36. Encontrando la vida eterna

Anoche estaba leyendo las Escrituras cuando vi algo que me sorprendió. Mientras hablaba con aquellos que estaban ofendidos porque había sanado en sábado y había dicho que Dios era su Padre, Jesús les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:38-39). El mensaje de Jesús a estos me llamó la atención: ¡PIENSAS QUE TIENES VIDA ETERNA EN EL MUNDO POR VENIR, AUN CUANDO NO TIENES VIDA EN ESTE MUNDO! Inmediatamente pensé en cuántas personas debe haber que creen que vivirán eternamente con Dios, pero no poseen la realidad de Cristo hoy.

Jesús habló esto a personas que creían que sus esfuerzos por conformar sus vidas a los mandamientos de las Escrituras les daban vida eterna. Confiaban en haber encontrado sabiduría en los Proverbios, justicia en la Ley y santidad en sus rituales, pero esas mismas personas odiaban a Jesús y buscaban matarlo. Tenían una forma religiosa, pero nunca habían encontrado ni recibido la vida de Dios.

Casi suena herético decirlo, pero “la vida no se encuentra en las Escrituras”. La vida se encuentra sólo en Cristo Jesús. Las Escrituras simplemente nos señalan dónde se encuentra la vida. Jesús dijo de las Escrituras: “…ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”. El apóstol Juan nos dijo dónde se encuentra la vida, diciendo: “…y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1 Juan 5:11-12) Nadie tiene vida si no tiene actualmente a Cristo. Jesús dijo: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10). La verdad revelada en este pasaje es que si Cristo no hubiera venido, nadie tendría vida en absoluto. La vida que Él da es diferente y está muy por encima de cualquier cosa que los hombres hayan percibido alguna vez como la vida. ¡Es la vida de Dios!

El apóstol Pablo hace una declaración que es asombrosa por sus implicaciones. Él dice: “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Corintios 1:30). Estas cuatro cosas se encuentran sólo en y a través de la persona de Cristo Jesús.

1. SABIDURÍA: La verdadera sabiduría de Dios no se encuentra en los Proverbios, los Salmos, la Ley, ni los profetas. Israel tuvo esto durante muchos cientos de años, sin embargo, Pablo habló de ellos diciendo: “…su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios…” (Romanos 1:21-22). “Cristo (es) poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:24). Él es nuestra sabiduría. No es una sabiduría aprendida. Es una sabiduría recibida. En el nuevo nacimiento recibimos una nueva mente, que es «la mente de Cristo» (1 Corintios 2:16).

2. JUSTIFICACIÓN: Pablo dijo que Israel siguió la Ley de justicia pero nunca alcanzó la Ley de justicia (Romanos 9:31). Cualquiera que busque la justicia a través de la ley religiosa obtendrá los mismos resultados decepcionantes. La verdadera justicia proviene sólo de Cristo dentro de ti. Él da un corazón nuevo y un espíritu justo (Salmo 51:10, Ezequiel 36:26), y su sangre nos limpia “de toda maldad” (1 Juan 1:9). Su justicia cambia todo lo que somos. Como dijo Pablo, somos “…hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Nunca alcanzarás la justicia si no eres “constituido justo” (Romanos 5:19) por la obra de Cristo. Sin embargo, la promesa de esta redención dice “…tu pueblo, todos ellos serán justos…” (Isaías 60:21).

3. SANTIFICACIÓN: Jesús dijo: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” (Mateo 5:8). Una vida santa surge de un corazón puro. Israel intentó durante mil quinientos años convertirse en una nación santa mediante los preceptos de la Ley y fracasó. Con toda su grandeza religiosa, los “santos” entre ellos cometieron la mayor abominación cuando mataron al Santo de Dios. Nunca alcanzarás la santidad esforzándote por alcanzarla. La palabra de Dios dice: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.” (Hebreos 13:12). Los redimidos no están “siendo” santificados ni luchan por la santificación. “SOMOS SANTIFICADOS MEDIANTE LA OFRENDA DEL CUERPO DE JESUCRISTO HECHA UNA VEZ PARA SIEMPRE.” (Hebreos 10:10). Un caminar santo es simplemente el fruto de ser liberado del pecado mediante la obra de Cristo (Romanos 6:22). Una persona puede vivir su vida buscando cumplir cada requisito de las Escrituras que percibe que produce santidad, pero si nunca ve que la santificación completa se encuentra sólo a través de la sangre derramada de Cristo, la santidad siempre será algo que estará más allá de su alcance.

4. REDENCIÓN: La redención es el acto de recuperar aquello que se perdió. Lo que se perdió en la transgresión de Adán nunca podrá recuperarse mediante el esfuerzo humano. Toda religión fracasa en esa búsqueda. Sin embargo, Cristo derramó su sangre para redimirnos “de toda iniquidad” (Tito 2:14) y redimirnos “para Dios” (Apocalipsis 5:9). Aunque escudriñes las Escrituras buscando la redención, si no eres guiado a Cristo Jesús, tu búsqueda será en vano.

Todos deberíamos escudriñar las Escrituras diariamente. Es a través de la palabra de Dios que se revelan las inescrutables riquezas de Cristo. Él es el remedio completo de Dios para la humanidad. ¡Cristo es nuestra vida! (Colosenses 3:4).

Artículo original publicado en inglés el 5 de Septiembre de 2017, con el título: Finding eternal life (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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