49. Una armadura sagrada con una causa celestial

El profeta Isaías describió a nuestro redentor como un gran guerrero que se preparaba para la batalla. A través de sus ojos vemos a este guerrero levantarse para ponerse su armadura. Isaías dice: “…de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza” (Isaías 59:17). Nunca hubo un momento en que a Cristo le faltara justicia o salvación. Él es la PALABRA eterna que estaba con Dios y era Dios. Él es “el Cristo”, eternamente lleno de justicia. Entonces, ¿por qué se pondría una coraza de justicia o un yelmo de salvación?

La armadura que Cristo tomó en realidad habla de su propósito al venir al mundo. Considere que Su “causa” fue nuestra salvación. Jesucristo vino “a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lucas 19:10). El “yelmo (casco) de salvación” le dice a los oprimidos que no tengan miedo porque este “guerrero” ha venido a traer “…libertad a los cautivos” (Lucas 4:18). El pecado fue el “captor” de quien Jesucristo vino a librarnos. Como el ángel le dijo a José: “llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21).

Cuando Cristo “de justicia se vistió como de una coraza”, no se estaba añadiendo justicia a sí mismo. En este pasaje, Cristo es presentado como un guerrero que va a la batalla por la “causa” de la justicia. La justicia de Dios se extiende para liberar a los oprimidos, pero esa misma justicia viene para destruir al opresor. Pablo retoma esto y nos dice que la “justicia de Dios” se revela en el evangelio de Cristo (Romanos 1:16-17). La transgresión de Adán trajo una gran injusticia a toda la humanidad. Debido a sus acciones, todos fuimos sometidos a una cruel esclavitud al pecado y la muerte (Romanos 5:12), y oprimidos por el dios de este mundo, Satanás (2 Corintios 4:4). La justicia de Dios determinó que esto no era “justo”. Su justicia divina declaró que “…así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:19). Esta es la razón por la que vino Cristo.

Jesús describió cómo instituiría la salvación y la justicia. Él dijo: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” (Mateo 11:12). Cristo no vino para hacer un acuerdo con el pecado, Satanás o la muerte. Vino a destruirlo todo “violentamente”. La violencia de la que habló fue la que logró mediante su muerte en la cruz. Dios había prometido venganza sobre la Serpiente (Génesis 3:15), y ese día ya estaba cerca. Una semana antes de su crucifixión, Jesús dijo: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.” (Juan 12:31). El apóstol nos diría más tarde que Cristo se hizo “carne y sangre… para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (Hebreos 2:14-15). En este pasaje, ¿puedes ver a Cristo cumpliendo su misión de justicia y “salvación” (liberación)?

La iglesia es enviada al mundo con la misma armadura con la que vino Cristo. Pablo llama a esto “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:11). Dios envió a su Hijo al mundo con ella, pero ahora nos la pone a nosotros. Su “causa” ahora se ha convertido en nuestra “causa”. Asumimos la “causa” poniéndonos el “yelmo de la salvación” y la “coraza de justicia”.

La diferencia entre Jesús y nosotros en esta “causa” es que Jesús ya ganó la batalla. Nosotros somos simplemente sus mensajeros, llevando la noticia de su victoria absoluta. Él era el “violento”, pero nosotros no. Puede que incluso seamos soldados, pero no somos un ejército. ¡Dios no necesita un ejército, porque la guerra ya está ganada! El mundo no fue “trastornado” por aquellos que “marcharon en filas”, sino por aquellos que avanzaron uno por uno y de dos en dos. ¡Somos sus embajadores de paz!

Todo lo mencionado en “toda la armadura de Dios” describe nuestra “causa” de estar en este mundo presente. La salvación y la justicia (la justicia de Dios) es lo que nosotros, como embajadores de Cristo, tenemos para ofrecer. La verdad, el evangelio de la paz, la palabra de Dios y la fe de Cristo son lo que llevamos con nosotros a medida que avanzamos. Estos son sinónimos del glorioso evangelio de Cristo. Con estos “estamos firmes contra …principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:11-12) para ver las almas liberadas de las fortalezas de las tinieblas.

En el evangelio de Cristo encontramos todo lo que necesitamos para cumplir la “causa” que Dios ha encomendado a la iglesia. “La verdad” derriba toda fortaleza, el “evangelio de la paz” derriba imaginaciones, “la fe” destruye toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y la “palabra de Dios” lleva todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:3-6).

¿Cuál es tu propósito al avanzar en este mundo? ¿Tu “casco” se llama “salvación” o es ambición? ¿Su “coraza” se llama “justicia” o es ganancia personal? ¿Llevas “la verdad” o vas con la filosofía religiosa? ¿Hablas la “palabra de Dios” o enalteces las palabras de los hombres? Jesucristo ha ganado la guerra, pero miles de millones de almas permanecen en la oscuridad, oprimidas por el enemigo. No necesitan que nadie pelee otra guerra, pero necesitan desesperadamente que alguien les lleve el evangelio de la paz. ¡Levántate! “Vestíos de toda la armadura de Dios”… ¡y salid en el nombre del Señor!

Artículo original publicado en inglés el 19 de Enero de 2018, con el título: A Holy Armor with a Heavenly Cause (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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