45. ¿No hay ningún justo?

¿Es realmente cierto que nadie es justo? Después de todo, ¿no dijo el apóstol Pablo: “No hay justo, ni aun uno”? Bueno no exactamente. Lo que escribió fue “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Estaba citando lo que los profetas que ministraron bajo la Ley habían hablado acerca de Israel. Pablo continúa citando a los profetas en el siguiente versículo diciendo: «No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios» (Romanos 3:11). ¿Qué sucede contigo? ¿Buscas a Dios? ¿Cree usted que los apóstoles buscaron a Dios? ¡Por supuesto que sí! Si vamos a promover una declaración absoluta de que no hay nadie justo, entonces también debemos promover que nadie busca a Dios. Ninguna de estas declaraciones se ajusta a la realidad de los redimidos.

Pablo explica estas declaraciones unos versículos más adelante cuando escribe: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley…” (Romanos 3:19). Estas declaraciones fueron escritas acerca de aquellos que estaban bajo la Ley de Moisés. El pueblo judío aceptó que los gentiles eran pecadores, pero se creían justos a causa de la Ley. Pablo estaba mostrando con las palabras de sus propios profetas que esta creencia moralista era una falacia. Nadie jamás ha sido justificado por guardar la Ley de Moisés o cualquier otra ley religiosa. El hecho de que Israel necesitara una ley religiosa para vivir revelaba que eran pecadores. Pablo dijo: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Romanos 3:20).

Hace años comparé este versículo (No hay justo, ni aun uno) con otro versículo. La Escritura dice: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis…” (1 Corintios 6:9). Pablo estaba advirtiendo contra el engaño de aquellos que afirman que las personas injustas heredarán el reino de Dios. Rápidamente vi que si “los injustos no heredarán el reino de Dios” y “no hay ningún justo”, entonces el reino de Dios estaría vacío ya que no habría gente justa para heredarlo. Sabía que tenía que haber un “puente” evangélico entre estas dos declaraciones.

Pablo, el apóstol que escribió tanto, “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno”, y “los injustos no heredarán el reino de Dios”, también nos dio el “puente” del evangelio entre estas dos declaraciones. Él dijo: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:19). La “desobediencia de un hombre” de la que se habla aquí es la transgresión de Adán. Su desobediencia trajo el pecado al mundo, y la humanidad caída se convirtió en su morada. A través de esta caída, el pecado se convirtió en la condición natural del corazón de cada persona. Por eso muchos hablan del pecado como una “naturaleza pecaminosa”. Cuando el pecado está en tu corazón, es natural que peques.

La mayoría de los cristianos creen con razón que la ofensa de Adán nos hizo pecadores en todo el sentido de la palabra (corazón, alma y hechos), pero ¿por qué a tantos les cuesta creer la segunda parte de la declaración de Pablo, “…así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”? “La obediencia de uno” de la que habla es la obediencia de Jesús “hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Jesús fue a la cruz para “deshacer” lo que Adán te hizo. La transgresión de Adán te hizo pecador. Jesús murió para librarte de esa esclavitud y hacerte justo.

Escucho a mucha gente decir: «Pero eso es sólo ante los ojos de Dios». ¿Éramos pecadores sólo a los ojos de Dios? ¿O éramos pecadores de corazón, mente y naturaleza? ¿Pablo estaba diciendo que éramos realmente justos pero que Dios simplemente nos vio como pecadores? ¡Por supuesto que no! Todos sabemos y entendemos mejor que eso. ¿Por qué entonces usamos un doble discurso para anular la palabra de Dios cuando dice que Cristo justificó a muchos? El apóstol está haciendo una comparación exacta. La palabra que usa para “así” significa “de esta manera”. De la misma manera que Adán nos hizo pecadores, Jesús nos hizo justos. Ambos cambiaron la esencia misma de quiénes y qué somos.

Pablo usa declaraciones como “No hay justo, ni aun uno” y “todos pecaron” para mostrar la absoluta necesidad de la muerte de Jesús en la cruz para “salvar a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Cristo es el puente de la injusticia a la justicia. Aparte de la redención que compró, no hay nada que nadie pueda hacer para convertirse en justo porque, aunque puedas cambiar tus acciones, no puedes cambiar tu corazón ni tu naturaleza.

Es imposible que cualquier persona produzca la justicia que Dios acepta. Algunos, entendiendo la inutilidad de buscar agradar a Dios a través de nuestras propias “justicias” (Isaías 64:6), han razonado que Dios simplemente nos cuenta la justicia de Jesús y nos proclama justos. Aunque esto se cree casi universalmente, no hay un solo versículo en la Biblia que diga que la justicia de Jesús sea imputada a nadie. La fe de Abraham le fue contada por justicia, pero él “conforme a la fe murió (murió en fe) … sin haber recibido lo prometido” (Hebreos 11:13). Su fe era en verdad una virtud justa, y lo mismo es cuando alguien cree en Dios. Pero la promesa sin la cual murió es la promesa del Cristo que había de venir, no sólo para considerarte justo, sino para hacerte ser la “justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Esta es la promesa que recibimos mediante la fe en Cristo Jesús. ¡Cambia quiénes y qué somos!

Artículo original publicado en inglés el 16 de Diciembre de 2017, con el título: Is There None Righteous? (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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