51. La puerta de la fe

Cuando Pablo y Bernabé regresaron de su primer viaje misionero, hablaron de la “puerta de la fe” que Dios abrió a los gentiles (Hechos 14:27). Esta puerta se llama la “puerta de la fe” porque sólo creyendo en el evangelio de Cristo una persona puede entrar al Reino de Dios. Como Pablo escribiría más tarde: “tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:2). Fuera de esta puerta sólo hay oscuridad y esclavitud. Allí Satanás devora y los habitantes viven bajo el dominio del pecado. Sin embargo, quienes pasan por esta puerta caminan en libertad y victoria. Su pecado ha sido quitado (1 Juan 3:5), sus corazones han sido purificados por la fe (Hechos 15:9) y encuentran descanso para su alma (Mateo 11:29). Satanás no existe dentro de esta puerta, porque es el Reino de Dios. Es una tierra de “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

Jesucristo se convirtió en la puerta al Reino de Dios cuando derramó su sangre en la cruz. Porque murió por todos, esta “puerta” está disponible para todos. Pero esta puerta, como la mayoría de las puertas, requiere una llave. Antes de que cualquier persona pueda entrar, alguien debe traerle la llave que abre la puerta.

Jesús nos dio una idea de la «llave» cuando reprendió a los intérpretes de la ley, diciendo: «…habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis.» (Lucas 11:52). Estos “intérpretes de la ley” eran los que se creían expertos en la Ley de Moisés. Eran los teólogos de su época. Jesús dijo que le habían “quitado la llave de la ciencia (conocimiento)”. Habían descartado la verdad y la reemplazaron con mandamientos y doctrinas de hombres (Marcos 7:7). Por eso ni ellos ni los que les creyeron pudieron entrar al Reino de Dios.

Jesús habla de la misma manera a los escribas y fariseos. Él dijo: “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” (Mateo 23:13). Al rechazar la verdad, habían encerrado el Reino de Dios contra la humanidad perdida. Debido a esta gran ofensa, la “llave” del Reino de Dios les fue quitada y entregada a otro (Mateo 21:43).

La “llave del conocimiento” de la que habló Jesús es “el conocimiento de la verdad”. Es “la verdad”, que Jesús dijo que liberaría del pecado a quienes la conocieran. Isaías había hablado de esta verdad diciendo: «por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos» (Isaías 53:11). Es el conocimiento de quién es Cristo y lo que logró en la cruz y se resume en las palabras de Pedro.

La gran revelación de Pedro fue: “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Estas sencillas palabras revelan la gloriosa verdad del evangelio. Declarar “Jesús es el Cristo” es declarar que Él es aquel quien Dios prometió vendría al mundo para herir la cabeza de la Serpiente, destruyendo así las obras del diablo (1 Juan 3:8). Dios dijo que el Cristo “pondría fin a los pecados, expiaría la iniquidad y traería la justicia eterna” (Daniel 9:24-25). ¡Él no era simplemente un hombre natural, sino que es el Hijo de Dios, el “VERBO” (“PALABRA”) hecho carne!

La revelación de que “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo” contiene tal poder y verdad que Jesús dijo “sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18). Esta simple verdad es el fundamento de la iglesia. De todas las doctrinas que los hombres consideran una gran verdad, ésta es la única sobre la que Jesús dijo que edificaría su Iglesia. Aunque es simple, la Iglesia construida sobre él vencería incluso “las puertas del Hades (infierno)”.

Cuando Jesús le dijo a Pedro que esta revelación era la “roca” sobre la que construiría su iglesia, también hizo otra declaración sorprendente. Sus siguientes palabras fueron: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19). Debo señalar que en el texto griego no hay ninguna palabra que indique tiempo futuro, y la palabra traducida como “llaves” no está en plural. De hecho, Jesús le dijo a Pedro: «Te doy la llave del reino de los cielos«. Esta revelación de Jesucristo no sólo es el fundamento de la iglesia, sino que también es la “llave” que abre la puerta del Reino de Dios. A partir del día de Pentecostés, los apóstoles predicaron “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente” donde quiera que iban. Al hacerlo, estaban abriendo el Reino de Dios a los hombres.

Esta “llave del reino” vino acompañada de una gran promesa y una gran advertencia. Dondequiera que lo predicaron, la puerta del reino de los cielos se abrió a todo aquel que creyera en el evangelio. Usando la “llave”, lo que “desataron en la tierra, fue desatado en el cielo”. En todas partes donde se predicó, se abrió a los hombres la “puerta de la fe”.

Por otra parte, si ellos, como los intérpretes de la ley, los escribas y los fariseos, se negaran a predicar la verdad de Cristo, el reino de Dios quedaría cerrado a los hombres. Al retener la verdad “atarían” el Reino de Dios en la Tierra, y también estaría “atado en el cielo”. Si los discípulos no hubieran predicado el evangelio, la puerta al Reino de Dios se habría cerrado y el mundo entero habría muerto en sus pecados. Esta “llave” ahora se nos ha dado. Toma la llave. ¡Declara la verdad de Cristo y abre la “puerta de la fe” para aquellos que creerán la verdad y entrarán!

Artículo original publicado en inglés el 15 de Febrero de 2018, con el título: The door of faith (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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