
Durante muchos años creí que el camino cristiano consistía en “morir diariamente” al pecado y a la carne. Estaba seguro de que esto era cierto porque el apóstol Pablo dijo: “Cada día muero”. Si él tenía que morir diariamente al pecado y a la carne, ciertamente nosotros también tenemos que hacerlo. Entonces hice algo fuera de lugar para un feligrés moderno. De hecho, busqué las palabras de Pablo en la Biblia para poder leerlas por mí mismo. Lo que descubrí me sorprendió.
Mientras Pablo refutaba a quienes negaban la resurrección, preguntó: “si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” (1 Corintios 15:12). Entendiendo que todo el mensaje del evangelio dependía de la resurrección de Cristo de entre los muertos, Pablo dijo: “si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” (1 Corintios 15:13-14).
Pablo luego señala la insensatez de poner su vida en riesgo para predicar el evangelio si no hay resurrección. Pregunta: “¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora?” (1 Corintios 15:30). Tal vez nadie haya sufrido más por causa del evangelio que el apóstol Pablo. Considere el relato que da de las cosas que enfrentó para predicar el evangelio.
“¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez.” (2 Corintios 11:23-27)
Fíjese que Pablo dijo que él estaba “en peligro de muerte muchas veces”. A esto se refería cuando dijo: “Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero.” (1 Corintios 15:31). Día tras día ponía su vida en peligro para predicar el evangelio de Cristo. ¿Cuántas veces no habrá sabido si sobreviviría a los golpes, las lapidaciones, el naufragio, la traición, etc. que estaba enfrentando en ese momento? Cuando me di cuenta de lo que Pablo estaba expresando con las palabras “cada día muero”, supe que sería una jactancia arrogante y absurda de mi parte tomar esas palabras y aplicarlas a mí mismo.
La verdadera profesión de fe que hizo Pablo para sí mismo y para todos los que conocen la realidad de Cristo fue en realidad lo opuesto a “cada día muero”. Al presentar las realidades del evangelio que todo creyente necesita conocer, dijo: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6). Este es el poder de la cruz de Cristo. La cruz crucificó a la persona que una vez fuimos (nuestro viejo hombre) y destruyó totalmente (el cuerpo del pecado) para que desde la hora en que vinimos a Cristo (a fin de qué1), ¡nunca más sirviéramos al pecado!
Pablo no presentó nuestra “crucifixión” como una obra en proceso, o como algo que se debe repetir una y otra vez en nuestro andar. Nos recuerda que “Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.” (Romanos 6:9-10). Cristo murió una vez al pecado por nosotros y nunca más tiene que morir. Ahora vive para Dios para siempre. Es en este punto que Pablo nos da la gran seguridad del evangelio en la que debemos apoyarnos. Dice: “Así también” (así como Jesús murió al pecado una vez, pero ahora vive para Dios) debemos “considerar” (contar, reconocer la verdad) que estamos “muertos (de hecho) al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 6:11). Esto no es confesar como verdad algo que no lo es. Es reconocer el poder de lo que Cristo realmente hizo por nosotros (y en nosotros) en la cruz. ¡Este simple reconocimiento y aceptación de la verdad es vital para nuestro descanso, victoria y libertad en Cristo!
La iglesia moderna tiene un conflicto irreconciliable con la profesión de fe de Pablo. Existe un acuerdo casi universal en el sentido de que “todos somos pecadores y (muchos añaden) pecamos todos los días”. Esta profesión “no evangélica” no puede conciliarse con el evangelio que predicó el apóstol Pablo. NO PUEDES CONSIDERARTE “MUERTO AL PECADO” Y AFIRMAR SER TAMBIÉN PECADOR. Eso sería lo que algunas personas llaman “hablar con ambos lados de la boca”.
Si usted estuviera en la mayoría de las iglesias y dijera: “¡No! ¡No todos somos pecadores! Los redimidos están muertos al pecado y vivos para Dios”, sería tildado de engañado, arrogante, hereje o tonto. Sin embargo, hasta que la iglesia comience a escuchar esas voces, el deslizamiento hacia la inmundicia y la oscuridad que permea el mundo de la iglesia continuará. Cuando “la verdad tropezó en la plaza”2 (Isaías 59:14), permanece allí hasta que alguien la recoja y comience a declararla.
Un hijo de Dios está, de hecho, “muerto al pecado, pero vivo para Dios”. Aunque no “morimos diariamente”, sí necesitamos una renovación diaria en el Espíritu de Dios. Pablo dijo: “…el hombre interior se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). Comemos y bebemos de Cristo diariamente a través de su Espíritu y su palabra, y él es el “pan de vida” y el “agua viva” que nos sostiene mientras caminamos por este mundo presente.
1 En la versión KJV aparece la palabra: “henceforth”, que se traduciría en este versículo cómo: “de ahí o de aquí en adelante”.
2 En la versión KJV dice: “for truth is fallen in the street”, literalmente sería, “Porque la verdad ha caído en la calle.”
Artículo original publicado en inglés el 24 de Mayo de 2019, con el título: Must I Die Daily? (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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