104. La Senda Eterna

Cuando mis cuatro hijos eran pequeños, visitamos un parque estatal en el norte de Arkansas. Mientras caminábamos por un sendero en el terreno montañoso, llegamos a una enorme formación rocosa que tenía una pendiente redondeada y descendía hasta un arroyo, a unos 60 metros más abajo. El área estaba acordonada, y mi esposa y yo estábamos leyendo un cartel de advertencia cuando escuchamos a nuestro hijo Tyler, de cuatro años, gritar: “¡Mamá, mira!”. Levantamos la vista y lo vimos de pie mucho más allá de la barrera, en la parte inclinada de la formación rocosa. Podría haberse resbalado fácilmente y deslizado por la pendiente hasta su muerte. Mi esposa y yo quedamos en shock, y permanecimos en silencio por unos segundos, temiendo que cualquier movimiento brusco pudiera hacer que resbalara. “Tyler, ven aquí ahora mismo”, dije con calma y firmeza. Simplemente subió por la pendiente de la roca y salió rápidamente del peligro… excepto, quizás, del enojo de su madre.

El apóstol Pablo instruyó a aquellos que habían sido recientemente disciplinados por el Señor a “…levantar las manos caídas y las rodillas paralizadas; y hacer sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino…” (Hebreos 12:12-13). Estos habían sido corregidos, y algunos incluso azotados. Ahora era el momento de ponerse de pie y comenzar a caminar como sabían que debían hacerlo. Les dijo que “hagan sendas derechas para vuestros pies”.

Las palabras “sendas derechas” deben referirse a las profecías dadas sobre el ministerio y la obra de Cristo en la tierra. Juan el Bautista fue la “voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, y se bajará todo monte y collado; los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; y verá toda carne la salvación de Dios.” (Lucas 3:4-6; Isaías 40:3-5). Esta profecía sobre “el camino del Señor” declaraba que habría un camino sin “montes”, “valles”, ni lugares “torcidos” o “ásperos”. Sería un camino que cualquiera podría recorrer.

Isaías también habló de este camino, diciendo: “Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos.” (Isaías 62:10). Esta “calzada” sería un camino donde se habrían removido las “piedras de tropiezo”. Un niño podría caminar por este camino, junto con los ancianos y los débiles de cuerpo. Sería una senda por la cual cualquiera podría viajar. Aquellos que caminaran por este camino serían llamados “Pueblo Santo, Redimidos de Jehová…” (Isaías 62:12).

Dios llamó a esta “calzada”, o camino, el “Camino de Santidad” (Isaías 35:8). Es importante notar que no dijo “la santidad es el camino”, sino que este es el “Camino de Santidad”. Jesucristo es “el camino” (Juan 14:6), y aquellos que caminan en Él han encontrado “el Camino de Santidad” mediante el poder santificador de Su sangre derramada (Hebreos 13:12). No hay peligro en esta “calzada”. La Escritura dice: “No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos.” (Isaías 35:9). Es cierto que Satanás es como “león rugiente …buscando a quien devorar”, pero él no puede devorar a los que caminan en este camino porque no tiene lugar en esta calzada. ¡No hay diablo en el reino de Dios! Si estás caminando en Cristo, no eres alguien a quien Satanás pueda devorar.

Estas profecías hablan de un lugar, que es Cristo, donde “…librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos (a Dios), en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días” (Lucas 1:74-75). Es un camino que cualquiera puede recorrer si simplemente cree en el evangelio y confía en Cristo. No hay acantilados ni trampas en este camino. No necesitas ser lo suficientemente fuerte para escalar una montaña o atravesar valles oscuros. Es un camino recto y sencillo, preparado en Cristo para el pueblo de Dios.

Aquellos que habían sido “disciplinados por el Señor” eran como mi hijo Tyler. Habían abandonado el “camino del Señor” y habían elegido su propio camino, o fueron guiados allí por pastores insensatos. Es un camino donde los “niños,” los “débiles,” y los “cojos” caían al borde del camino; muchos incluso perecían en el trayecto. En un intento por buscar emoción o parecer “relevantes” para este mundo, muchos hoy están guiando al pueblo por “acantilados” espirituales y caminos llenos de “piedras de tropiezo” que destruyen el alma. Estamos perdiendo a nuestros hijos en masa mientras nuestras iglesias los entrenan para caminar, lucir y actuar como el mundo. El pueblo cristiano no piensa nada del consumo de alcohol, las apuestas, las fiestas y cosas semejantes, sin considerar las trampas que están al acecho para destruir el alma. Es raro encontrar a alguien que sepa lo que es simplemente caminar en la presencia de Dios. Las personas quieren caminar como un “temerario,” y eso es exactamente lo que el diablo se atreve a desafiarnos a hacer.

Dios instruyó al pueblo, diciendo: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jeremías 6:16). Las palabras “sendas antiguas” no se refieren solo al camino que tus padres o abuelos pudieron haber recorrido. La palabra “antiguas” se traduce mejor del hebreo como “eternas.” Dios estaba diciendo: “¡…pregunten por las sendas eternas!” ¡Es el “buen camino”! Es un camino de libertad y victoria. Cualquiera que crea en el evangelio puede caminar por este camino. Es para “todo aquel que quiera”. Es la “calzada” que Dios preparó para su pueblo mediante la sangre derramada de Jesucristo, y quienes caminan por ella “hallan descanso para su alma”.

Artículo original publicado en inglés el 19 de Febrero de 2020, con el título: The Everlasting Path (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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