39. Crucificado con Cristo

¡Con Cristo estoy crucificado! (Gálatas 2:20) ¡Qué declaración tan audaz la del apóstol Pablo! ¿No sabía que multitudes de cristianos durante los próximos dos mil años fracasarían en sus esfuerzos por llegar a tal lugar? Algunos tomarían medidas increíblemente extremas, como la autoflagelación o la autocrucifixión literal. Otros se encerrarían en monasterios o se entregarían a una vida de extrema pobreza que creían que les llevaría a identificarse con Cristo. Incluso hoy en día hay muchos que actúan como si creyeran que Dios sólo se complace si ellos pasan por un gran sufrimiento. Sin embargo, nadie, a través de cosas como estas, obtuvo jamás la gloriosa libertad de ser crucificado con Cristo.

La crucifixión con Cristo es la gran “llave” de la libertad cristiana. Por la obra de Cristo en la cruz estamos muertos al pecado (Romanos 6:11), muertos al mundo (Gálatas 6:14) y muertos a la Ley (Romanos 7:4). Al estar muerto al pecado, el pecado no tiene dominio ni presencia en los hijos de Dios. Al estar muerto para el mundo, el mundo no tiene derecho ni atractivo para aquellos que viven en Cristo. Al estar muertos a la Ley, no servimos a Dios mediante ordenanzas o rituales religiosos.

Quizás la explicación más clara en las Escrituras de la obra de la cruz es el siguiente pasaje: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6). Consideremos el poder de esta declaración.

  1. sabiendo esto” Esto no es una suposición. ¡Es una verdad fundamental del evangelio que todo hijo de Dios debe CONOCER!
  2. …nuestro viejo hombre…” El hombre adámico. La persona que alguna vez fuiste. El pecador.
  3. …fue crucificado…” Nuestro viejo hombre no está siendo crucificado. ¡Él (Ella) FUE crucificado!
  4. …juntamente con él (Cristo)” La muerte de nuestro “viejo hombre” se cumplió en la cruz. No es algo que logramos después de venir a Cristo. Sucedió “CON” (en unión con) Cristo.
  5. …para que el cuerpo del pecado…” Esto habla no sólo de una parte o porción, sino del todo. No una mano ni un pie, sino todo el cuerpo del PECADO. No somos salvos pedazo a pedazo.
  6. …sea destruido…” El propósito de nuestra crucifixión con Cristo es que todo el “cuerpo de pecado sea destruido”. “Destruido” proviene de la misma palabra griega que los apóstoles usaron cuando hablaron de Cristo destruyendo la muerte (1 Corintios 15:26) y Satanás (Hebreos 2:14). Es una victoria completa sobre y destrucción de la presencia y el poder del pecado en el creyente.
  7. …a fin de que…” ¡De ahora en adelante! ¡No más! ¡Todo ha cambiado! (NT. en la KJV aparece cómo “that henceforth” que literalmente significa “que en adelante”)
  8. …no debemos servir al pecado.” El gran propósito y resultado de nuestra crucifixión con Cristo es que seamos liberados del pecado. Para aquellos crucificados con Cristo, todo el “cuerpo de pecado” es destruido y ya no le sirven más. ¡Son hechos libres!

La crucifixión con Cristo es una obra consumada para los hijos de Dios. No estamos muriendo al pecado. Estamos «muertos al pecado«. Los apóstoles siempre hablan de nuestra crucifixión como una condición presente basada en la obra consumada de Cristo. Si aún no está cumplido, no es CON CRISTO.

Crecí escuchando y creyendo que un cristiano tenía que morir todos los días al Yo, a la carne y al pecado porque el apóstol Pablo dijo: «cada día muero«. Cuando finalmente leí el pasaje por mí mismo, vi que no tenía nada que ver con esas cosas. Pablo estaba defendiendo la resurrección de los muertos y señalando que sería un tonto si se entregara a sufrir las cosas que soportó si no hubiera resurrección de los muertos. Hablando de las grandes persecuciones que enfrentó en todos los lugares a los que iba, escribió las siguientes palabras:

¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos.” (1 Corintios 15:30-32).

Aunque un hijo de Dios necesita ser “renovado día a día” en el Espíritu Santo (2 Corintios 4:16, Tito 3:5), la Escritura es clara en que morimos al pecado una vez. Pablo dice: “Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 6:10-11). “Así también”, así como fue con Cristo, así es con el creyente. Morimos al pecado una vez, pero vivimos para siempre para Dios.

Estoy crucificado con Cristo. Está logrado. ¡Esta terminado! Yo no lo hice. De hecho, nadie puede hacerlo. Sólo puedes creerlo y al creer recibir la gloriosa libertad (de la Ley, del pecado y del mundo) que ella trae a los hijos de Dios.

Artículo original publicado en inglés el 8 de Octubre de 2017, con el título: Crucified with Christ (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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