74. La tristeza que es según Dios

Estaba hablando con un hombre que buscaba encontrar el camino de regreso a Dios. Decía haber conocido en algún momento la realidad de Cristo, pero que se había alejado y se había encontrado de nuevo en el pecado y la oscuridad. Con el corazón destrozado por el dolor y la vergüenza que su conducta le había traído a él y a los demás, me preguntó: “¿Cómo puedo perdonarme a mí mismo?”. Mi respuesta fue: “¿Por qué querrías hacer eso?”.

Le pregunté al hombre: “¿Qué pasaría si yo le hubiera quitado la vida a tu hijo y cuando nos encontráramos algún tiempo después te dijera: ‘Sé la terrible pérdida que has sufrido, pero quiero que sepas que me he perdonado a mí mismo por matar a tu hijo’?”. El hombre me miró y dijo: “Eso me molestaría”. “Sí, te molestaría”, respondí. Tal es la falacia y la arrogancia de perdonarnos a nosotros mismos.

Continué: “Pero ¿qué pasaría si nos encontráramos y me dijeras: ‘Le quitaste la vida a mi hijo y mi corazón se rompe por él todos los días de mi vida, pero quiero que sepas que te he perdonado?’ Si estuviera triste por lo que hice, me sentiría abrumada por el amor y la gracia de tus palabras y acciones”. Así es recibir el perdón de Dios.

El apóstol Pablo habló de dos clases de tristeza: “la tristeza que es según Dios” y “la tristeza del mundo”. Había escrito una dura carta de reprensión a los corintios, hasta el punto de que se preguntaba en su propio corazón si serían capaces de soportar sus palabras. Pablo dijo: “Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó.” (2 Corintios 7:8). Sabía que la “tristeza que es según Dios” sería absolutamente necesaria si esta iglesia iba a ser rescatada de la oscuridad en la que se estaba hundiendo. Había fornicación, divisiones y contiendas en medio de ellos. Sus servicios se habían convertido en eventos sociales, mientras que al mismo tiempo parecían estar compitiendo para demostrar que eran espiritualmente superiores a los demás. La mayor sorpresa de todo fue que creían que su aceptación de cosas pecaminosas en sus miembros demostraba su madurez espiritual. Pablo dijo de esto: “Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?” (1 Corintios 5:2). En esta condición podían excusarse y perdonarse fácilmente de casi todo. La pregunta que Pablo esperaba ver respondida era: “¿Se entristecerían por su condición espiritual” o “¿Se entristecerían sólo porque habían sido reprendidos?”

La tristeza que es según Dios” se apoderó de los corintios. Pablo dijo: “Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios…” (2 Corintios 7:9). Su corazón se quebró al darse cuenta de lo bajo que habían caído. Esta “tristeza que es según Dios” no era un “Oh Dios, perdóname, ahora sigamos adelante”. Dios no podía hacer nada por ellos en su altivez, pero la “tristeza que es según Dios” los derribó al lugar donde Dios podía nuevamente obrar en sus corazones. Produjo verdadero arrepentimiento a los corintios. Pablo nos dice: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse…” (2 Corintios 7:10).

El resultado de la “tristeza que es según Dios” era evidente en los corintios, para que todos lo vieran. Pablo dijo: “Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.” (2 Corintios 7:11).

Cuando la “tristeza que es según Dios” por el pecado ha hecho su obra en una persona, nunca más volverá a las obras de las tinieblas. El solo recuerdo de ese camino oscuro le quebrantará el corazón. Dios dio testimonio de esto cuando prometió una redención que nos limpiaría de nuestras iniquidades y nos daría un corazón nuevo y un espíritu nuevo (Ezequiel 36:25-27). Él dijo: “Y os acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas; y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades y por vuestras abominaciones.” (Ezequiel 36:31). Esto no es condenación, ni tampoco autoflagelación. Es un corazón penitente que está siempre presente en la persona que ahora ha sido “redimida de toda iniquidad” (Tito 2:14).

El apóstol Pablo entendió muy personalmente la “tristeza que es según Dios”. Nunca se perdonó a sí mismo por su persecución a la iglesia. Esto se revela una y otra vez en sus escritos, cuando dijo cosas como: “…yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.” (1 Corintios 15:9). Su “tristeza que es según Dios” por perseguir a la iglesia fue la razón por la que se describió a sí mismo como el “primero” de todos los pecadores (1 Timoteo 1:15).
El resultado final de la tristeza según Dios es un “gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). La persona vive su vida asombrada por la misericordia y la gracia de Dios para con ella misma. “Gloriándose en Cristo Jesús” (Filipenses 3:3) siempre que piensa en Aquel que lo libró de tanta oscuridad y vergüenza. Se identifica con las palabras de Pablo: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:11). Su corazón puede romperse cuando piensa en su condición anterior, pero su tristeza rápidamente se convierte en gozo en su asombro por el amor de Cristo y el poder de su salvación. Jesús dijo que estos “aman mucho” porque saben que se les ha “perdonado mucho” (Lucas 7:47).

Artículo original publicado en inglés el 11 de Enero de 2019, con el título: Godly Sorrow (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Published by

Deja un comentario

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión