32. Escuchando la voz de Dios

“Dios quería escribir su ley en el corazón del pueblo, pero sus corazones eran tan duros que tuvo que buscar un material más blando. Entonces encontró dos tablas de piedra”. Dios diría más tarde: “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu…” (Zacarías 7:11-12). Sus corazones estaban tan duros que ni siquiera Dios podía escribir sobre ellos.

La gran promesa del Nuevo Pacto es que Dios pone su ley en nuestro “interior” y la escribe en nuestro corazón (Jeremías 31:33, Hebreos 8:8-11). Esto habla de la naturaleza divina y del corazón nuevo que recibimos cuando nacemos de Dios. El pecado ya no es parte de lo que somos porque la justicia de Dios está escrita en cada parte de nuestro ser. Aquellos que creen en el evangelio y confían en Cristo obtienen la justicia que nadie puede obtener mediante el cumplimiento de un mandamiento (Romanos 9:30-32).

Antes de que Dios pudiera escribir su Nuevo Pacto en nosotros, tuvo que hacer algo con el corazón endurecido de la humanidad. Habló por medio del profeta, diciendo: “quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezequiel 36:26). Un “corazón de carne” es simplemente el corazón humano tal como Dios lo creó originalmente. No es duro, sino tierno, por lo que puede hablarle y escribir en él lo que desee. Es un corazón que puede ser movido por el Espíritu de Dios y escuchar la voz de Dios.

La promesa que Israel nunca recibió debido a la dureza de su corazón se ofrece hoy a los hijos de Dios. Dios dijo: “…si diereis oído (obedecieras) a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente (nación) santa.” (Éxodo 19:5-6). Esta promesa tiene una doble contingencia. Seremos un “especial tesoro”, “una nación santa” y “un reino de sacerdotesSI obedecemos su voz Y guardamos su pacto. El Pacto se guarda por la fe. Creemos en el evangelio y confiamos en Cristo y el resultado es que el Pacto de Dios es escrito en nuestro corazón y naturaleza. Si permanecemos en Cristo guardaremos el pacto y el Pacto nos guardará a nosotros. Pero si somos “movidos de la esperanza del evangelio” (Colosenses 1:23), encontraremos que la justicia deja de ser nuestro corazón y nuestra naturaleza.

Obedecer la voz de Dios es la otra contingencia de la gran promesa de Dios. Es algo corrupto y condenable que cualquiera crea que porque es “salvo” puede ignorar la voz de Dios. Cualquiera que adopte tal proceder lo hará para su propia destrucción. Dios habla de muchas maneras diferentes. A menudo Él simplemente se mueve en los corazones de su pueblo. Para obedecer, simplemente sigues lo que Dios pone en tu corazón. En ocasiones Dios hablará a través de las Escrituras. Las cosas que has leído muchas veces de repente cobran vida para ti y parecen extenderse y apoderarse de ti. Caminas a la luz de su palabra.

El apóstol escribe sobre otra manera en que Dios habla a su pueblo. Él dijo “…el Espíritu dice claramente…” (1 Timoteo 4:1). En esto Pablo declara cómo Dios habla claramente por el Espíritu Santo. Esto no es un sentimiento ni una iluminación. Es la voz clara del Espíritu de Dios. ¡Si te habla, obedece su voz! Vivimos en una época en la que multitudes aparentemente innumerables andan diciendo “Dios me dijo”. Estoy convencido de que relativamente pocos de ellos han oído o conocido la voz del Espíritu de Dios.

No puedo concluir este mensaje sin una advertencia sobre aquellos que quieren ser la voz de Dios para ti. La profecía personal se ha convertido en una de las trampas más mortales a las que está siendo arrastrado el pueblo de Dios en nuestra generación. Bajo su apariencia, personas de todo el mundo son esclavizadas por espíritus inmundos y por los llamados profetas y profetisas que buscan autoridad y dominio sobre las vidas del pueblo de Dios. Hay verdaderos dones de profecía, pero estos nunca vienen para controlar u ordenar las vidas del pueblo de Dios. Cuando Israel rechazó la voz de Dios y le pidió a Moisés una ley, lo hizo para su propia destrucción. De la misma manera, si ignoras la voz de Dios en tu interior, puedes encontrar a alguien que esté dispuesto a ser la voz de Dios para ti a través de la profecía personal. Si eso sucede, también te destruirá a ti.

Nada en el Nuevo Pacto funcionará para ti si te niegas a escuchar la voz de Dios. El apóstol Pablo nos recuerda: “Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como (lo hizo Israel) en la provocación…” (Hebreos 3:7-8). No llegues al punto en el que sea más fácil para Dios escribir en piedra que moverse en tu corazón.

Artículo original publicado en inglés el 7 de Julio de 2017, con el título: Hearing God’s voice (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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