni pena que deba pagarse, de lo contrario no sería perdón(indulto). Y si se ha pagado una multa, ciertamente no hay necesidad de perdón(indulto).
El principal pasaje de las Escrituras que la gente usa para tratar de mostrar que Cristo pagó una pena en la cruz es «el castigo de nuestra paz fue sobre él…» (Isaías 53:5). Entiendo cómo alguien podría decir que esto «podría significar» que Cristo pagó una pena en la cruz, pero también podría significar que la razón por la que los soldados romanos estaban castigando a Cristo era para que yo pudiera tener paz con Dios y la paz de Dios. En otras palabras, sus sufrimientos fueron para mi beneficio. De cualquier manera, sin más aportes de las Escrituras, nuestros pensamientos aquí son en realidad solo suposiciones.
Ahora veamos lo que dice específicamente la Escritura sobre el propósito de los sufrimientos de Cristo. Si repasara todo lo que realmente dicen las Escrituras, esta carta se convertiría en un libro, por lo que tomaré un testimonio de cada una de las múltiples fuentes de la palabra de Dios:
- Dios mismo nos dijo que la “descendencia de la mujer” (Jesucristo) vendría y “heriría la cabeza” de la serpiente (Génesis 3:15)
- Gabriel nos dijo que el Mesías vendría para “poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable…” (Daniel 9:24)
- Juan el Bautista dijo que Jesucristo es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Juan 1:29)
- Pablo nos dice que el propósito de la crucifixión de Cristo es “que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6)
- Pedro nos dice que Cristo “…llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia…” (1 Pedro 2:24)
- El apóstol Juan dice “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca” (1 Juan 3:5-6)
- El escritor de Hebreos nos dice que “también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.” (Hebreos 13:12)
La diferencia entre lo que dice la Escritura y la suposición de “castigo pagado” es el día y la noche. Uno nos dice que Jesús nos quita nuestro pecado mientras que el otro nos dice que Jesús nos deja en nuestro pecado y paga cualquier pena en la que incurramos. Siendo el testimonio de las Escrituras tan claro sobre por qué murió Cristo, ¿por qué tantos se aferran a algo que no es sólo una suposición, sino que niega y ciega a las personas ante la absoluta claridad de la palabra de Dios? Tal vez no pueda responder esa pregunta, pero sí sé que mientras alguien mantenga una suposición por encima de la palabra de Dios, nunca sabrá la verdad y nunca estará libre del pecado. Por eso es que continuamente recordamos a la gente lo que las Escrituras dicen especialmente acerca de Cristo. Porque si somos verdaderamente ministros de Cristo, tenemos el encargo de proclamar la verdad que Cristo Jesús dijo “¡os hará libres!
Dios te Bendiga,
Pastor Keith Surface
Calvary Outreach Ministries
Artículo original publicado en inglés el 7 de Noviembre de 2017, con el título: Assumption or Truth? (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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