
Recientemente, el hermano Leroy Surface compartió un sueño en el que vio una congregación de personas adorando a Dios. Al escuchar más de cerca, se dio cuenta de que algo era muy extraño. Las palabras que hablaban y la música a la que cantaban eran muy hermosas, pero sus voces eran mecánicas, como las voces robóticas en las películas de los años 70 y 80. No había adoración verdadera en absoluto. Todo había sido entrenado. Todo estaba programado como si lo hubiera generado una computadora.
Muchos ven la mente humana como un procesador de datos altamente avanzado. Si ingresas buenos datos, obtienes buenos resultados; si ingresas datos malos, obtienes malos resultados. Hay ciertas verdades en esta visión de la mente, y en cierta medida limitada puede probarse en todas las áreas de la sociedad, pero una acumulación de “muchas verdades” no equivale a “la verdad”, la cual Jesús dijo que “os hará libres” (Juan 8:32).
En general, la iglesia ha adoptado esta misma visión de la mente cristiana. Cuando una persona hace una profesión de fe en Jesucristo, la iglesia declara inmediatamente que es una nueva creación en Cristo Jesús. Le dicen que ahora es justa ante los ojos de Dios y que nunca será juzgada por sus pecados. Supuestamente, esta profesión ha cambiado todo acerca de su relación con Dios y su destino eterno, pero, por alguna razón, sus pensamientos y deseos son tan injustos como siempre. “Esto es normal,” le dicen, “No verás la manifestación de ser una nueva criatura hasta que hayas pasado por el proceso de ‘renovar tu mente’”.
Entonces comienza el proceso de reprogramar nuestro “procesador de datos.” Empieza a borrar lo malo e introducir lo bueno. Principios, preceptos, confesiones, etc. La lista de “programas de recuperación” parece aumentar día a día. Todo tiene sentido. La mente debe ser “reprogramada” antes de que el buen fruto de Cristo pueda manifestarse en nuestra experiencia como debería ser. Parece haber solo una voz disidente respecto a esta visión de la mente. Vino de alguien llamado Jesús de Nazaret.
Jesús dijo: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (Marcos 7:21-23). Jesús deja claro que los “malos pensamientos” en la mente no son meramente el resultado de datos incorrectos. Las cosas que operan en tu mente proceden de tu corazón. De hecho, todo lo que contamina a una persona viene de su corazón; …y no de su mente. La naturaleza del pecado en el corazón es como un generador, que produce el mal que allí se almacena. El corazón distribuye su contenido a la boca, la mente, las manos y los ojos. Llena a toda la persona con lo que posee. Esto nunca cambiará hasta que el pecado en el corazón sea “quitado.” (Juan 1:29).
Jesús lo confirma diciendo nuevamente: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6:45). Lo que hablas, lo que piensas y lo que haces, todo depende de lo que hay almacenado en tu corazón. Puedes intentar cambiar tu hablar, tus pensamientos y tus acciones, pero estos esfuerzos son “trapos de inmundicia” de “justicias” humanas si el corazón no ha sido lavado del pecado por la sangre de Cristo. Sin embargo, cuando tu corazón es cambiado, todo cambia. Esto también incluye tus palabras, tus pensamientos y tus acciones.
Los términos de la redención fueron revelados cuando Dios dijo: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:26-27). Esto es lo que sucede en la verdadera salvación. Tienes un “generador” diferente dentro de ti. Es un corazón nuevo. ¡Es Cristo en ti!
Recibir un nuevo corazón no es un proceso. ¡Es el milagro de la salvación! Según el apóstol Pedro, los corazones de Cornelio y los que estaban con él fueron purificados por la fe en el momento en que creyeron, justo antes de que el Espíritu Santo descendiera sobre ellos (Hechos 15:8-9). Un hijo de Dios no se compone de los datos que se le han programado. Son nuevas criaturas, con un nuevo corazón, un nuevo espíritu, ¡y la vida de Dios surge desde dentro, llenando todo su ser!
Artículo original publicado en inglés el 23 de Octubre de 2019, con el título: The Mind and the Heart (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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