
La primera gran profecía de Cristo fue dicha por Dios el mismo día que Adán y Eva obedecieron la voz de la Serpiente y comieron del fruto prohibido. Este gran acto de rebelión trastornó el cielo y la tierra. Personalmente creo que el engaño de Eva por la Serpiente (Génesis 3:1-5) y la iniquidad encontrada en el “…querubín grande, protector” (Ezequiel 28:14) están describiendo el mismo evento. Dios habló al “querubín protector”, diciendo: “En Edén, en el huerto de Dios estuviste” y “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.” (Ezequiel 28:13-15).
El juicio de Dios hacia la Serpiente comenzó con estas palabras: “Por cuanto esto hiciste…” (Génesis 3:14). Estas palabras parecen expresar la traición que sintió Dios de parte del querubín protector a quien se le había dado acceso al jardín de Dios. La Serpiente había dejado de lado su llamado sagrado y en su rebelión trajo la iniquidad (maldad) tanto al cielo como a la tierra. Esta traición fue el primer gran paso para cumplir la ambición de Lucifer de “ser semejante al Altísimo” (Isaías 14:12-14). En una estratagema exitosa robó la única creación que fue hecha a la propia imagen de Dios y le impartió la naturaleza de la Serpiente, que es el PECADO. Satanás era ahora el dios de este mundo y el señor de la humanidad caída.
Por lo que había hecho, Dios pronunció su juicio sobre la Serpiente, diciendo: “pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” (Génesis 3:15). Esta primera gran profecía de redención nos dice mucho acerca del Cristo que había de venir.
- Cristo nacería de una mujer. «…su simiente«.
- Cristo sufriría a manos de la Serpiente. “…le herirás en el calcañar”.
- Cristo destruiría a la Serpiente. «…te herirá la cabeza«.
El apóstol Juan escribió algo que era de conocimiento común para todos los creyentes de su época. Él dijo: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, PARA DESHACER (DESTRUIR) LAS OBRAS DEL DIABLO.” (1 Juan 3:8). La obra de Satanás trajo el pecado al mundo; por lo tanto, los que cometieron pecado eran «del diablo«. Sin embargo, Cristo vino para “deshacer las obras del diablo”. Juan sabía por las Escrituras que la obra de Cristo era herir la cabeza de la Serpiente y así destruir las obras del diablo y librar al pueblo del pecado.
Jesús reveló que ésta era su misión unos días antes de su crucifixión. Él dijo: “Ahora es el juicio de este mundo; AHORA EL PRÍNCIPE DE ESTE MUNDO SERÁ ECHADO FUERA.”. (Juan 12:31). Desde la hora de su rebelión, Satanás tuvo acceso para causar confusión tanto en el Cielo como en la Tierra. Miguel y los ángeles del cielo contendieron con Satanás (Judas 1:9), pero no pudieron vencerlo ni expulsarlo. Su posición en los cielos era tal que parece que pudo presentarse sin obstáculos ante Dios. Fue identificado como “…el acusador de nuestros hermanos…, que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. (Apocalipsis 12:10). Sin embargo, Cristo fue enviado “en semejanza de carne de pecado” (Romanos 8:3) para hacer lo que nadie más era capaz de lograr. La Biblia dice: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, PARA DESTRUIR POR MEDIO DE LA MUERTE AL QUE TENÍA EL IMPERIO DE LA MUERTE, ESTO ES, AL DIABLO” (Hebreos 2:14). Jesús compartió con los discípulos lo que había visto de su Padre acerca de lo que sucedería en la cruz, diciendo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.” (Lucas 10:18). Esto era parte del “…gozo puesto delante de él” por el cuál “sufrió la cruz” (Hebreos 12:2).
Sabemos el día específico en que Satanás fue derrotado y expulsado del cielo. La Escritura dice:”Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: AHORA HA VENIDO LA SALVACIÓN, EL PODER (FUERZA), Y EL REINO DE NUESTRO DIOS, Y LA AUTORIDAD DE SU CRISTO; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” (Apocalipsis 12:7-11). Mire lo que se habló cuando Satanás fue expulsado:
Ahora ha venido… ¡SALVACIÓN! ¡La Serpiente fue expulsada el mismo día en que vino nuestra salvación!
Ahora ha venido… ¡FUERZA! Pablo escribió: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.” (Romanos 5:6). ¡Satanás fue expulsado del Cielo en la misma hora que vino FORTALEZA a nosotros los que confiamos en Cristo!
Ahora ha venido… ¡EL REINO DE NUESTRO DIOS! Cuando Jesús fue crucificado y resucitó, el reino de Dios llegó a existir para todo aquel que creyera en el evangelio de Cristo. La sangre de Cristo no sólo limpió el pecado de los corazones de los creyentes, sino que también purificó los cielos de la presencia de la serpiente (Hebreos 9:23).
Hay algunas verdades sencillas que el evangelio dice acerca de Satanás que todo hijo de Dios necesita saber.
- Satanás no puede acusarte ante Dios como lo hizo con Job. ¡El acusador de los hermanos ha sido expulsado! Pablo preguntó: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?” (Romanos 8:33).
- ¡No hay diablo en Cristo! Aquellos que permanecen en Cristo no necesitan temer a Satanás en absoluto. Él no tiene “poder sobre” ni “lugar” en ellos.
- ¡La obra de Satanás ha sido destruida! El pecado no tiene poder ni presencia en aquellos que simplemente permanecen en Cristo. Juan escribió: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca…” (1 Juan 3:5-6).
Nuestra “guerra espiritual” NO es para nuestra victoria sobre el pecado o Satanás. Esa victoria fue ganada únicamente por Cristo Jesús y dada gratuitamente a nosotros los que creemos en el evangelio de Cristo. Nuestra guerra es predicar la verdad que derriba las “puertas del Hades” (Mateo 16:18) que retienen a aquellos que todavía están ciegos al evangelio de Cristo. Tenemos el encargo de decirle al mundo entero que Jesús es el Cristo, que al dar su vida en la cruz, destruyó las obras del diablo. ¡Cualquiera que crea en el informe quedará libre de Satanás y del pecado para siempre!
Artículo original publicado en inglés el 25 de Noviembre de 2017, con el título: Destroying the serpent (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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