20. Pecados pasados

Nada cambia el pasado. La leche derramada, “lo hecho, hecho está”; nada cambia eso. Ni siquiera Dios cambia el pasado, pero sí cambiará tu futuro. Lo hace cambiando lo que eres en el presente.

¿Qué son los “pecados pasados”? Estos son pecados que no son pecados presentes. Ya no son parte de quién eres. Cuando el apóstol Pablo nombra los tipos de personas que “no heredarán el reino de Dios” (fornicadores, adúlteros, avaros, ladrones, etc.), continúa diciendo: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:9-11). Estas personas de quienes Pablo habló como hijos de Dios, ya no eran hacedores de estas cosas pecaminosas. Esas cosas habían sido lavadas de sus corazones y de sus vidas por la sangre de Jesucristo. Estos eran “pecados pasados”.

Un hombre que ha consumido pornografía durante años no puede decir que es un pecado pasado mientras continúe consumiendo pornografía. Una persona que ha engañado a otras personas no puede decir que el engaño está en su pasado mientras siga engañando a la gente. El hombre que ha abusado de su esposa en el pasado tampoco puede decir que es un pecado pasado si todavía abusa de ella ocasionalmente. La verdad es que mientras tales cosas sean parte de tu corazón o de tu naturaleza, no son pecados pasados; son tu condición actual.

Pablo dejó las cosas claras en cuanto al perdón de los pecados para aquellos que confían en Cristo. Nos hace saber que Cristo, presentado como “propiciación”, declara la justicia de Dios “a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3:25). No está escrito en las Escrituras que nuestros pecados pasados, presentes y futuros sean perdonados. La Escritura dice que Cristo “…habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados…” (Hebreos 10:12), pero no dice que perdonó tu manera de pecar para siempre. Sin embargo, este pasaje, Romanos 3:25, nos dice claramente que Dios perdona los pecados de nuestro pasado. La palabra “remisión” (NT. remission en la versión King James) en este versículo proviene de la palabra griega “paresis” que habla de “praetermission” o “tolerancia”. “Praetermission” se traduce en la Reina Valera cómo “haber pasado por alto”. En términos simples, Dios tolerará tus pecados pasados y no te los imputará si confías en su Hijo, Jesucristo. Es importante señalar que Pablo dice que la “praetermission” prometida es para “pecados pasados”. Esto es lo que llamamos perdón.

Aunque nuestra filosofía religiosa moderna lo niegue, el perdón de los pecados siempre está relacionado en las Escrituras con el arrepentimiento y el alejarse del pecado hacia Dios. Considere los siguientes pasajes:

si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” (2 Crónicas 7:14)
Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” (Isaías 55:7)
Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová.” (Isaías 59:20)
Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.” (Ezequiel 18:31-32)

Una persona que está contenta de vivir en su pecado puede encontrar una forma de “cristianismo”, pero nunca encontrará a Cristo. Sin embargo, aquel que busca apartarse del pecado descubre que, si bien a menudo puede cambiar sus obras, no puede cambiar el contenido de su corazón. En verdad, Cristo es el único que verdaderamente puede apartar a una persona de sus iniquidades.

Después de que el cojo fue sanado en la puerta llamada la Hermosa, Pedro dijo al pueblo: “A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.” (Hechos 3:26). ¿Puedes ver que la bendición de Cristo ES que Él nos convierte (aparta) de nuestras maldades (iniquidades)? Esta misión de Jesucristo de “convertirnos de las maldades (iniquidades)” no se cumplió a través de sus enseñanzas terrenales porque Pedro dice que fue después de que Jesús resucitó de entre los muertos que fue enviado para convertirnos.

Dios dijo a través de Ezequiel: “haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis…” (Ezequiel 18:31). ¿Cómo puede alguien hacer tal cosa? Es imposible que una persona se dé a sí mismo un corazón nuevo. Es por esto que Dios habla nuevamente a través de Ezequiel diciendo: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:26-27).

Esta es la razón por la que vino Cristo. Él derramó su sangre para santificarnos (Hebreos 13:12); para hacernos santos en el corazón, la vida y la naturaleza. Esto no se logra mediante los principios y mandamientos de la religión, sino mediante la recepción de un corazón nuevo y un espíritu nuevo por la fe en Jesucristo. Cuando Cristo cambia el corazón de una persona, todo en ella cambia. Es imposible que cualquiera que conozca a Cristo continúe en pecado (1 Juan 3:6). Cuando Cristo entra, los pecados que estaban presentes se convierten en “pecados pasados”. ¡Puedes saber por la palabra de Dios que tales pecados son perdonados!

Artículo original publicado en inglés el 11 de Marzo de 2017, con el título: Sins that are past (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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