
Cuando consideramos el costo de nuestra redención, miramos con razón a los sufrimientos y la muerte de Jesucristo en la cruz. Este costo es referido en las Escrituras como un “rescate”. Este “rescate” no fue pagado a nadie, sino que habla de lo que se necesitó para destruir a nuestro adversario, el diablo, y librarnos de la tiranía del pecado. Sin embargo, tan horribles como fueron los azotes y la muerte por crucifixión, estos terminaron después de un período de tiempo. Existe, sin embargo, un precio que Cristo pagó por nuestra redención mucho antes de que cayera el primer azote sobre su espalda. Este puede ser el verdadero costo eterno de nuestra salvación.
El apóstol Juan comienza su descripción de Cristo diciendo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1:1-3). ¡Cristo, el VERBO (la expresión divina), estaba con Dios y era Dios!
Pablo nos dice que Cristo, “…siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse.” (Filipenses 2:6). Cristo no estaba en forma de hombre. Él estaba en forma de Dios. La afirmación “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” nos dice que Él no usó su condición cómo excusa para seguir siendo igual a Dios. Seré el primero en decir que hay mucho que no entiendo acerca de las cosas de la “Divinidad.” También diré que aquellos que creen tener estas cosas resueltas, probablemente solo se han engañado a sí mismos.
Pablo continúa este pasaje diciendo que Cristo, quien estaba “en forma de Dios”, “…se despojó a sí mismo”. Esta frase significa literalmente “vaciarse”. Cristo se vació de su gloria y poder, y “…tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7). Aquel por quien “todas las cosas fueron hechas” se vació a sí mismo para poder ser como su creación. Cristo renunció a “la forma de Dios” para tomar “la forma de un siervo”. La Biblia dice: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos…” (Hebreos 2:17).
La muerte de Jesús en la cruz no fue para cumplir un “requisito” de que un hombre perfecto muriera por nuestros pecados. Tal muerte no habría logrado nada. Nuestra redención solo podía lograrse mediante la muerte de aquel por quien fuimos creados. Dios tendría que dar su vida para destruir la obra de Satanás. Tendría que derramar su sangre para limpiarnos de nuestro pecado. Esto representaba un gran problema porque Dios no puede morir y no tiene sangre para derramar. Esta es la razón por la cual “el Verbo (Cristo) fue hecho carne” (Juan 1:14). Cada “cuerpo” humano tiene no solo una madre, sino también un padre. El cuerpo y la sangre que fueron ofrecidos en el Calvario no eran simplemente los de un hombre natural. De hecho, era el cuerpo santo y la sangre santa del Hijo de Dios, quien era, en realidad, “el Señor del cielo” (1 Corintios 15:47).
Cuando Cristo fue “hecho carne” y “tomó forma de siervo”, esto fue una humillación eterna. Esto fue confirmado cuando Esteban vio “los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que estaba a la diestra de Dios” (Hechos 7:56). El término “Hijo del Hombre” siempre se refiere a alguien que es “nacido de mujer”. Jesucristo está al lado del Padre, pero sigue estando en la “semejanza de los hombres”. Cuando el apóstol Juan vio a Jesús en el Apocalipsis, él era “semejante al Hijo del Hombre” (Apocalipsis 1:13). Él será eternamente “en la semejanza de los hombres” y no “en forma de Dios”.
Hay aún más evidencia bíblica del asombroso precio de nuestra redención. El apóstol Pablo nos dice que Cristo “…debe reinar, hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1 Corintios 15:25). Pero cuando el último enemigo sea destruido, “…también el Hijo mismo se sujetará a aquel que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:28). Sé que este versículo hará que un teólogo se revuelva en su tumba mientras está sentado en su banca, pero sigue siendo la palabra de Dios. Cristo, quien en el principio “…no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:6), morará eternamente “…sujeto a aquel que le sujetó a él todas las cosas…”. Esto es lo que Cristo entregó por ti. Este es el costo de tu redención. Solo estoy señalando lo que claramente dice la palabra de Dios. Con estas cosas en mente, recordemos todos las palabras del apóstol: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3).
Artículo original publicado en inglés el 8 de Marzo de 2020, con el título: The Staggering Cost of Redemption (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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