
Si quieres entender verdaderamente la gracia que se nos da en la redención, como los Apóstoles, debes mirar a los profetas de Dios que ministraron antes de que Cristo apareciera.
El apóstol Pedro nos dice que el “Espíritu de Cristo” estaba en los profetas, hablando de la gracia que nos sería concedida. Él dijo: “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación” (1 Pedro 1:10). La gracia de Dios está definida para siempre, no por un teólogo que presenta una teoría, sino por lo que “el Espíritu de Cristo que estaba en ellos (los profetas) el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” (1 Pedro 1:11). El apóstol Juan identificaría más tarde estas profecías como “el testimonio que Dios ha dado acerca de su hijo” (1 Juan 5:10).
Según Pedro, la gracia de nuestra salvación se revela en lo que dijeron los profetas acerca de “los sufrimientos de Cristo y la gloria que vendría tras ellos”. Este doble mensaje es el corazón, el alma y el cuerpo del evangelio de Cristo. Entenderlo es conocer “la verdad” que Jesús dijo: “¡os hará libres!” Todos sabemos que los profetas hablaron de los sufrimientos de Cristo, pero ¿qué hay de “la gloria que vendría tras ellos”?
En la frase “la gloria que vendría tras ellos”, las palabras “que vendría tras” no hablan de algo que vendría en un tiempo posterior. El significado real de la palabra que Pedro usó es “acompañar” o “estar unido a”. No es correcto ver esto como una persona que sigue a otra por un camino. Se ilustra correctamente como si dos personas estuvieran caminando juntas. ¡Donde está una, también está la otra! Lo mismo sucede con los sufrimientos de Cristo y la gloria que Dios prometió. Siempre están juntos.
La primera profecía de los “sufrimientos de Cristo y la gloria que los acompañaría” fue dada el mismo día que Adán transgredió contra Dios. Dios le habló a la serpiente, diciendo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” (Génesis 3:15). Aquí vemos los sufrimientos de Cristo en que su carne humana fue inmolada en una cruz, pero también encontramos la “gloria que sigue” en que Cristo fue crucificado “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). El apóstol Juan también nos dice que “para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 Juan 3:8). Juan fue muy claro. El pecado es la obra preeminente del diablo, y el pecado es lo que Cristo destruyó en la cruz (1 Juan 3:8, Romanos 6:6).
Esta sencilla profecía de un redentor que destruiría al diablo y sus obras al herir la cabeza de la serpiente es el fundamento sobre el que se construyen todas las demás profecías de redención. Todos los apóstoles comprendían que cualquier gracia que no destruyera a Satanás y sus obras no podía ser la gracia de la redención. Tal gracia sería débil y no tendría la gloria que Dios había prometido.
Daniel vio los sufrimientos de Cristo cuando Gabriel dijo que “se quitará la vida al Mesías, mas no por sí…” (Daniel 9:26), pero también vio la “gloria que seguiría” a los sufrimientos de Cristo cuando Gabriel prometió que Cristo vendría para “…poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable (eterna)…” (Daniel 9:24). ¡Una gracia que no te trae esta gloria no puede ser la gracia que Dios prometió que vendría!
Muchos de los otros profetas vieron “los sufrimientos de Cristo y la gloria que vendría tras ellos”, pero ninguno tan claramente como el profeta Isaías. SUFRIMIENTOS DE CRISTO: “…de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer…” (Isaías 52:14). GLORIA QUE SIGUE: “así asombrará1 él a muchas naciones…” (Isaías 52:15). SUFRIMIENTOS DE CRISTO: “…fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.” (Isaías 53:8). GLORIA QUE SIGUE: “…por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos…” (Isaías 53:11).
Después de que Isaías vio los sufrimientos de Cristo, sobre los cuales escribió en Isaías 53, comenzó a ver cada vez más la gloria que siguió como resultado de los sufrimientos de Cristo. Oyó a Dios hablar a la iglesia, diciendo: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.” (Isaías 60:1). Vio que los redimidos serían “todos ellos justos” (Isaías 60:21). Dijo: “Y todos tus hijos serán enseñados de Jehová” (Isaías 54:13). “Ninguna arma forjada contra ti prosperará…” y “…su salvación2 de mí vendrá” (Isaías 54:17). Isaías oyó a Dios hacer una promesa a Cristo y a su pueblo, diciendo: “El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre.” (Isaías 59:21).
Algunos erróneamente toman la gloria de estas profecías y las aplican a Israel o incluso al reinado milenial de Cristo. Al hacerlo, pasan por alto la verdad y el poder de la gracia de Dios. Pedro dijo: “A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.” (1 Pedro 1:12). ¡Estos profetas estaban hablando de la gloria que vendría a nosotros por medio de los sufrimientos de Cristo!
Durante más de una generación, la gloria que los profetas predijeron no se ha visto en la iglesia. Los escándalos, la inmundicia, el engaño, los chismes y la especulación se han vuelto casi normales. Hay multitudes que luchan todos los días buscando por medios carnales agradar a Dios. Hay aún más que son lascivos y se glorían en la falsa creencia de que el pueblo de Dios sigue siendo pecador. Pero ¿dónde se encuentran aquellos a quienes Jesús prometió que serían liberados? La razón por la que prevalecen las tinieblas en esta generación es en realidad muy simple. La gloria que Dios prometió solo acompaña “los sufrimientos de Cristo”. Cristo nunca sufrirá nuevamente, pero es la predicación de la cruz la que “es poder de Dios” (1 Corintios 1:18). Hasta que el poder de la cruz que destruyó tanto al pecado como a Satanás junto con el poder de la sangre que santifica al pueblo se prediquen nuevamente de manera plena y sin vergüenza en nuestras tierras, las tinieblas prevalecerán. Pero si no tenemos miedo de declarar con valentía el poder de los sufrimientos de Cristo, ¡veremos que la gloria todavía sigue!
1 En la KJV aparece cómo “sprinkle”, es decir, “rociará”
2 En la KJV aparece la palabra “righteousness”, es decir, “justicia”
Artículo original publicado en inglés el 7 de Agosto de 2019, con el título: The Glory that Follows (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario