78. La asombrosa obra de Cristo

El capitán Chesley «Sully» Sullenberger es conocido como el piloto que logró aterrizar con éxito un avión comercial en el río Hudson después de que ambos motores quedaran inutilizados por el impacto de un pájaro. Las acciones que llevó a cabo en esta situación tan peligrosa salvaron las vidas de 155 personas a bordo. Debido a sus acciones ese día, el capitán Sullenberger merece nuestro respeto y admiración. Se le trata con todo derecho como un héroe estadounidense. Su valentía es alabada por muchos, desde niños de la escuela hasta presidentes. Nadie puede afirmar que el honor que recibe el capitán Sullenberger carece de mérito. Sin embargo, es importante recordar que en ese fatídico día de invierno, el 15 de enero de 2009, ni una sola persona fue salvada por el mérito del capitán Sullenberger. Las 155 personas a bordo del vuelo 1549 de US Airways fueron salvadas por sus acciones.

Desde que Anselmo de Canterbury (1033-1109) introdujo su teoría de la expiación por satisfacción, los teólogos de la iglesia han estado fascinados por una supuesta salvación que nos fue traída por el mérito de los sufrimientos de Cristo. Parece que creen que Dios exigió satisfacción, la cual no podría haber obtenido a menos que viera a su propio hijo sufrir y morir en la cruz. Las teorías de la satisfacción básicamente presentan que Cristo honró a Dios tan grandemente al sacrificarse a sí mismo en la cruz que el mérito de su gran honor compensa la deshonra a Dios que hemos causado a través de la desobediencia y la transgresión. De ese modo somos restaurados a Dios por medio del mérito del sacrificio de Cristo. Todo esto suena maravilloso, pero simplemente no se encuentra en las Escrituras. De hecho, tal enseñanza ciega los corazones de multitudes a la verdadera obra de Cristo en la cruz. La libertad del pecado y de Satanás que su sangre derramada proporcionó se pierde en la niebla de una filosofía humana basada en el mérito.

Jesucristo se entregó a sí mismo en la cruz para cumplir una obra fundamental. Murió “para deshacer (destruir) las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Satanás provocó la entrada del pecado a través de la transgresión de Adán. Cristo vino para destruir a Satanás y sus obras. Al hacerlo, nos liberó del pecado y nos restauró de nuevo a Dios. Esto no se logró por el “mérito” de sus acciones, sino por sus acciones mismas. Las acciones de Jesús al ir a la cruz fueron un acto violento de guerra (Mateo 11:12) que derribó y destruyó por completo a Satanás y sus obras. Consideremos lo que la Biblia dice claramente acerca de la obra que Cristo realizó en la cruz.

¡Él destruyó al diablo!…para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). Así como el régimen nazi fue destruido por los aliados en la Segunda Guerra Mundial, Jesucristo destruyó a Satanás y su poder por medio de la muerte en la cruz.

¡Él destruyó el pecado!sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6). El pecado puede estar desenfrenado en el mundo que nos rodea, pero no tiene poder, presencia ni lugar en quienes permanecen en Cristo.

¡Él se llevó nuestro pecado!Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” (1 Juan 3:5). Así como el tinte carmesí se hace uno con la tela, el pecado no podía separarse del corazón y la naturaleza de la humanidad… ¡eso fue hasta que Cristo se llevó nuestro pecado!

¡Él nos libró del dominio de Satanás!El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” (Colosenses 1:13). El hijo de Dios mora en Cristo donde no hay pecado ni Satanás. Es un lugar de victoria sobre todo poder de las tinieblas.

Estos y muchos otros pasajes de la Biblia nos dicen claramente la razón de los sufrimientos de Cristo. Ninguna de estas cosas se basa en el mérito de la obra de Cristo, sino más bien en el poder de lo que él realizó ese día. Somos libres del pecado y de Satanás porque Jesucristo destruyó a nuestro adversario y rompió todos los grilletes de la oscuridad.

Ahora, consideremos la diferencia entre el testimonio de las Escrituras y cómo escuchamos el evangelio presentado por muchos hoy en día. Se nos dice que Dios solo nos ve como justos en base al mérito de Cristo, pero las Escrituras dicen que Cristo en realidad nos hizo justos (Romanos 5:19). El Calvario no cambió la manera en que Dios ve las cosas, sino que cambió quiénes y qué somos. También se nos dice que Cristo solo quitó la culpa o el castigo de nuestro pecado en base al mérito de los sufrimientos de Cristo, pero la Biblia dice que Cristo en realidad quitó nuestro pecado. ¡Su obra en la cruz nos libera incluso de la presencia del pecado en nuestro corazón y en nuestra vida!

¿Tiene Cristo gran mérito? ¡Absolutamente! Sus alabanzas serán proclamadas por todas las épocas. “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” (Apocalipsis 5:12). Sin embargo, no somos salvos por sus méritos. Somos salvos por la sangre que fluyó de su costado herido.

Artículo original publicado en inglés el 3 de Marzo de 2019, con el título: The Astounding Work of Christ (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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