53. Nacido de Dios

Todo miembro de la raza humana podría ser considerado hijo de Dios. El apóstol Pablo reconoció esto cuando habló en Atenas y dijo que todos somos “linaje (descendencia) de Dios”. Hizo esta declaración acerca de “todo el linaje de los hombres” que habitan “sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:24-29). Incluso el linaje natural de Jesús se puede rastrear de hijo a padre, pasando por David, Abraham, Adán y, finalmente, hasta Dios. Adán, en un sentido de la palabra, fue creado como “hijo de Dios” (Lucas 3:38).

Siendo descendientes de Adán, todos somos “descendencia” creada de Dios. Sin embargo, esto no nos salva a ninguno de nosotros. Aunque fuimos creados para ser hijos de Dios, a través de la transgresión de Adán el pecado se convirtió en nuestro amo y la condenación en nuestro destino.

A diferencia de Adán, los hijos de Israel no fueron “creados” para ser hijos de Dios. En cambio, fueron “elegidos” para ser sus hijos e hijas. No eran inherentemente diferentes de otras naciones, pero Dios los eligió para ser sus hijos debido a la promesa que le hizo a Abraham. En la Ley de Moisés se dicen estas palabras a Israel: “Hijos sois de Jehová vuestro Dios…” (Deuteronomio 14:1). Dios “adoptó” a la nación de Israel para que fueran sus propios hijos.

La “adopción” de Israel no los salva. Pablo estaba tan desconsolado por la condición perdida de Israel que dijo: “tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción…” (Romanos 9:2-4). Israel había sido adoptado para ser hijo de Dios, pero no tenían el mismo corazón y naturaleza que Él poseía. Eran rebeldes de corazón y pecaminosos por naturaleza, por lo que nunca recibieron la promesa.

Incluso Moisés vio que estos “hijos escogidos” no eran como Dios que los escogió. En el cántico de Moisés dijo: “La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, Generación torcida y perversa. ¿Así pagáis a Jehová, Pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu padre que te creó? Él te hizo y te estableció.” (Deuteronomio 32:5-6). Israel fue elegido por Dios, pero no tenían su naturaleza. Como dijo Moisés, ¡su mancha (la corrupción) no era la marca de identificación de los hijos de Dios!

Cuando Jesucristo vino al mundo era el “unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18). Él no fue creado del polvo de la tierra; ni fue elegido entre los hombres naturales. Nació de Dios del vientre de María. Esto no fue una adopción. ¡Esto fue un nacimiento! La vida de su Padre llenó todo su ser. Tenía el corazón y la naturaleza de su Padre y caminaba en el amor de su Padre. Juan habla de Jesús, diciendo: “…y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre…” (Juan 1:14). Jesús en todos los sentidos es el Hijo de Dios porque “nació de Dios”.

Aunque Jesucristo es el unigénito de Dios desde el vientre de su madre, ya no es el ÚNICO hijo de Dios. El escritor de Hebreos describe a Jesús como “el primogénito” (Hebreos 1:6). Esto nos dice que aunque Jesús fue el primero en nacer de Dios, otros también nacerían de Dios. El apóstol Pablo confirma este dicho: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29). Los redimidos también son «nacidos de Dios» y son los «muchos hermanos«.

La raza de Adán fue creada para ser el pueblo de Dios, e Israel fue elegido para ser el pueblo de Dios. Sin embargo, estos hechos por sí solos no salvan a nadie. Jesús dijo: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). De hecho, Jesús dijo que sin este nuevo nacimiento “no (se) puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). Ni la raza de Adán ni la adopción de Israel significarán nada cuando estemos ante Dios. Sólo aquellos que son “nacidos de Dios” permanecerán con Dios.

El nuevo nacimiento no es un proceso. ¡Es un nacimiento! Aquellos que han “nacido del Espíritu” (Juan 3:6) no se están convirtiendo en hijos de Dios. ¡Ellos SON los hijos e hijas de Dios! El apóstol Juan dice: “Amados, AHORA SOMOS HIJOS DE DIOS, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser…” (1 Juan 3:2). Cuando nace un bebé, es posible que no sepamos cuál será su ocupación cuando sea adulto, pero sí podemos saber que ya está lleno de la vida de sus padres. De la misma manera, cuando alguien nace del Espíritu de Dios, puede que aún no sea evidente cómo Dios se manifestará a través de él en los años venideros, pero ya tiene la vida y la naturaleza de Dios en su interior. Desde el momento del nuevo nacimiento, Dios es su Padre y ellos son sus hijos e hijas. Han recibido “un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 36:26).

Los que nacen de Dios no son como Adán ni como Israel. Son como Cristo. Pablo nos dijo: “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.” (1 Corintios 15:47-48). Los hijos de Dios no son pecadores porque poseen la naturaleza de su Padre (1 Juan 3:9). ¡Son “nacidos de Dios”!

Artículo original publicado en inglés el 3 de Marzo de 2018, con el título: Born of God (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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