65. El caballo y su jinete

Me acosté hace unas noches escuchando las palabras de Moisés repetidas una y otra vez en mi espíritu. “…Ha echado en el mar al caballo y al jinete…Ha echado en el mar al caballo y al jinete” (Éxodo 15:1).

Cuando Dios liberó a los hijos de Israel de la esclavitud de Faraón, rápidamente reunieron sus posesiones y salieron de Egipto. Faraón pronto cambió de opinión acerca de dejar ir a los hijos de Israel y reunió a su ejército para traerlos de regreso a Egipto. La Escritura dice: “Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar” (Éxodo 14:9). El relato continúa diciendo: “los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera” (Éxodo 14:10). Aunque habían sido liberados, temían al Faraón y al poder que éste tenía para llevarlos nuevamente al cautiverio.  

Moisés dijo al pueblo: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.” (Éxodo 14:13). Qué declaración tan asombrosa fue esta. Todo el poder de Egipto se reunió contra estos antiguos esclavos para llevarlos de regreso al cautiverio, sin embargo, Moisés les dijo que «miren porque esta es la última vez que verán a Faraón y su ejército». 

Todos conocemos los acontecimientos que siguieron, cómo Dios abrió el mar Rojo y los hijos de Israel lo atravesaron como sobre tierra seca. Cuando el ejército de Faraón intentó seguirlos a través del mar abierto, las ruedas de sus carros se cayeron y las aguas regresaron sobre ellos con tal fuerza que ni uno solo escapó (Éxodo 14:28). Todo lo que quedó fueron carros rotos y cadáveres arrastrados a la orilla del mar. Fue al contemplar este espectáculo que Moisés y los hijos de Israel comenzaron a cantar: “…ha echado en el mar al caballo y al jinete”. 

Al escuchar esas palabras una y otra vez en mi espíritu, comencé a comprender lo que el Señor me estaba hablando en el evangelio. Me estaba recordando nuestra liberación tanto del pecado como de Satanás. Así como el ejército de Faraón fue destruido en el Mar Rojo, para el hijo de Dios, el pecado y Satanás fueron destruidos en la sangre derramada de Cristo. Hay dos pasajes simples de las Escrituras que, si crees en lo que dicen, transformarán completamente tu caminar con Dios. Ambos pasajes nos dicen en términos claros lo que Jesucristo destruyó por nosotros en la cruz. 

1. “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.(Romanos 6:6

Tus manos no son tu cuerpo. Tus pies tampoco. Estas cosas ciertamente son miembros de vuestro cuerpo, pero el término “cuerpo” se refiere a todos los miembros juntos. Aun así, el “cuerpo de pecado” no es un pecado individual. Es la totalidad del pecado. Eso es lo que Cristo destruyó por ti en la cruz. Si la mitad del ejército de Faraón hubiera logrado atravesar el mar Rojo, los hijos de Israel habrían sido devueltos a la esclavitud, pero ni un solo guerrero egipcio que entró en el mar sobrevivió. El ejército de Faraón fue destruido y él quedó absolutamente impotente para hacerles algo a los hijos de Israel. Israel nunca volvería a servir a Faraón. Cuando veas la verdad de que todo el “cuerpo del pecado es destruido” por Cristo en la cruz, nunca más servirás al pecado. Cristo no destruyó la mitad de tu pecado. ¡Él lo destruyó todo! 

2. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.(Hebreos 2:14-15)

 Que los hijos de Dios sigan temiendo al diablo es tan innecesario como que los hijos de Israel sigan temiendo a Faraón. Por supuesto, si hubieran sido lo suficientemente tontos como para volver a cruzar el Mar Rojo, Faraón podría haberlos hecho esclavos nuevamente, pero no tenía poder alguno para cruzar el Mar Rojo y traerlos nuevamente a la esclavitud. ¡Su ejército y su poder fueron destruidos! Aun así, Satanás no puede hacer nada para esclavizar a quienes simplemente permanecen en Cristo. No hay ningún diablo en el reino de Dios en absoluto. Satanás no puede cruzar a nuestra morada. Sólo puede gobernar en una tierra de oscuridad. Si habitas en el reino de Satanás, puedes estar “cautivo a voluntad de él” (2 Timoteo 2:26), pero si eres uno de los que han sido “librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13), no tienes necesidad de temer a Satanás en absoluto. ¡Por ti ha sido destruido! 

Muchos maestros buscan anular estas Escrituras afirmando que la palabra «destruir» sólo significa estar «inactivo«. Enseñan que el pecado todavía habita en el pueblo de Dios, simplemente se ha vuelto “inactivo”. Tal enseñanza es una perversión de la verdad de la palabra de Dios. Los cadáveres que se arrastraban a la orilla del mar y los carros destrozados que flotaban en el Mar Rojo estaban “inactivos”… ¡porque fueron destruidos! El cuerpo del pecado no permanece en el pueblo de Dios. ¡Fue destruido en la cruz de Cristo y se pudre “inactivo” en la tumba donde Cristo lo dejó cuando nos resucitó en nueva vida! 

Satanás llegó al poder a lomos del pecado, que entró en el mundo a través de la transgresión de Adán (Romanos 5:12). Él sólo tiene poder donde el pecado está presente para darle dominio. EL PECADO es el CABALLO y SATANÁS es el JINETE. Gracias a Dios porque “ha echado en el mar al caballo y al jinete”. 

Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo, …  Que nos había de conceder,  Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos, En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días.” (Lucas 1:68-75)

Artículo original publicado en inglés el 7 de Septiembre de 2018, con el título: The Horse and His Rider (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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