76. Sirviendo en novedad de espíritu

En la introducción del apóstol Pablo a los creyentes romanos, él revela cómo servía al Señor. Él escribió: “Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo…” (Romanos 1:9). En verdad, servir a Dios con el espíritu y en el Espíritu se da a lo largo de las Escrituras como la fuente y la manera del andar cristiano. Jesús dijo que quienes adoran al Padre “…en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Nos convertimos en seres espirituales cuando “nacemos del Espíritu” (Juan 3:6). Es en este nuevo nacimiento que recibimos el “corazón nuevo” y el “espíritu nuevo” que Dios prometió en la redención (Ezequiel 36:26). Es también en este nuevo nacimiento que Dios cumple su promesa de “…Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jeremías 31:33).

Los redimidos sirven a Dios con el espíritu y en el Espíritu, y, como dijo Pablo, sirven “en el evangelio de su Hijo”. La mente humana nunca es la fuente de su andar. De hecho, el evangelio de Cristo es locura para la mente natural. Es por esta razón que una persona debe “creer en su corazón”. Pablo nos dice: “Porque con el corazón se cree para justicia…” (Romanos 10:10). La persona que es transformada por el evangelio lo ha recibido primero en su corazón. Pablo dice: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2 Corintios 4:6). Satanás ciega el entendimiento (las mentes) de los incrédulos (2 Corintios 4:4), pero Cristo brilla en el corazón de los que creen.

Se habla mucho de la “renovación de la mente”. Algunos consideran que la mente es como una computadora en la que continuamente debemos introducir datos correctos en su disco duro. Creen que al seguir haciendo esto nos transformamos a la imagen de Cristo. Este tipo de enseñanza huele a carnalidad. Quienes adoptan este camino se convierten en aquellos de los que habló Pablo, que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.” (2 Timoteo 3:7).

Es el Espíritu de Dios el que transforma la mente de una persona de carnal a espiritual. Pablo dijo que aquellos que han sido enseñados por Jesús han oído que es necesario “renovarse en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4:20-23). ​​Esto es parte de lo que Pablo denominó “la renovación del Espíritu Santo” (Tito 3:5). ¡La renovación de la mente es una obra espiritual que se logra, no mediante la introducción de datos, sino mediante la visitación del Espíritu de Dios!. Cuando una persona sirve a Dios con su espíritu, su corazón, alma y mente se renuevan continuamente por el Espíritu de Dios.

El apóstol Pablo comienza el séptimo capítulo de Romanos diciendo: “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.” (Romanos 7:6). Los que sirven bajo el “régimen viejo de la letra” deben servir con la mente. Los que sirven a Dios por medio de Cristo Jesús, “sirven bajo el régimen nuevo del Espíritu”. Los que sirven con la mente participan del “árbol del conocimiento del bien y del mal”. Creen que si introducen el “bien”, terminarán siendo piadosos, pero éste nunca les da lo que les promete. Los que sirven bajo el régimen nuevo del espíritu participan del “árbol de la vida”. Las cosas celestiales que reciben en su espíritu brotan e inundan su corazón, alma y mente.

Pablo dedica la mayor parte de este séptimo capítulo a describir la inutilidad de servir en el “régimen viejo de la letra”. Este es el testimonio de su vida sirviendo a la Ley antes de venir a Cristo. Habla de ser “carnal, vendido al pecado” (Romanos 7:14). Recuerda la agonía continua de querer hacer el bien, pero el mal siempre está presente. Amaba la Ley de Dios; estudiaba la Ley de Dios; servía a la Ley de Dios con su mente. Sin embargo, todos sus principios, preceptos, mandamientos y ordenanzas no le servían de nada. Siempre estaba siendo arrastrado hacia la oscuridad y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo. Finalmente, después de clamar “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24), encontró la liberación que anhelaba a través de “¡Jesucristo Señor nuestro!” (Romanos 7:25).

La última frase de este capítulo es la conclusión de Pablo sobre todo el asunto. Explica por qué nunca había podido liberarse de la oscuridad. Dice: “Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” (Romanos 7:25). La palabra “Así que” proviene de una palabra griega que habla de “sacar una conclusión”. La conclusión de Pablo da dos razones por las que había servido a la ley del pecado con su carne. El problema era “cómo servía” y “qué servía”. “Con la mente” era “cómo servía”. “La Ley de Dios” era “qué servía”. El apóstol que comenzó esta epístola diciendo “a quien sirvo con mi espíritu en el evangelio de su Hijo…” revela que la fuente de su oscuridad era que intentaba servir “con la mente”. Cuando se sirve con la mente, sólo se puede servir en el “régimen viejo de la letra”. A Dios no se le sirve con la mente. A la Ley se le sirve con la mente. “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:24). Pablo da esta conclusión para que todos sepan que si ustedes sirven con la mente, entonces están sirviendo en el “régimen viejo de la letra”, y estarán obligados a servir a la ley del pecado con la carne.

Esta generación entera de la iglesia ha sido programada para servir a Dios con la mente. Es por eso que nuestra generación de “creyentes” está más atada por el pecado que tal vez cualquier otra desde la Reforma Protestante. Las enseñanzas de “renovar la mente” suenan tan sabias y maravillosas, pero ¿por qué su libertad y victoria siempre parece estar a solo unos pocos principios o preceptos más de distancia?” ¿Por qué nunca le da la libertad del pecado que Jesús prometió? ¡No lo hace porque no puede! Solo puede condenarlo a servir en el “régimen viejo de la letra”.

Este evangelio de Cristo sigue siendo una locura para la mente. No es razonable. No lo entiendes. No te da nada que hacer más que creer en el testimonio. Sin embargo, cuando brilla en tu corazón, revoluciona todo tu ser. Te conviertes en un ser espiritual, y con ese nuevo espíritu comienzas a caminar en “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. (Romanos 14:17).

Artículo original publicado en inglés el 8 de Febrero de 2019, con el título: Serving in Newness of Spirit (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Published by

Deja un comentario

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión