
Existe una gran diferencia entre terminar la carrera y simplemente quedarse sin tiempo. Lo único que debes hacer para que se te acabe el tiempo… es nada. Sólo siéntate. Sólo espera. Muy pronto tu tiempo expirará y tu vida en este mundo terminará. Tal vez usted (como yo) esté esperando la segunda venida de Cristo y el arrebatamiento. Bueno, no te preocupes. El día llegará. Ojalá sea más pronto que tarde, pero seguro que llegará. ¿Qué tenemos que hacer para verlo venir? ¡Absolutamente nada! Espera lo suficiente y sucederá. Por otro lado, tal vez debamos considerar que el propósito de Dios para nuestra vida aquí es mayor que simplemente terminar con esto de una vez.
A Pablo se le dio un curso para seguir el mismo día en que fue atropellado en el camino a Damasco. Jesús le dijo: “para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí” (Hechos 26:16-18). Ésta es la razón por la que Jesús apareció a Pablo. Este era su camino a seguir. Más tarde escribió: “prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús” (Filipenses 3:12). Pasaría su vida avanzando “a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:14). Estaba siguiendo el camino que Cristo le había dado para terminar.
“Correr la carrera” no es sólo vivir nuestras vidas. Pablo expresó esto cuando dijo: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.” (1 Corintios 9:24). El premio a obtener son las almas de la humanidad perdida. Corremos por las almas de hombres y mujeres de cada nación, raza y tribu. Satanás ha llenado la carrera con muchos corredores. Hay corredores de todas las religiones falsas. La ambición y la vanidad están en la carrera. Los placeres mundanos, los deseos inmundos y las preocupaciones de esta vida corren para reclamar las almas. Incluso hay corredores que llevan un evangelio pervertido (Gálatas 1:7). Las probabilidades de que reclamemos almas para Cristo parecen abrumadoras. Ante probabilidades tan abrumadoras, muchos se mantienen al margen, buscando un éxito garantizado antes de unirse a la carrera. En realidad, solo puedo asegurarte una única garantía: si no participas en la carrera, tienes la garantía de no llegar a ninguna. Así que “¡corred de tal manera que lo obtengáis!”.
Sin embargo, existe un arma en nuestra guerra que pone patas arriba las probabilidades en esta carrera. Esta arma es el sencillo evangelio de Cristo. Es verdad que el Cristo eterno, por quien todas las cosas fueron hechas, se hizo carne “…poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable” (Daniel 9:24). Lo logró al dar su vida para “santificar al pueblo mediante su propia sangre” (Hebreos 13:12) y “quitar nuestros pecados” (1 Juan 3:5). ¡Jesús es el Cristo! Este EVANGELIO DE CRISTO es poder de Dios para salvación a todo aquel que lo cree (Romanos 1:16) pero como señaló Pablo, no pueden creerlo si nunca lo han oído (Romanos 10:14).
Jesús no dijo que vayan por todo el mundo y “hagan algo” o “prediquen algo”. Nos ordenó ir a “predicar el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Me temo que muchos interpretan la actividad religiosa como el cumplimiento de la gran comisión. Si el Salvador que proclamamos no “salva a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21), somos culpables de simplemente “predicar algo” y no proclamar el evangelio de Cristo. Recuerde, Jesús advirtió contra aquellos que “…recorren mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.” (Mateo 23:15). ¡Importa qué mensaje llevamos al mundo!
Más de siete mil millones de almas están esperando que el pueblo de Dios les lleve el evangelio de Cristo. Es tu camino a seguir. Es el mío también. No sé la manera en que Dios nos usará a cada uno de nosotros, pero ninguno de nosotros lo sabrá jamás hasta que presentemos nuestro cuerpo a Dios para su propósito (Romanos 12:1). El tiempo sigue corriendo. El tiempo para que cada uno de nosotros corramos la carrera que tenemos por delante está pasando rápidamente. Si no corremos la carrera, nunca terminaremos nuestro recorrido (2 Timoteo 4:7). Sólo se nos acabará el tiempo.
Artículo original publicado en inglés el 2 de Diciembre de 2017, con el título: Running out the clock (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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