
La sala del tribunal permanece en silencio mientras el testigo sube al estrado. ¡Ha jurado decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad! ¿Qué dirá el testigo? ¿Será un testigo inútil, alguien que tiene miedo de decir lo que ha visto y oído? ¿Será un testigo fiel? ¿O cambiará su testimonio para satisfacer las expectativas de quienes lo rodean? Esto es importante porque la vida de alguien está en juego, y se determinará en función de las palabras del testimonio de este hombre.
El apóstol Juan fue exiliado a “la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 1:9). Durante más de sesenta años había sido un fiel testigo acerca de Jesucristo. Escribió: “Porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó” (1 Juan 1:2). La palabra del testimonio de Juan era el evangelio de Cristo que él predicaba. Era “la verdad” que Jesús dijo: “os hará libres” (Juan 8:32). Si Juan se mantenía fiel como testigo, entonces aún más personas serían liberadas de la esclavitud del pecado y de Satanás. Si daba falso testimonio, entonces “la verdad tropezaría en la plaza” y “la justicia se pondría lejos” (Isaías 59:14). Por lo tanto, el pueblo esperaría juicio y salvación, pero no los encontraría (Isaías 59:11).
Los santos de Dios son sus testigos en este mundo presente. Dios dijo: “No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.” (Isaías 44:8). Jesús habló a los que estaban reunidos el día de su ascensión, diciendo: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8). Jesús capacitó y envió a estos “testigos” para que dieran la palabra de su testimonio ante todas las naciones, pueblos y lenguas.
La “palabra de su testimonio” es el evangelio de Cristo que predicaron dondequiera que iban. Así fue como vencieron al dragón, Satanás (Apocalipsis 12:11). Este “testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17) fue de hecho la gran “arma de su milicia” (2 Corintios 10:4) que Dios dio a la Iglesia. En todas partes donde se dio este “testimonio”, las cadenas del pecado y la opresión se rompieron porque cuando se exalta “la verdad”, entran la justicia y la equidad (Isaías 59:14).
Los testigos de Dios siempre tienen “el testimonio de Jesús” (Apocalipsis 19:10). No puede ser de otra manera. Muchos se llaman a sí mismos “testigos de Dios”, pero no traen ni pueden traerte el testimonio del “Señor del cielo” (1 Corintios 15:47), Jesucristo, quien fue “hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7) para derramar sangre que pudiera destruir a Satanás y lavar todo pecado de tu corazón y naturaleza (Apocalipsis 1:5). Si el “corazón, alma y cuerpo” de su “testimonio” no es “Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:2), ¡NO SON testigos de Dios!
Dios mismo fue el primero en dar “testimonio” de Jesucristo. De hecho, dice Juan, la persona que no cree la verdad, hace que Dios sea mentiroso “porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.” (1 Juan 5:10). Dios nos dijo que Cristo es la simiente de la mujer que heriría la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15). Nacería de una virgen, y su nombre sería “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 7:14, 9:6). Cristo sería “herido por nuestras rebeliones” (Isaías 53:5) y “pondría fin al pecado, expiaría la iniquidad y traería la justicia eterna” (Daniel 9:24). Cuando esta “simiente de la mujer” fue concebida en una virgen, Dios incluso envió un ángel para decirle: “llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21). ¡Éste es el testimonio que Dios dio!
Hay dos promesas de una gran obra de Dios poco antes de la segunda venida de Jesucristo. Ambas son para que “el testimonio de Jesucristo” sea oído en toda la tierra. La primera se encuentra en las palabras de Jesús acerca del fin. Él dijo: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14). Creo que esto apenas ha comenzado en nuestra generación. La iglesia moderna ha tenido mucho éxito en convencer a multitudes alrededor del mundo de que Jesús vino para darles riquezas terrenales, o para llevarlos al cielo en su pecaminosidad. Ambos mensajes son “falsos testigos” de Cristo. El “falso profeta” ha dado su testimonio (Apocalipsis 13:11). Pronto será el momento para que Dios dé su testimonio; ¡y lo dará en todo el mundo!
Dios dio otra promesa. Dijo: “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.” (Apocalipsis 11:3-4). Esta promesa es muy similar a la que Jesús les dijo a los que estaban reunidos el día de su ascensión. Dijo: “…recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” (Hechos 1:8). No creo que estos “dos testigos” sean literalmente dos hombres. Permítanme explicarlo.
El Apocalipsis que Juan vio nos da figuras o imágenes para expresar una verdad mayor. Jesús es representado como “un Cordero… que tenía siete cuernos y siete ojos” (Apocalipsis 5:6). Satanás es representado como un “dragón rojo” (Apocalipsis 12:3), y el “falso profeta” es representado como una bestia que “tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón.” (Apocalipsis 13:11). Hay siete grandes reinos que han gobernado o gobernarán sobre la tierra, que son representados como cabezas sobre una bestia de color escarlata (Apocalipsis 17:10). Incluso la iglesia, “la desposada (novia), la esposa del Cordero”, es representada como una ciudad construida de piedras preciosas (Apocalipsis 21:9).
Los “dos testigos” también son imágenes que representan a quienes llevan el evangelio de Cristo. Dios siempre ha requerido “dos o tres testigos” para que cualquier testimonio sea establecido como verdadero (2 Corintios 13:1). Los “dos testigos” de Dios son aquellos que en cualquier generación dan el “testimonio de Jesucristo” en verdad. En el día de Pentecostés, los ciento veinte fueron sus “dos testigos”, como también lo fue la iglesia de Antioquía. Pablo y Bernabé fueron ciertamente los “dos testigos” de Dios, pero cuando salían de una ciudad, a menudo esta se llenaba de muchos de los “dos testigos” de Dios. Creo que la promesa de “dar poder a mis dos testigos” es una promesa de un gran derramamiento del Espíritu Santo sobre aquellos que llevan “el testimonio de Jesucristo”. Este gran derramamiento del Espíritu de Dios vendrá para que “el testimonio de Jesucristo” se dé en toda la tierra. Este testimonio estará acompañado de una gran cosecha de almas. Satanás no podrá hacer nada contra estos testigos fieles hasta que “hayan acabado su testimonio” (Apocalipsis 11:7).
Artículo original publicado en inglés el 30 de Diciembre de 2018, con el título: The Word of Their Testimony (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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