97. ¡Gracia, Gracia a ella!

Décadas atrás, escuché a un famoso ministro enseñar sobre “Salvados por gracia, pero recompensados por obras”. Su enseñanza era que entramos al cielo por gracia, porque cubre las fallas, faltas y pecados de aquellos que creen en Jesús, pero que cuando finalmente lleguemos al cielo, nuestra recompensa estará basada en las obras que hayamos realizado trabajando para el Señor.

Mientras escuchaba, me vino a la mente la imagen de una madre criando sola a sus hijos, cuya “única” contribución al reino parecía ser su vida piadosa y su fidelidad en la oración e intercesión ante Dios. También me vino otra imagen: la de un “gran” predicador que predicaba a decenas de miles de personas, pero que era muy altivo y cuya vida estaba llena de pecado oculto. En este escenario, ambos murieron y fueron al cielo debido a la “gracia de Dios.” Cuando llegaron, la mujer recibió una modesta cabaña por su pequeño servicio en la tierra, mientras que el “gran predicador” recibió una mansión, riquezas y gran autoridad debido a las “grandes cosas” que había hecho para Cristo. 

Al considerar esto, me dije: “Hay algo muy mal en esta enseñanza. Revela una total falta de comprensión tanto de la gracia como de las obras.” Como nota adicional, a los pocos meses, el ministro del cual escuché esta enseñanza fue expuesto por estar en una condición muy inmoral.

El apóstol Pablo, quien se consideraba a sí mismo el principal de los pecadores porque en otro tiempo había perseguido a la iglesia, nos habla más sobre la gracia que cualquier otro escritor de la Biblia. Él dijo de sí mismo: “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1 Corintios 15:9-10).

El primer testimonio de Pablo sobre la gracia de Dios en el pasaje anterior es su transformación de alguien que estaba lleno de “amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hechos 9:1) a un apóstol de Cristo que daría su vida por causa del evangelio. Cuando Pablo fue “salvo por gracia,” su odio fue lavado, y “en seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios.” (Hechos 9:20). Pablo no era un pecador cubierto por la gracia. Era una nueva creación que había sido liberada del pecado por la gracia de Dios. Él diría a otros sobre esta gloriosa libertad, diciendo: “el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14).

La gracia de Dios en la vida de Pablo era evidente para todos. Él dijo: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:10). También dijo que él “…renunció a lo oculto y vergonzoso; no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad, recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.” (2 Corintios 4:2). Esta manifestación de gracia no era solo en su “vida pública,” sino también en los momentos más difíciles. Escribió: “Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1 Corintios 2:3-4). Parece que todos tienen gracia cuando las cámaras están encendidas, pero los redimidos manifiestan la gracia de Dios incluso en sus momentos más difíciles y en sus horas más privadas.

El hecho de que la salvación no sea por obras no significa que la gracia no opere en nosotros. De hecho, Pablo dijo que la gracia que estaba con él “trabajó más abundantemente” que en todos los demás apóstoles. El apóstol nos da una maravillosa comprensión de la gracia en los siguientes tres versículos.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios (Efesios 2:8). Nuestra liberación del pecado, de Satanás y del poder de las tinieblas es totalmente obra de la gracia, la cual recibimos simplemente creyendo en el evangelio de Cristo.

“No por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:9). No hay nada que podamos hacer para ayudar o producir la gloriosa salvación que la gracia trae al creyente, más que creer en el evangelio y confiar en Cristo.

“Porque somos hechura suya…” (Efesios 2:10). La transformación que viene con la salvación es completamente obra de la gracia. El mismo Dios que creó los cielos y la tierra, toma a un pecador y lo transforma en una nueva creación a través del milagro de la salvación. ¡Somos su hechura!

“…creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10). Incluso nuestros trabajos en el servicio de Cristo son por la gracia de Dios. Pablo dijo que él fue “…hecho ministro, según el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.” (Efesios 3:7). El mismo Dios que dio la gracia que libró a Pablo del pecado, le dio la gracia que lo transformó en el mayor de los apóstoles. Por eso Pablo dice de sus labores, “…pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.

Todo lo de valor eterno en nuestra caminata con Dios es por gracia. Pablo preguntó: “…¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Corintios 4:7). Desde la salvación hasta el servicio, si no es por gracia, no es de Dios. Esto se revela en la siguiente profecía hablada sobre Zorobabel, quien estaba reconstruyendo el Templo en Jerusalén.

Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella.” (Zacarías 4:6-7)

Artículo original publicado en inglés el 12 de Diciembre de 2019, con el título: Grace, Grace unto It! (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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