
Existen numerosos tipos de justicia. Algunos son aceptables para Dios y otros no. Consideremos algunos.
LA AUTOJUSTICIA es autojustificación. Una persona autojustificada suele estar dispuesta a proclamar su propia justicia. Sus acciones, o sus creencias sobre su carácter personal, son la base de su autojustificación. Jesús reprendió a los tales, diciendo: “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones” (Lucas 16:15).
NUESTRA(S) JUSTICIA(S): Estas son las “obras de justicia” (Tito 3:5) que una persona hace buscando establecer, mostrar o probar su justicia. Con Israel era la ofrenda de sacrificios y guardar los días santos. Con otros es su donación religiosa o la observancia de ordenanzas religiosas. Para otros son sus “buenas obras” y “actos de caridad” que se hacen sin amor (1 Corintios 13:3). Muchas personas confían en tales cosas creyendo que de alguna manera las harán justas ante Dios. Isaías habló de tales cosas, diciendo: “…todas nuestras justicias (son) como trapos de inmundicia…” (Isaías 64:6).
LA JUSTICIA DE LA LEY: Tal como lo ha hecho Israel, multitudes en cada generación han confiado en “guardar los mandamientos” para hacerse o mostrarse justos. El apóstol Pablo es claro: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Romanos 3:20). Si una persona entiende el propósito de la ley religiosa, nunca volverá a confiar en ella. Pablo dijo: “conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores…” (1 Timoteo 1:9). La ley religiosa identifica el “pecado”, pero nunca puede sacarlo del corazón de una persona. Aquellos que buscan servir a Dios por medio de la ley religiosa son identificados como pecadores por la misma ley a la que sirven. ¡Ese es su propósito! Si fueran justos, no necesitarían una ley religiosa para servir a Dios.
LA JUSTICIA DE LA FE: Dios considera la fe de una persona que “cree y confía” en Él como una “justicia” muy por encima de los sacrificios, la circuncisión o cualquier otra obra religiosa. La Biblia es clara: “A Abraham le fue contada la FE (creer y confiar en Dios) por justicia” (Romanos 4:9). Esto no significa que Abraham poseyera la salvación provista por Jesucristo. Simplemente significa que el “corazón de fe” de Abraham tenía un gran valor ante Dios, y le abrió la puerta para recibir grandes y preciosas promesas.
Los maestros religiosos han convertido esta simple verdad en un absurdo. Algunos te dirán que en el momento en que confiesas a Jesucristo, Dios te ve como alguien que tiene la justicia de Cristo, perfecto, inocente, limpio, etc. Se enseña comúnmente que si “crees en Dios”, Él te considerará algo que en realidad no es verdad. En ninguna parte de las Escrituras se dice tal cosa.
La “justicia de la fe” que enseñan las Escrituras no es lo mismo que tener la salvación y redención que viene por medio de Jesucristo. La Biblia habla de muchos que tenían esta “justicia de la fe” antes de que Cristo viniera, pero que “Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido… proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” (Hebreos 11:13, 40).
Pablo da “la justicia de la fe” como la base sobre la cual cualquier persona puede venir a Dios. Los judíos creían que había que venir a través de las “justicias” de la Ley. Pablo entendía que cualquiera que creyera en el evangelio de Cristo podía venir a Dios, fuera judío o gentil, piadoso o impío, esclavo o libre. Su “justicia de la fe” les abriría la puerta de la gracia (Romanos 5:2) para que pudieran recibir la salvación que Jesucristo proveyó para todos.
EL DON DE LA JUSTICIA es diferente a “la justicia de la fe”. La “justicia de la fe” es lo que ofrecemos a Dios al creer en el evangelio de Cristo. ¡El “don de la justicia” es lo que Dios nos da cuando recibimos su gran salvación! Este es el don que recibimos “por gracia… por medio de la fe” (Efesios 2:8).
Este “don de justicia” es el cumplimiento de todas las profecías de redención. Es el “corazón nuevo” y el “espíritu nuevo” que Dios prometió a su pueblo (Ezequiel 36:25-27). Es la ley de Dios escrita en nuestro corazón como Él dijo que haría (Jeremías 31:31-34). Es el corazón limpio y el espíritu justo que David pidió (Salmos 51:10). Aquellos que reciben este “don de justicia” moran en el reino de Cristo donde se dice: “Y tu pueblo, todos ellos serán justos” (Isaías 60:21).
El apóstol explica el don de la justicia en los versículos siguientes.
“…abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.” (Romanos 5:15). Este don de justicia abunda para todos los que creen en la verdad del evangelio y confían en Cristo.
“…EL DON (NT. en la KJV agrega “free”, esto es “GRATUITO”) vino a causa de muchas transgresiones para justificación.” (Romanos 5:16). ¡Este don de justicia puede tomar al peor de los pecadores con “muchas transgresiones” y “justificarlo” para convertirlo en un hijo de Dios, libre de todo pecado!
“…mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del DON DE LA JUSTICIA.” (Romanos 5:17). Aquellos que reciben este “don de justicia” reinarán en victoria, EN ESTA VIDA, sobre el pecado, Satanás y todo el poder de las tinieblas. Como dice Pablo más adelante: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14).
“…por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” (Romanos 5:18). Este “don de justicia” gratuito no sólo te justifica “ante Dios”, ¡sino que justifica toda tu vida! Todo es hecho nuevo. Como dijo Pablo: “lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20).
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:19). Así como Adán nos hizo pecadores, Jesucristo nos hace justos. Es su regalo gratuito para quienes creen en él. ¡Es “el regalo de la justicia”!
Artículo original publicado en inglés el 1 de Abril de 2019, con el título: The Gift of Righteousness (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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