67. Una segunda transformación

Algunos de los creyentes a quienes escribió el apóstol Pablo se encontraban en un “limbo” espiritual. No eran como el mundo, pero tampoco como Cristo. No eran pecadores. Habían sido lavados de sus pecados en la sangre de Jesús. Su viejo hombre fue crucificado con Cristo (Romanos 6:6) y estaban vivos para Dios (Romanos 6:11). Sin embargo, estos creyentes se encontraban en un estado de indecisión espiritual. Dios tenía una obra y un propósito para ellos, pero sin otra transformación nunca conocerían su propósito y no avanzarían más en el Señor.

A creyentes como éstos, Pablo les escribe: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Romanos 12:1). Estos que en tiempos pasados ​​habían sido impíos y habían andado conforme a sus concupiscencias carnales, ahora habían sido santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo (Hebreos 10:10). De hecho, habían sido hechos santos y aceptables a Dios. Junto con todos los santos, fueron invitados a acercarse a la presencia de Dios “purificados los (sus) corazones de mala conciencia, y lavados los (sus) cuerpos con agua pura.” (Hebreos 10:22). No se necesita toda una vida ni un proceso para que una persona se vuelva santa y aceptable a Dios. ¡Solo se necesita el poder de la sangre derramada de Jesucristo!

Cuando alguien verdaderamente nace de nuevo, se convierte en un inadaptado a este mundo. Una prueba de esto es la advertencia de Pablo a ellos: “…no os conforméis a este siglo” (Romanos 12:2). La gloriosa obra de salvación había cambiado completamente a estos creyentes, y se necesitaría un “cambio” en la dirección equivocada para que se conformaran de nuevo al mundo. Estaban en el mundo, pero no eran “del mundo”. Sin embargo, sin una segunda “transformación” nunca conocerían la gracia del ministerio que estaba preparada para ellos y estarían en peligro de ser conformados de nuevo al mundo que los rodeaba.

Este “conformarse al mundo” es lo que le sucedió a la iglesia en Corinto. Pablo les preguntó: “…habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:3). Donde hay pecado, envidia, contiendas o divisiones entre aquellos que han conocido al Señor, puedes saber que se han conformado a este mundo. La realidad de Cristo ha sido cambiada por un andar religioso carnal. Ya no andan como hijos de Dios, sino que andan como otros hombres carnales.

La creencia de que las personas se transforman de un estilo de vida pecaminoso a un estilo de vida aceptable a Dios mediante la “renovación de la mente” es un “caso de estudio” de la carnalidad. Es la sangre de Cristo la que nos libera del pecado, tanto en el corazón como en la manera de vivir. Pedro nos dice que fuimos “rescatados (redimidos)… de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres… con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19). El cristianismo no es un cambio de estilo de vida. ¡Un verdadero cristiano es una nueva creación! (Gálatas 6:15). El proceso de purificar una vida mediante la “renovación de la mente” nunca produce lo que promete. Siempre hay otro principio o precepto que debemos aprender y mantener. Nace en la carnalidad, y allí es donde estará para siempre. Sin embargo, hay una “renovación de la mente” por el Espíritu de Dios que trae consigo una necesaria “segunda transformación”.

Pablo imploró a los santos de Roma que se transformaran “por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2). Esta transformación por medio de la renovación de su mente sería el resultado directo de la presentación de sus cuerpos a Dios como sacrificio vivo. Esta “presentación del cuerpo” comienza diariamente en el altar de la oración y continúa en cada paso que da un creyente. Si estos creyentes presentaran sus cuerpos a Dios, Él los transformaría en embajadores vivos y palpitantes de Cristo. Sus cuerpos se convertirían en la mano extendida de Dios en este presente mundo malo.

Un hijo de Dios que viene diariamente a la presencia de Dios, ofreciéndose y entregándose completamente a Él para Su servicio y gloria, descubre que todo en su manera de pensar cambia. La salvación deja de ser acerca de sí mismo y se convierte en acerca de los demás. Su vida deja de ser suya cuando comienza a sentir el latido del corazón de Dios que lo lleva a entregar su vida por causa del evangelio. Algo sucede dentro y en cada fibra de su ser que le permite saber que “debe ocuparse en los negocios de su Padre” (Lucas 2:49). Es esta renovación de su mente por el Espíritu de Dios lo que los transforma en ministros de Cristo. Pablo llamó a esto “…la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5). El Espíritu de Dios se convierte en su aliento, y la palabra de Dios se convierte en su conversación.

A medida que somos “transformados por la renovación de nuestra mente” mediante la obra eficaz del Espíritu de Dios, Dios comienza a poner su obra delante de nosotros. Al entregarnos a esa obra, descubrimos “cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). Llegamos a reconocer cómo Dios obrará a través de nosotros y, a veces, descubrimos cómo no lo hará. Si esta transformación es completa, nuestros miembros se convierten en instrumentos ungidos en la mano de Dios, que él puede extender a su voluntad.

Estoy convencido, basado en las Escrituras, de que cada hijo de Dios tiene una porción del ministerio de Cristo encomendado a él. Pablo dijo: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.” (Efesios 4:7). Estoy igualmente convencido de que muchos cristianos ni siquiera comienzan a caminar en ese santo llamamiento. Nunca comienzan a presentar diariamente sus cuerpos a Dios, por lo tanto, su mente nunca es renovada por su Espíritu, y por lo tanto nunca son transformados en ministros de Cristo. Están en un “limbo” espiritual, colgando entre un “llamado santo” y ser “conformados a este mundo”. Muy a menudo, si permanecen en este “limbo” por mucho tiempo, el mundo los reclama como suyos.

Artículo original publicado en inglés el 1ro de Octubre de 2018, con el título: A Second Transformation (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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