
Un día recibí la visita de dos misioneros mormones. Me hablaron de sus profetas y de la gran revelación que le fue dada a Joseph Smith. Uno de ellos me ofreció una Biblia mormona y me preguntó si la leería y oraría para saber si era la verdad. Le dije: “¡No!”. “¿Por qué no?”, preguntó. Lo siguiente es un resumen de mi respuesta.
Antes de que la primera generación de la iglesia hubiera pasado, Judas tuvo que exhortar a los santos a “…que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 1:3). En este pasaje, Judas deja claro que la verdad del evangelio ya había sido entregada a los santos. Sin embargo, menos de cuarenta años después de la resurrección de Jesús, el glorioso mensaje del evangelio de Cristo estaba siendo corrompido por aquellos con una “nueva revelación.” Esta “nueva revelación” llevaría a la iglesia a la edad oscura. Judas no estaba dirigiendo a los santos a buscar algo nuevo en el futuro, sino a regresar a lo que ya había sido dado a través de los primeros apóstoles y profetas de Jesucristo.
El apóstol Pablo habló con valentía del evangelio que predicaba, diciendo: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.” (Gálatas 1:11-12). Tan absoluto era el evangelio que él predicaba, que Pablo declaró: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” (Gálatas 1:8). (José Smith afirmó haber recibido sus escritos de un ángel).
Los primeros apóstoles fueron los que pusieron el fundamento. Ellos predicaron: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” (Mateo 16:16). Su mensaje es el fundamento del evangelio para cada generación de la iglesia. Pablo dijo: “Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” (1 Corintios 3:10-11). Un mensaje diferente del evangelio que Pablo predicó no es ningún fundamento en absoluto.
El apóstol Juan fue igualmente audaz. Dijo: “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.” (1 Juan 4:6). Juan escribió estas palabras en la misma carta en la que también dijo: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1 Juan 3:8-9). ¿Crees estas palabras que escribió Juan? ¡Si conoces a Dios, sí las crees!
La cuestión no es si José Smith, o cualquier otra persona, recibió su revelación de un ángel, en una visión o escuchó una voz del cielo. La única pregunta es si su revelación es la misma que fue entregada a los santos originalmente y registrada en las Escrituras. Si no lo es, como dijo Pablo, que sean anatema quienes la traen. Les dije a estos dos hombres: “Hasta que estén dispuestos a creer en la palabra de Dios por encima de ‘su profeta,’ nunca conocerán la verdad, la cual Jesús dijo que ‘os hará libres’”. (Juan 8:32).
Los mormones tienen a sus “hombres” a quienes miran como medida de la verdad, pero no son los únicos que lo hacen. Muchos se indignan porque los mormones “absurdamente miran a sus profetas como medida de la verdad,” pero ellos mismos siguen a Juan Calvino, Martín Lutero, John Wesley, o algún otro “gran” maestro de la Biblia. Si su líder lo dijo, no se debe cuestionar.
Otros pueden no tener a una persona específica a quien siguen, sino que tienen a “los padres.” Esto generalmente se refiere a una denominación o movimiento religioso en particular. Hace muchos años, un anciano pastor de las Asambleas de Dios, a quien amaba profundamente, me dijo que no debía cuestionar lo que los hombres de Dios en el concilio general habían decidido que era “la verdad.” Le respondí con la Escritura: “De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso…” (Romanos 3:4).
No es que muchos de los que nos precedieron no hayan sido hombres y mujeres de Dios; es que ellos no son la medida de la verdad. ¡Dios y Su palabra lo son! Martín Lutero vio una gran verdad que ayudó a liberar a millones de la oscuridad que llenaba la iglesia de su tiempo. En la historia del mundo, sería raro encontrar a alguien que haya dado un paso tan gigante y valiente como el que él dio, sin embargo, también hubo mucho que Lutero no vio y que incluso estuvo absolutamente equivocado. Aquellos que ponen a Lutero como la medida de la verdad pueden adherirse a la verdad que él vio, pero también están atrapados en su ceguera. La única manera de honrar a un hombre como Martín Lutero es hacer como él hizo y creer en Dios por encima de los hombres, sin importar el costo.
Siempre me enseñaron a “pararme sobre los hombros de gigantes”. Si haces esto, puedes ver más de lo que ellos fueron capaces de ver. Sin embargo, muchos están atrapados “bajo la sombra” de sus padres. Tal vez tengan miedo de deshonrar a sus padres al ver más de lo que ellos vieron. Sin embargo, creo que la mayor manera de deshonrar a un hombre o una mujer de Dios es que quienes los honran defiendan su palabra por encima de la Palabra de Dios. Nunca tengas miedo de ver más en la Palabra de Dios que lo que aquellos que te enseñaron vieron. ¡Ellos pueden haber recorrido el camino a través del desierto para que tú puedas pararte sobre sus hombros y ver la Tierra Prometida!
Este mensaje no es un llamado a que alguien busque una nueva revelación. Es un llamado para que hombres y mujeres desempolven su Biblia, la lean y crean en lo que dice. Miremos atrás a “la fe” que una vez fue entregada a los santos. Descubre por ti mismo lo que Jesús, Pedro, Juan, Pablo y los profetas dijeron sobre el evangelio. ¡Investiga las riquezas inescrutables de Cristo!
Artículo original publicado en inglés el 11 de Enero de 2020, con el título: “On Their Shoulders” or “In Their Shadow” (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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