
Es imposible que alguno de nosotros dé algo que no poseemos. Si estamos vacíos entonces no tenemos nada para compartir. Esto es especialmente importante de entender en el área del ministerio espiritual. Una persona solo puede ministrar aquello que está obrando en su propio corazón y espíritu. Si el espíritu que está obrando en nosotros no es de Dios, es imposible que ministremos algo de Dios a las personas. Jesús dijo que por sus frutos los conocerían, porque «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.» (Lucas 6:45).
Cuando Pedro y Juan encontraron al hombre cojo que estaba en la puerta llamada la “Hermosa,” Pedro le dijo algo que revela uno de los mayores secretos del ministerio. Le dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy” (Hechos 3:6). Solo porque Pedro había recibido algo de Dios, el hombre cojo fue sanado y entró “…andando, saltando, y alabando a Dios” (Hechos 3:8). El apóstol Pablo confirma esto al decir: “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero”1 (2 Timoteo 2:6). Si un ministro no posee personalmente las realidades de Cristo, es imposible que ministre la realidad de Cristo a otros.
Juan, el apóstol, al escribir sobre el “amor,” dijo: “que es verdadero en él y en vosotros” (1 Juan 2:8). El amor de Dios no solo es una realidad en Cristo, sino que también es una realidad en aquellos que conocen a Cristo. De hecho, toda realidad que es verdadera en Cristo también lo es en quienes le conocen. Si la justicia es verdadera en Cristo, entonces la justicia también es verdadera en su pueblo. Por esta razón, Juan escribió: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1 Juan 3:7). Las palabras que habla un ministro son de vital importancia, pero si lo que hablan no es “verdadero” en ellos, su ministerio no es un ministerio verdadero. Cuando una persona así comienza a ministrar, solo puede dar lo que posee en su corazón, independientemente de lo que diga con su boca.
Durante los últimos años, ciertos ministerios han publicado encuestas que indican que alrededor del 68% de los hombres y más del 50% de los pastores en iglesias evangélicas admiten consumir pornografía de manera regular. Aunque confieso tener algo de escepticismo sobre estas cifras, hay algo seguro: la multitud de pastores involucrados en la pornografía es la razón por la cual muchos en la congregación están atrapados en una oscuridad tan terrible. Si los pastores tienen un corazón impuro, aquellos que reciben su ministerio están bebiendo de una fuente contaminada. Un ministro impuro es una fuente de impureza que fluye hacia aquellos que se alimentan y beben en su mesa.
Después de que Dios rechazó a Saúl como rey de Israel, la Biblia dice: “el Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová” (1 Samuel 16:14). Saúl había desobedecido la palabra de Dios, así que Dios lo entregó a un espíritu maligno. Lo asombroso de esto es que cuando el espíritu maligno vino sobre Saúl, él profetizó, igual que cuando el Espíritu de Dios venía sobre él. La diferencia es que ahora un espíritu maligno era la fuente de sus profecías. El rey Saúl había dejado de ser un instrumento de Dios y se convirtió en un instrumento de un espíritu inmundo. Fue mientras este espíritu maligno estaba sobre Saúl que intentó matar a David con una lanza (1 Samuel 18:10-12). Un ministro que es impuro de corazón puede tener manifestaciones sobrenaturales, pero puedes estar seguro de que sus “manifestaciones” no provienen de Dios, sino del mismo espíritu que obra la impureza en él.
El ministerio no es un ejercicio intelectual, ni es producto del talento o de la habilidad cinematográfica. Lamentablemente, esto se ha convertido en el caso en muchos lugares. El ministerio verdadero debe proceder del Espíritu de Dios. Si no es así, es mera actividad religiosa. Cuando un ministro se conforma con algo menos que la realidad de Cristo, eso es exactamente lo que obtendrá. Pero ese ministro debe tener cuidado. Pablo hablaba primero de los ministros cuando escribió: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10). Todo ministro, incluyéndome a mí, será juzgado, no solo por lo que ha hablado, sino por lo que ha dado. “Lo que tengo, te doy”.
1 N.T. Este texto en la versión en inglés KJV, aparece cómo: “The husbandman that laboureth must be first partaker of the fruits”. Literalmente se traduce cómo: “El labrador que trabaja debe ser el primero en participar de los frutos”. De ahí el énfasis dado en el texto diciendo que es necesario que el ministro primero posea y experimente algo espiritual antes de poder ministrar a otros.
Artículo original publicado en inglés el 19 de Abril de 2020, con el título: Such as I Have (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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