
Un hombre llama al agente agrícola del condado para pedirle consejo. “Tengo un árbol en mi huerto de manzanos con el que tengo problemas. Independientemente de lo que haga, no producirá manzanas. Durante años lo he regado, fertilizado y podado, pero nunca produce manzanas. Incluso corté los otros árboles para que pueda recibir más luz solar. De vez en cuando saca pequeñas piñas, pero yo las arranco lo más rápido que puedo para que no se convierta en pino. ¿Sabes cuál podría ser el problema?” “Sí”, respondió el agente. “Tu árbol no es un manzano. Es un pino. ¡Córtalo!”
Jesús nos dijo: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:18-20). Si un árbol produce frutos corruptos, sabes que es un árbol corrupto. No importa cuánto lo riegues, lo fertilices o lo podes, sigue siendo un árbol corrupto. La única solución es talarlo y plantar un buen árbol en su lugar. Este árbol es un tipo de humanidad caída. La redención de Dios no se limita a podar el árbol corrupto. Lo corta y planta en su lugar un “árbol de justicia”.
La cruz de Cristo es la gran “hacha” de Dios. Es el instrumento con el que corta el árbol del pecado del corazón de aquellos que vienen a él por medio de Cristo Jesús. La cruz no poda. No riega. No fertiliza. Su propósito singular es ser el “hacha puesta a la raíz” del árbol “Adámico” (Lucas 3:9). El apóstol Pablo da testimonio de esta obra diciendo: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6). Este no es un trabajo en progreso, sino un trabajo terminado. Los que están en Cristo Jesús no están en proceso de ser “cortados”. El viejo árbol ES talado y ahora son los “árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.” (Isaías 61:3). El fin del “viejo hombre de pecado” junto con las obras del pecado no es la meta de nuestro caminar en Cristo, sino el punto de partida. Pablo nunca dijo: «Con Cristo estoy siendo crucificado»; Él dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20). Así como no hubo resurrección antes de que hubiera una crucifixión, no hay “nueva vida” sin que primero el “viejo hombre” haya sido “crucificado con Cristo” mediante la fe en Cristo Jesús. Así es como el pueblo de Dios es liberado de la esclavitud del pecado (Romanos 6:7).
Sin embargo, hay más en el caminar cristiano que simplemente dejar de ser pecador. Eso en sí mismo es más maravilloso de lo que las palabras pueden expresar, pero así como se planta un buen árbol para producir buenos frutos, somos liberados tanto del pecado como de la Ley para producir frutos para Dios. (Romanos 6:22, 7:4). El hecho de que un árbol sea un manzano puede asegurar que no producirá piñas, pero no garantiza que producirá manzanas. Aun así, el fruto del Espíritu que se produce en un hijo de Dios está directamente relacionado con su relación con Jesucristo. Jesús dijo: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” (Juan 15:4). El fruto del Espíritu aumenta a medida que nos acercamos al conocimiento y la comunión con Cristo. Pedro dijo: “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.” (2 Pedro 1:2).
Hay una diferencia entre una persona que carece de la plenitud del “fruto del Espíritu” y una persona que lleva el fruto del pecado. El apóstol Juan escribió: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.” (1 Juan 3:15). El odio es el fruto corrupto de un árbol corrupto. La única respuesta para tal árbol es que sea cortado por la cruz de Cristo. Por otro lado, un hijo de Dios puede carecer de la plenitud del amor de Dios. Su respuesta es simplemente acercarse a Cristo. Al hacer esto, el amor aumentará junto con todo el fruto del Espíritu.
Durante demasiado tiempo los cristianos han sido alimentados con la mentira de que la impaciencia de una persona es lo mismo ante Dios que la inmoralidad de otra. ¡Eso es absurdo! ¿Considerarías al hombre que por un malentendido pudo haberle hablado duramente a tu hija de la misma manera que a alguien que la sedujo y abusó de ella? ¡Por supuesto que no! ¡Dios tampoco! Dios castigará la impaciencia que se encuentra en sus hijos, pero juzgará el pecado junto con el pecador. Por falta de comprensión de esta simple diferencia, casi universalmente la Iglesia ha aceptado y se ha gloriado en la falacia de que todos los hijos de Dios son pecadores. Si lo son, entonces Cristo, que vino a salvar a su pueblo de su pecado, debe haber muerto en vano.
El propósito de esta enseñanza no es excusar la falta del “fruto del Espíritu” en un hijo de Dios, sino señalar la diferencia entre la falta de fruto espiritual y la presencia del pecado. De hecho, se dan fuertes advertencias a aquellos que no dan fruto para Dios. Jesús dijo: “…mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará…” (Juan 15:1-2). En la parábola de la higuera en la viña, Jesús concluye: “si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.” (Lucas 13:9). Pedro nos dice “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.” (2 Pedro 1:9). Un hijo de Dios que carece del fruto del Espíritu regresa a las tinieblas, pero no puede ver que está en camino de regresar a sus pecados anteriores.
No hay razón para que a los hijos de Dios les falte algo espiritual. Pedro escribe: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3). Cristo es la vida de su pueblo. Él no sólo nos libra del pecado, sino que hará que su fruto abunde en nuestros corazones y vidas si simplemente permanecemos en él. ¡Él es nuestra Vida!
Artículo original publicado en inglés el 21 de Mayo de 2017, con el título: A tree and its fruit (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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