83. Carne y espíritu

El apóstol Pablo a menudo presentaba el evangelio en términos de “Carne” y “Espíritu”. Si la naturaleza humana, el esfuerzo humano, la ley religiosa o la actividad religiosa carnal eran la fuente o la causa, lo llamaba “Carne”. Si provenía de Dios a través del evangelio de Cristo, lo llamaba “Espíritu”. Jesús ya había revelado esto cuando dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:6).

La “carne pecaminosa” es fácil de reconocer. Es la naturaleza humana que fue contaminada con el pecado a través de la desobediencia de Adán. Las “obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia” (Gálatas 5:19) son la manifestación plena de la “carne pecaminosa”. Es esta contaminación del pecado que Cristo vino a purgar del corazón y la naturaleza de todos los que creen en él (Juan 1:29).

Cristo fue enviado a “condenar (sentenciar a muerte) al pecado en la carne” (Romanos 8:3), y así “salvar a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Otros pasajes confirman que “Cristo crucificado” es el remedio completo de Dios para la carne pecaminosa. Pablo dijo que los que están en Cristo “…fueron circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo.” (Colosenses 2:11). Pablo también confirma esto a los Gálatas, diciendo: “…los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” (Gálatas 5:24). Estos pasajes describen la obra de la cruz en nuestra redención. Es a través de la cruz de Cristo que “el cuerpo del pecado es destruido” (Romanos 6:6).

Así como el fruto prohibido tenía el conocimiento tanto del “bien y el mal”, la carne tiene un lado que parece ser “bueno”. Pablo describió cómo esta engañosa “bondad” de la carne lo había engañado una vez, diciendo: “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más:”. ¿De qué “carne” estaba hablando? Era todo en lo que confiaba, en la Ley de Moisés. Era ser “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.” (Filipenses 3:5-6). Sin embargo, cuando Pablo vio la gloria de Cristo, toda la “carne” en la que una vez confió se convirtió en basura ante sus propios ojos (Filipenses 3:8). Finalmente entendió las palabras de Jesús, quien dijo: “la carne para nada aprovecha” (Juan 6:63).

La Ley era un pacto de “carne”. Los Diez Mandamientos eran espirituales (Romanos 7:14) y Dios quiso que se escribieran en los corazones de la gente cuando los pronunció desde el Monte Sinaí, pero la Ley Mosaica es una “ordenanza acerca de la carne” (Hebreos 9:10) dada para la los transgresores e impíos (1 Timoteo 1:9). Pablo describe el servicio a Dios bajo la Ley como “en la carne”. Dice: “Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.” (Romanos 7:5). Incluso hoy, la ceguera de estar “en la carne” hace que muchas personas intenten inútilmente servir a Dios a través de la “observancia carnal de los mandamientos”.

Un obstáculo para muchas personas es algo que Pablo llamó “la justicia que es por la fe”. Si bien es evidente que una persona que se contenta con continuar en pecado ni siquiera conoce a Dios, hay otros que sinceramente aspiran a servir al Señor, pero intentan hacerlo mediante el cumplimiento de mandamientos, rituales u ordenanzas carnales. Aquellos que buscan la justicia mediante el “cumplimiento de los mandamientos”, están trabajando “en la carne” por un premio que nunca recibirán. Pablo nos dijo que una persona “cree para justicia” (Romanos 10:10). Esto no significa (como algunos lo pervierten) que si una persona continúa en pecado, pero tiene fe, Dios la ve como justa. “Creer para justicia” significa que las promesas de redención solo se reciben al creer en la verdad del evangelio. La verdadera justicia es del Espíritu y no se puede obtener por medios carnales. Solo se recibe al creer en el evangelio de Cristo que tiene el poder de transformarte por completo.

La carta de Pablo a los Gálatas fue escrita a un pueblo que había “comenzado por el Espíritu”, pero que había sido engañado al creer que sería “perfeccionado1 por la carne” (Gálatas 3:3). La “carne” a la que recurrían eran los mandamientos y el ritualismo de Moisés. Muchas veces he oído a quienes profesan la salvación por gracia, pero piensan que se están volviendo como Cristo por sus obras religiosas. La pregunta de Pablo a ellos fue: “¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Gálatas 3:3). ¡La misma gracia que nos salva del pecado nos mantiene a su semejanza mientras moramos en la gloriosa luz de Cristo! (Judas 1:24).

Toda la epístola a los Gálatas es una advertencia para aquellos que abrazan la Ley de Moisés, o cualquier otro mandamiento religioso, como una manera de servir a Dios. Estas cosas prometen una justicia, que nunca pueden traerte. De hecho, te espera lo opuesto. Aquellos que abrazan la religión carnal terminarán en “las obras de la carne”. Cuanto más se aferren al mandamiento, precepto o principio carnal, más arderá la concupiscencia en su corazón (Romanos 7:8). Aquellos que buscan la “perfección” por la carne siempre terminan vencidos por “las obras de la carne”.

Cuando Pablo dijo: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” (Gálatas 5:16), simplemente nos estaba diciendo que anduviéramos en la luz del evangelio de Cristo. Si una persona “anda en el Espíritu”, los deseos de la carne son lo más alejado de su corazón, mente o naturaleza. Pablo reitera que los deseos del Espíritu son tan opuestos y diferentes de los deseos de la carne que es imposible para alguien que anda en el Espíritu hacer las cosas que hace una persona que anda en la carne (Gálatas 5:17). Si eres “nacido del Espíritu”, entonces “vives en el Espíritu”, así que “¡anda en el Espíritu!” (Gálatas 5:25). La simple fe en Cristo a través de la creencia en la verdad es más poderosa que cualquier obra religiosa carnal. Anda en el Espíritu… ¡y vive!

1 (NT. “made perfect” in KJV literalmente “hecho perfecto” o “perfeccionado”, en la RV1960 aparece cómo “acabar”)

Artículo original publicado en inglés el 17 de Mayo de 2019, con el título: Flesh and Spirit (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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