
Los apóstoles nunca nos dijeron el color de los ojos de Jesús, el largo de su cabello, su altura, ni ninguna otra descripción física. Incluso los profetas guardaron silencio sobre este tema y sólo dijeron “…no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos” (Isaías 53:2). Es evidente que sus rasgos físicos no son lo que Dios quiere que veamos acerca de Jesucristo, sin embargo, también está claro en las Escrituras que la maravillosa gloria del evangelio de Cristo sólo la reciben aquellos que “lo ven tal como él es” (1 Juan 3:2).
El evangelio se presenta como una gran luz que brilla en nuestros corazones. Pablo dijo: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).
Así es cómo vemos a Cristo. Lo vemos cuando la verdad de su evangelio brilla en nuestros corazones. Cuando esto sucede nos transformamos a la imagen de aquel que vemos. La Escritura dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3:18).
Así es como funciona el evangelio. No es una “ley” del nuevo pacto, ni tampoco un nuevo conjunto de principios rectores. La salvación no viene a través de la determinación, viene a través de la “iluminación” (Hebreos 10:32).
El evangelio de Cristo transforma a quienes ven, pero no hace nada por quienes están ciegos. Por eso Pablo dijo: “…el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2 Corintios 4:4). A Satanás no le importa si eres religioso, pero hará todo lo posible para impedirte ver el glorioso evangelio de Cristo. Él sabe que es lo único que existe que está investido con el poder de liberarte tanto del pecado como de Satanás. Es la verdad que Jesús dijo “os hará libres” (Juan 8:32).
Esta gran “verdad” de la que habló Jesús no se trata de usted o de mí, ni tampoco es algún principio o fórmula religiosa. ¡Es la verdad de Cristo!
- Quién es Cristo: Él es aquel por quien fueron creadas todas las cosas, que estaba con Dios y era Dios, pero que se hizo hombre para nuestra redención.
- Lo que Cristo vino a cumplir: Él vino “para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8), “…para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable…” (Daniel 9:24).
- Cristo lo terminó todo en la cruz: Cuando clamó “Consumado es” (Juan 19:30) todo lo que vino a hacer se cumplió. Nuestro pecado fue destruido (Romanos 6:6), y también lo fue Satanás (Hebreos 2:14). Fuimos santificados (Hebreos 10:10) y hechos justos (Romanos 5:19). Esta es la verdad, y si la ves, ¡te hará libre!
Satanás es destruido para los hijos de Dios, pero todavía tiene dominio sobre aquellos que habitan en su reino de tinieblas. Aun así, cuando se predica el evangelio, él no tiene poder para retener a aquellos que abren los ojos para ver y los oídos para oír. Cuando se predique la verdad, verán a Cristo tal como Él es. Aquellos que estaban muriendo por el veneno de la serpiente sólo necesitaban mirar a la serpiente de bronce y vivirían. Aun así, Jesús dijo “…como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15). Lamentablemente, muchos perecerán en sus pecados porque, como dijo Jesús, “… han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.” (Mateo 13:15).
Hay muchos “retratos” pintados de Cristo que no son Cristo en absoluto. Me refiero a las doctrinas que describen a Cristo y su obra para con nosotros. Algunos de estos “retratos” nos muestran a un Cristo que “nos deja en nuestros pecados” o “cubre nuestros pecados para ocultárselos a su Padre” y “está siempre ansioso por cumplir todas nuestras ambiciones carnales”. Otros pintan a Cristo como alguien que exige perfección, pero la ofrece a través de leyes, principios y preceptos religiosos. Ninguno de estos «retratos» muestra a Cristo «tal como él es«. Por lo tanto ninguna de estas doctrinas tiene el poder de hacerte libre.
Cristo es el Salvador. Vino a “salvar a su pueblo de su pecado” (Mateo 1:21). Él no vino para darte un arma para que la uses para salir del pecado, y no vino para dejarte en pecado. ¡ÉL ES EL SALVADOR! Cuando esa luz brille en tu corazón, ¡serás libre! No hay demonio, pecado ni esclavitud que pueda retenerte cuando el glorioso evangelio de Cristo brilla en tu corazón. Es por eso que Juan escribió “todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido” (1 Juan 3:6). Porque si lo ves, entonces lo conoces, y si lo conoces, ¡eres libre! La promesa de que «seremos semejantes a él» se basa en «porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2). Abre tus ojos a Cristo… ¡y vive!
Artículo original publicado en inglés el 1ro de Abril de 2017, con el título: Seeing Christ (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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