
Lo que para uno es basura, para otro es un tesoro. Lo que para ti es despreciable, para otro es muy apreciado. Esto es ciertamente cierto con respecto a Dios. Jesús dijo: “…o que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.” (Lucas 16:15). Cuando una persona comienza a ver las cosas como Dios las ve, su sentido del “verdadero valor” cambia por completo. Como Saulo de Tarso, Pablo alguna vez consideró su linaje natural y las obras religiosas de la Ley como sus mayores posesiones, pero cuando vio la gloria de Cristo, aquellas cosas en las que alguna vez confió se convirtieron en basura a sus propios ojos (Filipenses 3:1-8).
Cuando Pablo dijo: “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.” (Romanos 4:3), no estaba diciendo que Dios le había contado a Abraham algo que en realidad no era cierto. Nos estaba recordando que Dios considera que el atributo de “creer en Dios” y “confiar en Él” es de mayor valor que cualquier obra religiosa. Un “corazón de fe”, como el que poseía Abraham, puede no parecer valioso para muchas personas, pero tiene un gran valor para Dios. Su valor es tal que Dios lo considera justicia. Considere cómo esta “justicia” de “fe” en el corazón de Abraham afectó su relación con Dios.
La Biblia dice: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8). Cuando una persona cree y confía en Dios, Él puede llamarla, enviarla o guiarla, y ella lo seguirá.
Dios le prometió a Abraham un hijo por medio de Sara, que era estéril. La Biblia dice que Abraham “tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios” (Romanos 4:20). Si Dios encuentra a una persona que cree y confía en Él, no hay límite a lo que Dios puede hacer por ella, en ella y a través de ella para Su gloria.
El apóstol dijo: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos…” (Hebreos 11:17-19). Cuando una persona tiene un corazón de fe como Abraham, Dios puede pedirle cualquier cosa, y se la dará libremente.
Debido a que Abraham “creyó a Jehová” (Génesis 15:6), Dios pudo decirle “…te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.” (Génesis 17:5). Si Dios encuentra a una persona que “cree en Él” como Abraham creyó en Él, puede hacer que sea todo lo que Él se ha propuesto que sea.
Cuando vemos la verdadera naturaleza de “un corazón de fe” como Dios lo hace, entendemos por qué Dios lo considera justicia. Lo valora mucho más que los sacrificios, las obras religiosas y el cumplimiento de las ordenanzas, ceremonias y mandamientos. Una persona puede hacer cualquiera de esas cosas y ni siquiera creer en Dios, pero cuando Dios encuentra a una persona con un corazón que “cree en Él” y “confía en Él”, tiene todo lo que esa persona es y posee.
La justicia de tener “un corazón de fe” es una justicia que hasta un pecador puede ofrecer a Dios, pero les prometo que si un pecador ofrece la “justicia de la fe” a Dios, ¡ya no será pecador! Como lo hizo el publicano en el templo, ¡también él regresará a casa justificado! (Lucas 18:13-14). ¡Esta “justicia de la fe” es la “fe” que nos da “acceso a la gracia de Dios”! (Romanos 5:2).
El “don de la justicia” (Romanos 5:17) que recibimos por medio de la redención es diferente a la “justicia de la fe”. La “justicia de la fe” procede de nuestros corazones y es recibida por Dios. El “don de la justicia” procede de Dios y entra en nuestros corazones. Pablo llama a esto la justicia “…que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:9). Solo podemos recibir esta justicia cuando creemos en Dios como Abraham creyó en Dios. Esta justicia cambia todo lo que somos. Nos imparte un nuevo corazón, un nuevo espíritu y una nueva naturaleza. Es la obra de Cristo dentro de nosotros, quien murió en la cruz para “hacer justos a muchos” (Romanos 5:19).
Abraham “murió en la fe” sin recibir las promesas que verdaderamente anhelaba (Hebreos 11:13). Sólo podía ver a Cristo y la gran redención que traería “de lejos”. Sin embargo, hoy en día, cualquiera que tenga el mismo “corazón de fe” que Abraham, puede recibir cada promesa de redención. No hay límite a lo que Dios hará en ellos. Él los llamará y ellos vendrán. Él les dará las promesas “increíbles” de Cristo, y ellos no dudarán en creerlas. Él dirá: “Os doy la bendición prometida de un nuevo corazón, una nueva naturaleza y una nueva vida”, y ellos la recibirán. Él pedirá su entrega total, y ellos se entregarán libremente a él. Él hablará a través del evangelio diciendo: “Te he hecho un vaso de honra para mi gloria” y ellos en todo sentido “serán para alabanza de su gloria” (Efesios 1:12).
Artículo original publicado en inglés el 25 de Marzo de 2019, con el título: A heart of faith (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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