61. ¡De Gloria en GLORIA!

Hace poco estuve en un campamento de avivamiento y escuché a un ministro citar algunas estadísticas sobre el uso de pornografía entre los feligreses. Dijo que los estudios más recientes decían que el 80% de los hombres en las iglesias evangélicas veían pornografía con regularidad. Esta cifra fue superior al 68% de hace dos años y al 40% una década antes. Estos estudios también muestran que más del 50% de los pastores también ven pornografía con regularidad.

Se podría pensar que estadísticas como estas despertarían a la gente a darse cuenta de que algo está terriblemente mal en la iglesia moderna, pero en realidad el efecto es todo lo contrario. Estas horribles cifras estadísticas sólo alimentan la mentira de que todo el pueblo de Dios sigue siendo pecador. De alguna manera las personas se sienten mejor acerca de su esclavitud cuando escuchan que hay muchos otros atados a la misma oscuridad. En lugar de ser despertados, los pastores de todo el país se sumergen más profundamente en su letargo, encontrando un extraño consuelo al saber que las iglesias y los ministros de todas partes están atrapados en la misma epidemia de inmundicia que llena a sus propios miembros. Las palabras pronunciadas por el profeta parecen encajar muy bien: “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.” (Isaías 1:6).

Si estas estadísticas son verdad aunque sea a medias, los involucrados en esta inmundicia deben ser millones. Algunos de estos millones son sólo pretendientes. Otros son simplemente socialmente religiosos. Otros más son devotos, pero no ven nada malo en la pornografía. Sin embargo, también entre estos grandes números hay quienes se avergüenzan de su oscuridad. Muchos quieren que las cosas sean diferentes, pero la esclavitud parece demasiado grande. Algunos oran y ayunan quizás más que usted o yo, esperando que sus oraciones y ayunos rompan la impureza que se apodera de sus almas. Ciertamente hay quienes desean desesperadamente ser reales con Dios, pero no saben cómo podrían llegar a ser libres. Sin embargo, hay una “estadística” de la palabra de Dios con respecto a estos millones de personas que asisten a la iglesia: ninguno de ellos ve “la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. (2 Corintios 4:6)

El evangelio de Cristo no funciona mediante determinación. ¡Funciona mediante iluminación! (Hebreos 10:32) El apóstol Pablo dijo: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3:18). Cuando Cristo es “visto” a través de la predicación del evangelio, la luz gloriosa de Cristo brilla en el corazón del creyente. Es a través de esta “iluminación” que el creyente es transformado a la imagen de Jesucristo. Esta es la verdadera salvación que no es por obras.

Cuando Pablo habló de ser transformado “de gloria en gloria”, no está hablando de “etapas crecientes de gloria”, sino de dos fuentes diferentes de gloria. Utiliza la mayoría de los versículos anteriores para identificar estas dos “glorias”. La primera gloria es la que se vió en «el rostro de Moisés» (2 Corintios 3:7). Pablo identifica esta “gloria” como “el ministerio de muerte grabado con letras en piedras ” Esta gloria es la gloria de la Ley. Es la gloria revelada en las palabras “no harás…”. La “gloria” de la Ley separó a Israel de otras naciones al controlar sus acciones, pero no cambió lo que eran en el fondo, en su corazón. El mandamiento da al pecador instrucciones sobre cómo debe ordenar su vida. Si obedece “tú harás…” y “tú no harás…”, podrá protegerse de la ira presente de Dios. Sin embargo, esta “gloria” se convierte en “no gloria” en comparación con la gloria de Cristo.

La gloria de Cristo no se revela en “no harás…”. Se revela en las palabras “¡no ERES!” La Ley te ordenaba no robar, no matar, ni cometer adulterio. El Nuevo Pacto quita tales cosas de tu corazón para que ni siquiera las desees. La Ley sólo cambia las acciones de una persona. La gracia de Dios cambia su corazón y su naturaleza. Esta es la razón por la que Pablo dice que la gloria de la Ley “no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente (superior)” (2 Corintios 3:10).

Aquellos que ven la gloria de Cristo son cambiados de la “gloria” de “no harás…” a la “gloria” de poseer “un corazón limpio y un espíritu recto” (Salmo 51:10). Juan dijo: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan 1:17). Lo que Moisés ofreció en la Ley no es nada comparado con lo que Cristo ofrece a quienes por él se acercan a Dios.

Los problemas de inmoralidad y pornografía parecen ser tan frecuentes en las iglesias de “santidad” como en aquellas iglesias que creen que debemos pecar todos los días. No hay una diferencia eterna entre simplemente decir “no harás…” o decirles que Dios los acepta en su pecado. Ninguna de estas declaraciones tiene el poder de limpiar un corazón pecaminoso. Mientras los pastores se nieguen a declarar que “el pueblo de Dios no es pecador PORQUE CRISTO NOS SALVA DEL PECADO”, los problemas de pecado en la iglesia sólo aumentarán. Los feligreses de todo el mundo están condenados a permanecer en la oscuridad del pecado sin esperanza porque no pueden creer en un evangelio que nunca escuchan. Esta es una vergüenza innecesaria “porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2 Corintios 4:6). Si los ministros de Cristo lo declaran, los que se sientan en tinieblas verán a Cristo. Y si lo ven, serán “transformados a la misma imagen”.

Artículo original publicado en inglés el 25 de Julio de 2018, con el título: From Glory to GLORY! (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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