
Quizás el versículo más simple y claro de la Biblia para explicar cómo funciona el evangelio es este: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3:18). Al “mirar” la gloria del Señor, somos transformados a la misma imagen. No hay nada más que pueda provocar tal transformación. Ningún trabajo religioso, programa de discipulado, adoctrinamiento o principio de vida puede cambiarte a la imagen de Cristo. El apóstol Pablo dijo “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.” (1 Corintios 1:21). Por eso declaramos continuamente el evangelio de Cristo y lo que Él logró en la cruz. Es poder de Dios para salvación a todo aquel que en él cree. Sin embargo, sólo aquellos que lo “ven” pueden creerlo.
En la comisión de Dios a Isaías, él dio una idea de cómo funciona el evangelio de Cristo. Dios estaba preparando a Israel para el juicio, por lo que le ordenó a Isaías que cerrara los ojos del pueblo “para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” (Isaías 6:10). Los “ojos” y “oídos” de los que se habla aquí son los ojos y oídos de nuestro entendimiento. Si nuestro corazón a través de “ver y oír” el evangelio, comienza a comprender la verdad de Cristo, nuestro corazón se convertirá (se dará la vuelta) y Dios nos sanará.
La voz de la Ley es siempre la misma. Cada semana habla en iglesias de todo el mundo. Ofrece continuamente “el conocimiento del bien y del mal” como respuesta al problema del pecado. Si disciernes, podrías oír su oscurecido llanto. Dice «El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.» (Romanos 10:5). Esta es la gran “zanahoria en un palo”. Es una promesa que no se puede cumplir. Ofrece algo que nunca podrá dar. Pablo usó a Israel como triste ejemplo, diciendo: “mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo” (Romanos 9:31-32). Pensaron que al “hacer” llegarían a ser justos, pero nunca alcanzaron la justicia. Nunca podrían aceptar que “…con el corazón se cree para justicia…” (Romanos 10:10).
No se deje engañar pensando que la justicia de la fe es de alguna manera menor que la justicia prometida por la Ley. De hecho, es la “justicia mayor” de la que habló Jesús. Él dijo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 5:20). La justicia de la Ley decía “amarás a tu prójimo”, pero la justicia de la fe te hace amar también a tu enemigo (Mateo 5:43-44). El “hacer” la Ley puede lograr que no cometas adulterio, pero la justicia de la fe quita la lujuria pecaminosa de tu corazón (Mateo 5:27-28). Es la gloria de esta “justicia mayor” la que hizo que Pablo considerara el hecho de que él era “irreprensible… en cuanto a la justicia que es en la Ley” como “basura” para poder “ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:6-9). Pablo eligió una justicia que no cambió sólo lo que hizo; ¡Cambió todo lo que era!
El evangelio de Cristo no te da algo que hacer, te da algo que “ver, oír y creer”. La sangre habla (Hebreos 12:24) y la escuchamos decir que Jesús sufrió “para santificar al pueblo mediante su propia sangre” (Hebreos 13:12). El evangelio brilla en nuestro corazón y sabemos “que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” (1 Juan 3:5). Creemos que “nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6) y sabemos que es así. Las cosas que el evangelio de Cristo declara son absolutamente imposibles de hacer o vivir para cualquier persona, pero si las “vemos” y “creemos”, somos transformados a la misma imagen de lo que vemos en la gloria de Cristo. ¡Es la obra del evangelio! Es el poder de Dios para salvación. ¿Puedes creerlo? (Romanos 1:16).
Artículo original publicado en inglés el 14 de Agosto de 2017, con el título: How the gospel works? (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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