
Recibí una pregunta por correo electrónico esta semana sobre un número reciente de Simplemente Cristo. La pregunta parecía basarse en la creencia de que sólo nuestro espíritu nace de Dios, por lo tanto, Satanás puede continuar obrando en nuestra alma para hacernos pecar. Luego debemos pasar por el proceso de “renovar la mente” hasta llegar a un lugar en el que tengamos victoria sobre el pecado y Satanás. La pregunta fue: «¿Puedes mostrarme en qué parte de la Biblia dice que nuestra «alma» nació de nuevo?»
Es cierto, las Escrituras nunca dicen que nuestra “alma” nace de nuevo. Es igualmente cierto que las Escrituras nunca dicen que nuestro “espíritu” nace de nuevo. De hecho, las Escrituras nunca especifican que una “parte” de una persona nace de nuevo. Jesús le dijo a Nicodemo: “…os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Pedro dice “Dios… nos hizo renacer…” (1 Pedro 1:3), y Juan dice “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios…” (1 Juan 5:1). El nuevo nacimiento siempre se aborda con respecto a la persona como un todo y no sólo “parte” de la persona.
Esta comprensión de que “nacer de nuevo” habla de la persona en su totalidad es importante para no caer en el pozo teológico de tratar de particionar la redención. Como por ejemplo: “Nuestro espíritu es santo, pero nuestro cuerpo (o alma, mente o naturaleza) es pecador”. Este tipo de teología siempre niega las declaraciones claras de las Escrituras. Sin este tipo de “parcelación” nos veríamos obligados a tomar la palabra de Juan, tal cómo es, cuando dice: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado…” (1 Juan 3:9), o como dice nuevamente Juan: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:10).
La clave para entender el “nuevo nacimiento” se puede encontrar mejor en las palabras de Pablo a Tito. Él dijo: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5). Note que Pablo habla del “lavamiento de la regeneración”. En esta gloriosa obra de “regeneración” (renacer) hay un “lavamiento”. Si hablamos del nuevo nacimiento SÓLO en términos de recibir un “espíritu nuevo” (lo cual es absolutamente cierto), perdemos de vista que también hay un “lavamiento” que tiene lugar cuando “nacemos de nuevo”. Es evidente que el “espíritu nuevo” que recibimos no necesitaba ser lavado. Si así fuera, ya estaba contaminado antes de que Dios nos lo diera. Entonces, ¿qué había que lavar en esta “regeneración”?
El escritor de Hebreos responde a esta pregunta mientras nos exhorta a acercarnos al Lugar Santísimo “…purificados los corazones de mala conciencia, y lavados (nuestros) los cuerpos con agua pura.” (Hebreos 10:22). En este versículo se describen dos “lavamientos” que tienen lugar cuando “nacemos de nuevo”. “Lavados los cuerpos…” quizás no entendamos cómo sucedió, pero lo cierto es que “nuestros cuerpos” fueron lavados del pecado, de su mancha y de su culpa en la hora en que nacimos de Dios.
El otro lavado mencionado aquí es «…purificados los corazones de mala conciencia«. Nuestra «conciencia» de la que se habla aquí se define como nuestra «conciencia moral«. Esto habla de nuestros pensamientos y sentimientos más internos. En el “nuevo nacimiento” la conciencia moral “malvada” es lavada de nosotros por la sangre de Cristo (Hebreos 9:14), y el Dios Todopoderoso cumple la promesa que hizo diciendo: “Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré” (Hebreos 10:16). Nuestra conciencia, corazón y mente son renovados cuando nacemos de Dios.
¿Qué le sucede a nuestra “alma” cuando nacemos de nuevo? Pedro responde a esta pregunta diciendo: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible…” (1 Pedro 1:22-23). Parte de la obra de “nacer de nuevo” es que nuestras almas sean “purificadas”. Recibimos este nuevo nacimiento “…por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu”. “Obedecer la verdad” es creer en “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación”. (Efesios 1:13). Es el mandamiento del Señor; “arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Nuestra creencia en la verdad ES nuestra obediencia que hace que “nazcamos de nuevo” y que nuestras almas sean “purificadas”. ¡Estas cosas y muchas más son TODAS parte de lo que significa “nacer de Dios”!
No puedo concluir esta carta de Simplemente Cristo sin hablar brevemente de “renovar la mente”. La exhortación de Pablo cuando dice: “No os conforméis a este siglo (mundo), sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2), NO ESTÁ hablando de ser transformados de “cristianos pecadores” a “cristianos no pecadores”. Aquellos a quienes Pablo escribió estas cosas no eran pecadores y no eran como el mundo. Estos eran «santos«, “hijos de Dios”. Sólo si se “conformaran al mundo” serían como el mundo. La “renovación de la mente” que estos santos necesitaban era para ser transformados en “ministros de Cristo”. Esta era la buena, aceptable y perfecta voluntad de Dios que Pablo quería que descubrieran. Tal vez toquemos más sobre esto otro día.
Artículo original publicado en inglés el 3 de Junio de 2018, con el título: The Washing of Regeneration (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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