19. Entendiendo la redención

Alguien me preguntó recientemente: “¿Por qué Dios simplemente no perdonó a Adán y Eva después de que transgredieron en el jardín?” Les dije que no sabía si Dios los perdonó o no, pero si lo hizo, no cambió el resultado de lo que habían hecho. Incluso si Dios perdonara a Adán y Eva, el pecado todavía tendría dominio sobre ellos; Satanás seguiría siendo el Dios de este mundo; sus hijos todavía serían “concebidos en pecado” y “formados en maldad [iniquidad]”; (Salmos 51:5) y la sentencia de muerte (condenación) todavía pendería sobre la cabeza de cada persona a partir de ese día en adelante. Quizás fueron perdonados, pero lo que necesitaban era redención.

El perdón no es redención. El perdón trata con tu pasado. La redención es el acto de recuperar algo que se perdió. Para entender la redención, hay cuatro preguntas que debemos responder.

1. ¿QUÉ SE PERDIÓ? Somos lo que se perdió. La transgresión de Adán vendió a toda la humanidad a la esclavitud del pecado y de Satanás. El profeta habló de esto diciendo: “Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados.” (Isaías 52:3). El apóstol Pablo confirma esto cuando habla de tratar de agradar a Dios por la Ley antes de venir a Cristo. Él dijo: “…mas yo soy carnal, vendido al pecado” (Romanos 7:14). En Adán, todos fuimos “vendidos al pecado”, al reino de las tinieblas (Colosenses 1:13), del cual nunca podríamos redimirnos.

2. ¿QUIÉN SE PERDIÓ? Estábamos perdidos para Dios. Él creó a la humanidad a su imagen y para su gloria. La humanidad iba a ser una manifestación de carne y sangre del Dios invisible. En la transgresión de Adán, perdimos la imagen de Dios y tomamos la imagen de la serpiente. Juan escribió: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio” y “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (1 Juan 3:8, 10). Cuando Jesús dijo que vino “ …a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), está hablando de nosotros como perdidos para Dios. Nuestra redención devuelve a Dios lo que él había perdido. Juan escribió: “y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación…” (Apocalipsis 5:9). En la redención, la imagen y la gloria de Dios son restauradas sobre aquellos que son restaurados a Dios (Romanos 8:29-30). Como estuvo en Cristo, así ahora en los redimidos, Dios es una vez más “manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16).

3. ¿QUIÉN TOMÓ POSESIÓN DE LO PERDIDO? El pecado y Satanás se convirtieron en señores de toda la humanidad. Se convirtieron en poseedores de lo que era de Dios. Así como Dios envió a Moisés para liberar a Israel de la esclavitud en Egipto, Dios envió a su propio Hijo para liberarnos de la esclavitud en el pecado. Jesús dijo: “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” (Juan 8:34). La redención nos libera de esa esclavitud. Pablo escribió que Cristo “…se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.” (Tito 2:14). Note que Cristo nos redimió “de toda iniquidad” y “para sí [mismo]”. Por eso el ángel le dijo a José “llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21). El Calvario no se trataba de pagar una deuda por el pecado. Se trataba de liberarnos del pecado mismo.

4. ¿QUÉ SE NECESITA PARA RESTAURAR LO QUE PERDIÓ AQUEL QUE LO PERDIÓ? La parte final de entender la redención es reconocer lo que se requirió para redimir lo que se perdió. Esto se llama «rescate». Es el costo de la redención. La Escritura es clara en cuanto a que Cristo “…se dio a sí mismo en rescate por todos…” (1 Timoteo 2:6). Un rescate no necesariamente habla de un pago a alguien, pero sí siempre habla de lo que costó redimir algo. En la Segunda Guerra Mundial, millones de soldados aliados murieron en el campo de batalla luchando contra los nazis. Su sangre fue el rescate necesario para liberar al mundo de la tiranía de Hitler. Aun así, la sangre de Cristo fue el rescate requerido para destruir a Satanás y librarnos de todo pecado e iniquidad. Ya nadie tiene que ser esclavo del pecado o de Satanás, porque Cristo derramó su sangre para hacernos libres. ¡Somos redimidos! “Díganlo los redimidos de Jehová, Los que ha redimido del poder del enemigo” (Salmos 107:2).

Finalmente, hay una mala traducción en la versión King James (versión de la Biblia en Inglés) y en algunas otras versiones de la Biblia que ciegan a muchas personas ante la verdad de la redención. Cuando el apóstol nos dice “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados…” (Efesios 1:7, Colosenses 1:14), la palabra que usó y que se tradujo como “perdón” es la palabra griega “aphesis” que en realidad significa «libertad«. “Aphesis” es la palabra que Jesús usó tanto para “liberación” como para “libertad” cuando leyó la profecía “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.” (Lucas 4:18-19). “Aphesis” siempre significa libertad. “Tenemos redención por su sangre, la libertad de los pecados…”. Jesús vino no sólo para perdonar los pecados, sino para redimirnos del pecado y restaurarnos a Dios.

Artículo original publicado en inglés el 12 de Febrero de 2017, con el título: Understanding redemption (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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