
Poco después de cumplir dieciocho años, hice un acuerdo con mi padre por un viejo tractor que tenía y empecé mi propio negocio. A lo largo de los años trabajé para mucha gente buena y, ocasionalmente, para gente que no lo era tanto. Aprendí una lección que se demostró cierta muchas veces a lo largo de los años: si ves que alguien engaña a otra persona, llegará el momento en que te hará lo mismo a ti. Puedes convencerte de que tu relación con esa persona es diferente y que nunca te haría algo así, pero cuando las circunstancias cambian, siempre sucede. Verás, engañar no es algo que una persona haga ocasionalmente, sino que es lo que son en su corazón.
Las palabras de Jesús, “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” (Mateo 5:28) no significaron un cambio en la manera en que Dios veía el pecado. Los proverbios advierten sobre aquellos que te hablan palabras amables y aduladoras mientras en su corazón están conspirando contra ti. El mensaje era: ¡Cuidado! “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). Incluso el juicio de Dios en los días de Noé y el diluvio se basó, no solo en sus acciones, sino en el contenido de su corazón. La Biblia dice: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” (Génesis 6:5). Dios no los destruyó solo por lo que hicieron, sino por lo que tenían en el corazón.
Cuando la gente trata de decirme que un verdadero cristiano comete pecado, pero simplemente no “practica” el pecado, pregunto: “¿Cuántas veces tiene que un hombre “practicar” la violación antes de ser un violador? ¿O con qué frecuencia debe una persona “practicar” la fornicación antes de ser un fornicador? La verdad es que antes de que una persona cometa el primer acto de ese tipo, ya se ha convertido en lo que está obrando en su corazón. El contenido de su corazón ya lo ha contaminado. Jesús dijo: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (Marcos 7:21-23).
El cristianismo moderno ha caído en la mentira de que el pecado en el corazón es algo natural para un hijo de Dios. Nada podría estar más lejos de la verdad. La esencia misma del mensaje del evangelio es que Cristo murió para purgar el pecado del corazón y la naturaleza del creyente. Siempre incluyo la palabra “naturaleza” en estas afirmaciones porque lo que está en tu corazón ES TU NATURALEZA. Cuando tu corazón cambia, tu naturaleza cambia.
El apóstol nos ayuda a entender el propósito de la sangre de Cristo al señalar cómo logró lo que los sacrificios bajo la Ley de Moisés nunca pudieron hacer. Esos sacrificios tenían que ser ofrecidos una y otra vez por los pecados del pueblo porque “la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4). Pablo explica lo que significa que el pecado sea quitado. Dice: “…pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado” (Hebreos 10:2).
Una “conciencia de pecado” es pecado en el corazón. Cuando la sangre de Cristo te limpia de una “conciencia de pecado”, el pecado ya no está presente en tu corazón. Ha sido lavado por la sangre de Cristo. Pablo lo reafirma, invitándonos a acercarnos al Lugar Santísimo “…purificados los corazones de mala conciencia…” (Hebreos 10:22).
Algunos han pervertido este pasaje y lo han presentado como si significara que no debes sentirte mal por tu pecado. Tal perversión de este pasaje es lo que Pablo llamó “tener cauterizada la conciencia” (1 Timoteo 4:2). Solo una persona cuya conciencia ha sido “cauterizada” no siente remordimiento por el pecado. Uno de los mayores “hierros cauterizantes” del mundo hoy en día son las palabras que la mayoría de los cristianos escuchan cada domingo por la mañana: “¡Todos somos pecadores y pecamos todos los días!” Cuanto más escuchas eso, más se cauteriza tu conciencia contra el poder de convicción del Espíritu de Dios.
¿Qué es lo que hay en tu corazón? ¿Es un buen tesoro? ¿O es un tesoro malo? (Mateo 12:35). Tal vez eres como el rey David, que llegó a comprender que el pecado es siempre un problema del corazón. Clamó al Señor: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10). Conocí a un apóstata que decía que se arrepentía todo el tiempo, pero que nunca era libre hasta que un día Dios le dijo: “Deja de arrepentirte de lo que haces y arrepiéntete de lo que eres”. Oh pecador, no te arrepientas simplemente de ciertas cosas que haces, sino arrepiéntete de la condición de tu corazón. Invoca a Jesucristo, que vino a darte un corazón nuevo y un espíritu recto. ¡Porque como el hombre piensa en su corazón, así es él!
Artículo original publicado en inglés el 31 de Enero de 2019, con el título: As He Thinks in His Heart (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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