
La Biblia nos habla de cierto tipo de personas (o personas que hacen ciertas cosas) que absolutamente “no heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9). El apóstol Pablo dijo “No erréis”, en otras palabras, o cómo aparece en la versión KJV “¡no os dejéis engañar!”. No importa lo que digan nuestras doctrinas, o cuantas veces nos aseguren que hay excepciones, la palabra de Dios es tajante y clara en que quienes hacen este tipo de cosas no serán aceptados por Dios. Considere el testimonio de los siguientes pasajes escritos por el apóstol Pablo.
“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos.” (Efesios 5:5-7)
“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:9-10)
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gálatas 5:19-21)
Las cosas mencionadas anteriormente no están en el corazón ni en la vida de los que nacen de Dios. Pablo nos dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:11). Es posible que en algún momento hayamos sido algunas de estas cosas, pero cuando “nacimos de nuevo”, estas fueron eliminadas de nuestro corazón y naturaleza por la sangre de Jesucristo. Es la gracia de Dios la que nos libera y guarda del pecado. Para que tales cosas vuelvan a ser parte del corazón y la vida de un creyente, primero deben “caer de la gracia” por haberse “desligado (separado) de Cristo” (NT. en la KJV aparece cómo “Cristo ha quedado sin efecto para ustedes…”) (Gálatas 5:4). Cuando Cristo se vuelve “sin efecto (inútil)” para un creyente, el pecado siempre regresa a residir en su corazón.
Jesús describió las “obras pecaminosas” como el “fruto malo” que crece en un “árbol malo (corrupto)” (Mateo 7:17), pero dijo: “No puede el buen árbol dar malos frutos…” (Mateo 7:18). Si en un árbol crecen naranjas, sabrás que es un naranjo. De la misma manera, si en un árbol crece un fruto malo, sabéis que es un árbol malo.
El “fruto del Espíritu” es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Gálatas 5:22-23). Este es el tipo de cosas que encuentras en la vida de un hijo de Dios. Son “árboles buenos”, por lo tanto, como dijo Jesús, no pueden producir “frutos malos”.
Es importante reconocer que incluso un “buen árbol” a veces puede carecer de frutos. Así como el agua, el sol y los nutrientes hacen que abunden los frutos de un árbol, “el conocimiento de la verdad” y nuestra comunión con el Señor hacen que nuestros frutos espirituales aumenten. Un hijo de Dios que atraviesa una “sequía espiritual” puede notar una falta de plenitud de fruto espiritual, pero carecer de “buenos frutos” no es lo mismo que dar “malos frutos”. Alguien puede “carecer” de la plenitud del “amor”, pero carecer de la plenitud del amor no es lo mismo que dar el mal fruto del “odio”. El apóstol Juan nos asegura que el que odia no tiene “vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:15). A otra persona le puede faltar la plenitud del fruto de la “paciencia”, pero esta falta no es lo mismo que dar el fruto de la “ira” y la “envidia”.
Si consideramos que el pecado es todo lo que no alcanza la plenitud de Jesucristo, entonces tal vez la impaciencia, la duda y la incomprensión podrían considerarse pecado en ese sentido. Pero cuando la gente continúa afirmando que todo “pecado” es igual ante Dios, digo que evidentemente alguien se olvidó de explicarle esto a Jesús. Él le dijo a Pilato: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.” (Juan 19:11). ¿Es lo mismo delante de Dios una persona que se ofende porque entendió mal a una persona que miente, roba o comete fornicación? ¡Absolutamente no! El primero puede ser posiblemente un “árbol bueno” al que le falta la plenitud de “buenos frutos”, pero el segundo está dando “frutos malos” porque es un “árbol malo”.
Jesús habló de los que “cuelan el mosquito y se tragan el camello” (Mateo 23:24). En doctrina criminalizan toda acción humana, pero hacen provisión para las cosas que la palabra de Dios dice que él nunca aceptará. Son como aquellos de los que habló Isaías que “…hacen pecar al hombre en palabra…” (Isaías 29:21). Tienen “pruebas de pecado” que ni Jesús ni sus discípulos pasaron (Marcos 7:2; Juan 9:16, 24; Lucas 7:31-34). ¿Cuántas veces he oído decir que la “impaciencia” es “pecado” tanto como el adulterio? Les aseguro que el cónyuge traicionado no lo ve así, y Dios tampoco. Uno se debe a la fragilidad humana, el otro es pecado absoluto. ¡No es pecado ser humano, pero sí es pecado ser pecador!
La salvación no nos quita la humanidad aunque Cristo sí quita nuestro pecado (1 Juan 3:5). Nuestro conocimiento y comprensión son limitados, las circunstancias nos afectan y, a veces, todos nos equivocamos. Esto es parte del ser humano, pero recuerde, ¡Jesucristo murió para “salvar a los ‘humanos’ de su pecado”! (Mateo 1:21).
“Y ESTO ERAIS ALGUNOS; MAS YA HABÉIS SIDO LAVADOS, YA HABÉIS SIDO SANTIFICADOS, YA HABÉIS SIDO JUSTIFICADOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS, Y POR EL ESPÍRITU DE NUESTRO DIOS.” (1 Corintios 6:11)
Artículo original publicado en inglés el 11 de Abril de 2018, con el título: Swallowing a Camel (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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