72. Guerra en el cielo

¡Hubo guerra en el Cielo! Sé que es difícil de imaginar, pero es verdad. La Biblia dice: “Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles” (Apocalipsis 12:7). Esta guerra debe haber comenzado con la rebelión de Lucifer (Isaías 14:12-15), quien había sido el querubín protector ungido de Dios (Ezequiel 28:14). La ambición de Lucifer era exaltarse a sí mismo y llegar a ser como Dios (Isaías 14:12-15). Tal vez nadie sepa con certeza cuándo comenzó su rebelión, pero hay una fuerte evidencia bíblica de que el engaño de Eva en el jardín y la ocasión en que se descubrió la iniquidad en Lucifer son el mismo evento. A través del profeta Ezequiel, Dios le dice a Lucifer “En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura”, y luego dice: “…Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Ezequiel 28:12-16). Dado que el jardín del Edén no fue plantado hasta que Dios creó al hombre (Génesis 2:8), parece evidente que Lucifer no pudo haber caído en la iniquidad hasta después de que Adán y Eva fueron colocados en el jardín. Sin embargo, no es tan importante saber cuándo cayó Lucifer y comenzó esta guerra como entender cómo y cuándo terminó la guerra.

La primera promesa de redención habla de la “simiente de la mujer” que heriría la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15). Satanás se había exaltado a sí mismo y a su poder a través de la transgresión de Adán y la humanidad se convirtió en su cautiva debido a la presencia del pecado en nuestro corazón y naturaleza. Cristo vino al mundo como “la simiente de la mujer” para destruir al diablo (Hebreos 2:14) y librarnos del pecado (Mateo 1:21). La sangre que derramó en la cruz no fue como la sangre de ningún otro hombre. Fue la sangre santa de Cristo, aquel por quien todas las cosas fueron creadas. Hay algo en su sangre que tiene el poder de destruir la obra de Satanás y purgar la iniquidad dondequiera que se encuentre.

Los cielos mismos fueron las primeras cosas purificadas por la sangre de Jesucristo. La Biblia dice que Moisés, al instituir la ley, “roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio” (Hebreos 9:21). Sólo después de que esto se cumplió, se roció sangre por los pecados del pueblo. El apóstol explica esto, diciendo: “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así (con la sangre de machos cabríos y corderos); pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios (la sangre de Cristo) que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9:23-24). El cielo mismo tenía que ser purificado del azote de la iniquidad de Satanás.

Poco antes de ir a la cruz, Jesús dijo a sus discípulos: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (Juan 12:31). Jesús sabía que si derramaba su sangre, los cielos serían purificados y Satanás sería expulsado. Lo había visto de su Padre (Lucas 10:18) y era parte del gozo que le esperaba (Hebreos 12:2).

Cuando Cristo derramó su sangre santa “…fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:9). Sabemos que esto sucedió cuando Cristo murió porque el versículo siguiente dice: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero…” (Apocalipsis 12:10-11). Los ángeles del Cielo fueron los primeros que “vencieron” a Satanás “por medio de la sangre del Cordero”. En la misma hora en que vino nuestra salvación, los Cielos fueron purificados, Satanás fue arrojado fuera, y el Lugar Santo fue santificado. Todo estaba ahora listo para que nuestro Gran Sumo Sacerdote, Jesucristo, entrara en su ministerio eterno como mediador del Nuevo Pacto.

Los ángeles del Cielo no tenían necesidad de redención para sí mismos, pero el apóstol Juan los vio unirse a los ancianos y a la multitud innumerable alrededor del trono diciendo: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” (Apocalipsis 5:12). Jesucristo había purificado los Cielos con su propia sangre y había puesto fin a la guerra en el Cielo. Los que habitaban en el Cielo se regocijaron (Apocalipsis 12:12) junto con los redimidos que son levantados para morar en los lugares celestiales en Cristo Jesús (Efesios 2:6).

Por último, amigo mío, debes saber esto: si la sangre de Jesucristo fue suficiente para purificar los cielos del poder y la presencia de Satanás y sus ángeles, ¡es igualmente suficiente para purificar tu corazón y tu naturaleza del poder y la presencia del pecado si crees en el evangelio y confías en Cristo!

Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. (Hebreos 13:12)

Artículo original publicado en inglés el 7 de Diciembre de 2018, con el título: War in Heaven (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Published by

Deja un comentario

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión