
Hace años estábamos en una estación de televisión local filmando nuestra transmisión semanal. Un maestro de Biblia en la estación que había resistido firmemente el mensaje del evangelio de que Jesucristo vino y murió para liberarnos del pecado, nos sorprendió y dijo: “Finalmente me di cuenta de que tú y yo estamos diciendo lo mismo, solo que de una manera diferente.» «¿Como es eso?» Preguntó el hermano Leroy Surface. “Bueno, ambos simplemente estamos predicando QUIÉNES SOMOS EN CRISTO”. «¡No!» El hermano Surface dijo: “Tú enseñas que quién eres en Cristo es diferente de quién eres en este mundo. ¡Estoy predicando que quien eres en Cristo es quien eres en Main Street!”
El apóstol Pablo nos dijo que el evangelio que predicó no era un mensaje de “SÍ y NO”. Él dijo: “Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2 Corintios 1:18-20).
Parece que hoy en día se acepta ampliamente que el evangelio es un mensaje de “SÍ y NO”. Cada precepto del evangelio se declara verdadero, pero no exactamente verdadero. Cada declaración del evangelio se filtra a través de la lente de «así es sólo como Dios nos ve» o «así es sólo como somos en Cristo». Los apóstoles nunca usaron tales “filtros” al proclamar el evangelio. Hablaron la verdad del evangelio simple y clara que debía ser aceptada por lo que decía. Lo contrario es el caso de la teología cristiana actual. Tenemos una justificación que dice que somos justos (Romanos 5:19), simplemente no justos en carácter o acto; una santificación que nos hace santos (Hebreos 13:12), pero no santos en la experiencia real; una crucifixión que nos hace muertos al pecado, pero no “muertos al pecado” (Romanos 6:11), y una sangre que limpia del pecado (1 Juan 1:7), excepto que en realidad no limpia de todo pecado. Declaramos: “El Hijo os hará libres”, pero luego nos aseguramos de que sepan que nadie puede estar verdaderamente libre del pecado. En otras palabras, decimos «Sí, es así» y luego decimos «No, no es así». Esto es exactamente a lo que Pablo se refería como “sí y no”. Algunos llaman a esto la diferencia entre “nuestra posición en Cristo” y “nuestra condición en este mundo”. Los apóstoles nunca presentaron el evangelio de esa manera.
Pablo se habría quedado estupefacto al descubrir que el evangelio que predicaba contenía una diferencia entre “posición” y “condición” para el creyente. Lo único cercano a una teología “posicional” en el mensaje de Pablo se descubre en las palabras, “…pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron” (2 Corintios 5:14). Pablo dejó saber que así como Cristo murió por todos, entonces también todos murieron con Cristo. Esto incluye a cada creyente, cada incrédulo, cada pecador, cada ateo, etc. Se podría llamar a esto la “posición” de toda la humanidad. Sin embargo, esta “posición” no hace nada por nadie ante Dios. Sólo aquellos que creen en el evangelio de Cristo experimentan el poder salvador de su muerte y resurrección. Cristo no murió para cambiar nuestra “posición”. Murió para cambiar nuestra “condición”. La teología posicional es un gran vacío doctrinal que la gente usa para anular la verdad del evangelio. La única razón por la que una persona tiene una “posición” sin una “condición” correspondiente es porque su corazón está ciego a la verdad de Cristo. La Escritura dice que están “ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza (NT. “blindness” en la KJV, ceguera) de su corazón” (Efesios 4:18).
Hace años me topé con uno de los pasajes del evangelio más simples de las Escrituras. Pablo escribió: “…somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” (Hebreos 10:10). Tropecé con este pasaje porque parecía negar toda mi sabiduría respecto a mi santificación. Entendía el proceso de santificación por la continua “obra del Espíritu”, por “crecer en gracia”, por “pruebas y tribulaciones”, por “morir diariamente”, etc., pero este pasaje no encajaba con ninguna de esas cosas. Me confundió porque parecía como si Pablo estuviera describiendo mi santificación como algo que se completó en el Calvario cuando Cristo murió en la cruz. Mi sabiduría me dijo que esto era demasiado simplista e incluso tonto. Sabía que Cristo había cambiado todo cuando llegué a él, pero aun así no podía ser tan simple. No fue hasta que estuve dispuesto a creer la simplicidad y la “tontería” de este pasaje que descubrí que podía descansar en la santificación que Cristo completó por mí en la cruz. ¡Hoy sé que soy “santificado mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre!”
La declaración de Pablo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios…” (2 Corintios 5:17-18) no es una declaración complicada. ¡Significa lo que dice! Si alguna persona, hombre o mujer, está en Cristo, ¡es nueva criatura! Lo viejo pasó y se han hecho nuevos. No son nuevas criaturas sólo en Cristo. Están “en Cristo”, por lo tanto son nuevas criaturas en el hogar, en el trabajo, en las vacaciones y cuando todo va mal. Si no son nuevas criaturas, no están en Cristo. Pablo no dijo que “la mayoría de las personas en Cristo son nuevas criaturas, o “algunas personas en Cristo son nuevas criaturas”. Dijo que “si ALGUNO está en Cristo, nueva criatura es”. Esto no es un “sí y no”. Esto es “¡Sí y Amén!”
Artículo original publicado en inglés el 19 de Agosto de 2018, con el título: A “Yes and No” Gospel (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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