
La iglesia moderna y el apóstol Pablo están en lados opuestos de una disputa irreconciliable. Uno está de acuerdo con los eruditos, teólogos y muchos millones de personas. El otro se basa únicamente en los escritos de los profetas y el evangelio que recibió por revelación de Jesucristo. Si uno tiene razón, entonces el otro es obstinado, arrogante y equivocado. La pregunta es: “¿Cuál es la verdad y cuál es la postura de cada uno de nosotros en todo esto?”
El apóstol Pablo no creía ni predicaba que un hijo de Dios sigue siendo pecador. De hecho, su mensaje era todo lo contrario. De aquellos que afirmaban que los pecadores serían recibidos por Dios, él dijo: “NADIE OS ENGAÑE CON PALABRAS VANAS; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes de ellos.” (Efesios 5:6-7). Él enumeraba los pecados y advertía que cualquiera que hiciera tales cosas no heredaría el reino de Dios (Gálatas 5:21, 1 Corintios 6:9).
Pablo fue inflexible en este punto. Afirmó continuamente que el pecado era algo del pasado para los hijos de Dios. Dijo: “Y esto ERAIS algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11).
En nuestra filosofía religiosa moderna, se plantea la pregunta: “¿Cómo es posible que un cristiano pueda dejar de pecar?” La pregunta de Pablo era exactamente la opuesta a esta. Su pregunta era: “¿Cómo es posible que un cristiano continúe pecando?” Él escribió: “Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:2). Puede que hoy hayas oído que el ladrón del barrio fue asesinado, pero si entra en tu casa esta noche, sabrás que su muerte fue un informe falso. Para Pablo, era impensable e imposible que alguien que de hecho estaba “crucificado con Cristo” pudiera continuar pecando.
Muchos se apresuran a señalar que Pablo se etiquetó a sí mismo como el primero de los pecadores. Lo que no nos dicen es que él mismo calificó esta declaración dos versículos antes, diciendo de sí mismo: “abiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad.” (1 Timoteo 1:13). Pablo confesó ser el primero de los pecadores porque había perseguido a la iglesia, pero también nos deja saber que estas cosas cesaron inmediatamente cuando vino a Cristo. Él dijo: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:10).
Como en todas las iglesias de hoy, Pablo reconoció que en cada una de las iglesias a las que él ministraba, había algunos que “CONFESABAN, PERO NO POSEÍAN”. Jesús había advertido que habría “cizaña” entre el “trigo”, pero también advirtió a los ministros que no buscaran arrancar “la cizaña”, diciendo: “…no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo” (Mateo 13:29). Sin embargo, no se puede permitir que “la cizaña” se apodere de la iglesia. En algunas partes de las epístolas de Pablo se escribió tanto para “la cizaña” como para “el trigo”. Si uno tiene que decirle a una persona que “se abstenga de la fornicación”, no está instruyendo “al trigo”.
Ciertamente, hay momentos en que un ministro debe decirle a una persona que “se aparte de la iniquidad” (2 Timoteo 2:19). Sin embargo, con Cristo es diferente. ¡Cuando Cristo entra, ordena que la iniquidad se aparte de la persona! El pecado, la iniquidad y todo poder de las tinieblas deben huir del corazón de cualquier persona en quien brille la luz de Jesucristo.
Los apóstoles no presentaron a Jesucristo como el “Cordero de Dios que cubre nuestros pecados o toma nuestra culpa y castigo”, sino que lo declararon “el Cordero de Dios que QUITA EL PECADO del mundo” (Juan 1:29). Él es “el Cristo” que “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.” (Tito 2:14).
Los que enseñan que los hijos de Dios siguen siendo pecadores no están en disputa con alguien como yo, sino con los apóstoles de Cristo y el evangelio que predicaron y que “trastornaron el mundo” en su generación.
Artículo original publicado en inglés el 25 de Junio de 2019, con el título: An irreconcilable dispute (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario