
Todos tienen poder sobre el pecado… ¡hasta que ya no lo tienen! Un alcohólico tiene el poder de no tomar otro trago… hasta que lo haga. Un mentiroso tiene el poder de decir la verdad… hasta que miente. Y un hombre religioso tiene el poder de no pecar… hasta que peque. Mucha gente se pregunta por qué predicamos continuamente la “libertad del pecado” mediante la sangre de Cristo. La respuesta es simple. “Libertad del pecado” es la única respuesta que se ofrece en el evangelio. Cualquier otra respuesta no es ninguna respuesta. Jesús no dijo: “La verdad os dará poder sobre”. Él dijo: “la verdad os hará libres”. Cuando la gente le pidió que aclarara lo que quería decir, Jesús les dijo claramente que había venido para liberarlos del pecado (Juan 8:30-36).
Hay una analogía que utilizamos para dar comprensión sobre la promesa de Jesús de hacerte libre. Un hombre comparte su casa con un león salvaje y hambriento. Este hombre resulta ser un “domador de leones”, por lo que sabe cómo mantenerlo a raya. Parece tener el control total del león mientras usa las herramientas de su oficio, un látigo y una silla. Puede hacer que el león retroceda. Puede hacer que el león se siente. Tiene poder sobre el león. Por más grande que sea este “domador de leones”, hay una cosa que no puede hacer. Nunca puede cerrar los ojos mientras descansa. Si lo hace, todo su poder sobre el león se vuelve inútil y el “domador de leones” será devorado. Mientras viva en esta casa, este hombre no podrá descansar hasta que el león muera o hasta que se lo lleven. Cuando eso sucede, él finalmente es libre del león.
La analogía anterior describe cada esfuerzo religioso del hombre para lidiar con el pecado. Las cosas que te prometen control o poder sobre el pecado, te están convirtiendo en un domador de leones. Funcionará siempre y cuando estés alerta, decidido y nunca bajes la guardia. Viene en forma de “libros de instrucciones”, preceptos y principios, leyes que hay que guardar o “amurallar” todo lo que te rodea. El poder que se promete a veces se dice que proviene del Espíritu, de la sangre, de la fe, del conocimiento, de la determinación o de cualquier otra cosa. Siempre funciona… hasta que deja de funcionar. El día que te canses demasiado, fracasarás. Es un gran paseo para alguien que no necesita descanso para su alma.
Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28-29). ¿Ves lo diferente que es esto de ser un “domador de leones”? Cristo no vino, sufrió y murió para darnos poder sobre el pecado. Vino «para quitar nuestros pecados» (1 Juan 3:5). No necesitas poder para no hacer algo que no está en tu corazón hacer. Cristo no es un domador de leones. Él es el asesino de leones. Clavó a nuestro “viejo hombre” en su cruz “para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). ¡El pecado es el león! Sólo cuando el pecado sea limpiado de tu corazón por la sangre de Cristo podrás encontrar descanso para tu alma.
Jesús dijo a los discípulos: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19). Mientras representemos a Cristo, enfrentaremos los ataques de Satanás y los poderes de las tinieblas. Si recordamos que “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6), veremos que estas cosas se inclinarán ante el exaltado nombre de Jesucristo. Es importante entender que estas cosas son externas a un hijo de Dios y no internas. Estas son cosas «de afuera» y no cosas «de adentro». Sólo luchas contra el pecado si el pecado está “dentro”. Pero algunos preguntan: Si Cristo quita de nuestros corazones el pecado, y por lo tanto la lucha contra el pecado, ¿por qué dijo Pablo: “aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado”? (Hebreos 12:4). Pregúntese: “¿Alguna vez alguien en la historia de la iglesia ha ‘resistido hasta la sangre’ luchando contra el pecado en su propio corazón?” ¡Por supuesto que no! Pablo estaba hablando de las persecuciones que sufrieron mientras luchaban contra el pecado que mantiene cautivas a las almas perdidas. Este “esfuerzo” fue la predicación del evangelio de Cristo a un mundo lleno de pecado. Estaban luchando contra el pecado, no en sus propios corazones, sino en los corazones de aquellos que luchaban contra el evangelio de Cristo.
La simplicidad del evangelio es que Cristo lava el pecado del corazón de aquellos que creen en el evangelio y confían en él. Así es como Cristo los hace libres. No son tan fuertes como el “domador de leones”. Tampoco son tan “sabios” como aquel que conoce todos los principios. Ni siquiera son tan decididos como aquel que se ha perfeccionado. ¡No tienen porqué serlo, porque Cristo los ha hecho libres!
Déjame dejarte con esto: no es el poder del pecado lo que te destruye, sino la presencia del pecado. Donde el pecado está presente, tiene poder. Pero cuando, a través de la sangre de Cristo, el pecado ya no está “presente” en tu corazón, no tiene poder alguno sobre ti. Ésta es la libertad que se promete en el evangelio de Cristo.
Artículo original publicado en inglés el 18 de Diciembre de 2016, con el título: Power over sin? (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario