77. La interrupción

La ley de Moisés con todos sus sacrificios, ceremonias, mandamientos y otras ordenanzas nunca fue el plan de Dios para Israel. Fue el plan de Israel para Israel. Dios los liberó de Egipto y los llevó al monte Sinaí, donde quería hablarles y hacerlos parte del pacto que había hecho con Abraham. Allí le ordenó a Moisés que les dijera: “…si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.” (Éxodo 19:5-6). Abraham, al creerle a Dios y obedecer su voz, recibió el pacto de la promesa (Génesis 22:16-18). Si los hijos de Israel hicieran lo mismo, serían un pueblo como ningún otro que el mundo hubiera conocido.

Cuando el pueblo oyó la voz de Dios y vio truenos, relámpagos y fuego sobre el monte, retrocedieron y dijeron a Moisés: “Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.” (Éxodo 20:19). Con estas fatídicas palabras, Israel rechazó la voz de Dios y Su pacto de bendición, y escogió “el ministerio de muerte” (2 Corintios 3:7). Este fue el día en que el pacto de la promesa fue “interrumpido” y comenzó la Ley de Moisés. Pablo dijo que esta “Ley” fue “…añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa…” (Gálatas 3:19). En muy poco tiempo, los hijos de Israel rechazaron la voz de Dios, adoraron un becerro de oro y le dieron gloria por haberlos librado de Egipto, y luego se negaron a entrar en la tierra prometida. Murmuraron continuamente contra Dios y Moisés. La “ley” de Moisés vino como un disciplinador espiritual. Su misión era mantener a Israel separado de las demás naciones hasta que viniera la descendencia prometida (Cristo). Pablo nos dice que Israel estaba “…confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.” (Gálatas 3:23).

Antes de morir, Moisés instruyó a los levitas: “Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti.” (Deuteronomio 31:26). Mientras la Ley de Moisés estuvo en pie, fue un testigo contra Israel. No sólo dio testimonio contra ellos por sus pecados, sino que su misma existencia fue un testimonio continuo de que habían rechazado la voz de Dios y su pacto de promesa. La Ley maldijo a Israel sin piedad hasta que un día maldijo al Hijo de Dios sin pecado por haber sido colgado de un madero (Gálatas 3:13) y por esa ofensa tuvo que ser abolida (Efesios 2:15). Jesucristo vino, no sólo para quitar nuestro pecado, sino también para redimir a Israel de la Ley si creían en su nombre (Gálatas 4:5).

Nuestra redención es el cumplimiento del pacto de Dios con Abraham. Pablo dijo: “…si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:29). El Nuevo Pacto no es “Nuevo” en cuanto a edad porque en realidad es anterior a la Ley Mosaica. Pablo dijo: “…El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.” (Gálatas 3:17). Nuestro pacto de redención fue confirmado en Cristo cuatrocientos treinta años ANTES de que se diera la Ley Mosaica.

Seis siglos antes de que Cristo apareciera en ministerio, Dios prometió la muerte de la Ley. Él dijo: ”He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.” (Jeremías 31:31-32). Desde el momento en que Dios habló de un “Nuevo Pacto” quedó establecido que la Ley de Moisés había sido hecha “Vieja” y pasaría. Esto es como si a los empleados de una empresa se les dijera que se había contratado a un nuevo supervisor. El supervisor existente es ahora el supervisor “viejo”. Puede que esté por aquí por un tiempo más, pero sus días están contados mientras espera que aparezca el “nuevo” supervisor. El apóstol confirma esto con respecto a los dos pactos, diciendo: “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” (Hebreos 8:13).

Jesús nos aseguró que nada pasaría de la Ley “hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18). Después de su resurrección, explicó esto diciendo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” (Lucas 24:44). El apóstol Juan confirma que en la cruz Jesús sabía que “…ya todo estaba consumado…” (Juan 19:28). Cuando exclamó: “Consumado es” (Juan 19:30) la “interrupción” fue quitada y el pacto abrahámico de la promesa fue restaurado (Colosenses 2:14).

Artículo original publicado en inglés el 19 de Febrero de 2019, con el título: The Interruption (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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