111. Lo que el perdón no podía hacer

Perdonado

El perdón de Dios es algo poderoso. Sin él, ninguno de nosotros podría tener comunión con Dios. De hecho, todos estaríamos eternamente perdidos. Sin embargo, por maravilloso que sea el perdón de Dios, hay algo que no pudo lograr. Ese “algo” se llama redención.

El apóstol Pablo utilizó en múltiples ocasiones un argumento particular para revelar el propósito y el poder de los sufrimientos de Cristo. Él presenta que Cristo murió para lograr una obra que nada más podía alcanzar. De hecho, si el propósito por el cual Cristo murió pudiera haberse logrado de otra manera, entonces la muerte de Cristo habría sido innecesaria y sin motivo. Las palabras de Pablo fueron: …entonces por demás murió Cristo (Gálatas 2:21).

Lo que la sangre de los animales no podía hacer: La creencia común de que la sangre de Cristo cubre el pecado se basa en la palabra “expiación”, tal como se utiliza en los escritos de Moisés. La palabra hebrea de la cual se tradujo “expiación” significa “cubrir”. Basándose en esa definición del Antiguo Pacto, a muchos les parece lógico asumir que la sangre de Cristo cubre el pecado. Sin embargo, Pablo es claro al decir que Cristo derramó su sangre para hacer lo que era imposible para la sangre de los animales. Él escribió: porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados (Hebreos 10:4). Si Dios hubiera querido simplemente cubrir tus pecados, no habría enviado a Su Hijo y te habría permitido ofrecer otro cordero. Pero como Él quiso que tu pecado fuera “quitado” y “lavado” de tu corazón, envió a Su Hijo para hacer lo que la sangre de cabras y corderos jamás podría lograr.

Lo que la Ley no podía hacer: La Biblia dice: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3). La Ley podía juzgar al pecador y tenía el poder de dar muerte al pecador, pero no podía juzgar ni destruir el pecado que estaba en el pecador. Por eso Dios envió a Su Hijo para hacer precisamente eso. A través de Jesucristo, Dios cumplió Su juicio sobre el pecado dentro de nosotros sin condenarnos en el proceso. Él destruyó el pecado que estaba en nosotros y nos hizo libres (Romanos 6:6-7). ¡Nunca ha existido una ley que pueda hacer algo así!

Lo que el castigo y la ira no podían hacer: El mismo Dios que “es amor” (1 Juan 4:8) también es “fuego consumidor” (Hebreos 12:29). A causa de su gran iniquidad, Dios destruyó a toda la humanidad en el diluvio, excepto a los ocho que fueron reunidos en el arca. Podría pensarse que tal manifestación de ira cambiaría todo, pero no cambió nada. En unas pocas generaciones, la humanidad era tan perversa como siempre. ¿Recuerdas a Sodoma y Gomorra? Una vez más, Dios mostró Su gran ira, pero nuevamente fue olvidada pronto. Lo mismo ocurrió con los hijos de Israel. La Biblia dice: “Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya, Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor. Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto.” (Salmos 78:34-37). Ellos se arrepentían y hacían promesas a Dios, pero todo era una mentira. Cuando la ira se desvanecía, también lo hacía su arrepentimiento. Si Dios iba a tener un pueblo especial, sería necesario algo que hiciera lo que el “castigo” jamás podría lograr.

Lo que el perdón no podía hacer: Algunos presentan el evangelio como si el perdón de los pecados hubiera comenzado cuando Jesús murió en la cruz, o como si el propósito de Su muerte fuera perdonar pecados. ¿Acaso no saben que Dios siempre ha perdonado pecados? Dios se proclamó a Moisés diciendo: “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” (Éxodo 34:6-7). En muchas ocasiones, los hijos de Israel pecaron y se rebelaron contra Dios, pero la Biblia registra: ”Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo.” (Salmos 78:38). Sin embargo, después de cada ocasión en que eran perdonados, volvían a su iniquidad. El perdón trata con tu pasado, pero no puede cambiar lo que eres en tu corazón. Para cambiar a la humanidad, Dios tendría que hacer lo que ni siquiera el perdón podía lograr.

La obra de Cristo: En los días de Ezequiel, Dios reveló algo que haría y que nada más había logrado. Él dijo: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:25-27). Para lograr el cambio que Dios deseaba, era necesario algo que pudiera lavar al pueblo de toda su iniquidad, quitar su corazón duro y darles un corazón y un espíritu nuevo. Solo entonces andarían en los estatutos de Dios y cumplirían Sus preceptos. Pero ¿qué podría hacer una obra tan asombrosa después de que tantas otras cosas habían fallado?

La respuesta a la pregunta anterior es sencilla. Es la razón por la cual Jesucristo murió en la cruz y derramó Su preciosa sangre. La palabra de Dios dice: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12). Cuando Jesucristo murió en la cruz para purgar el pecado de nuestro corazón y nuestra naturaleza, Él hizo lo que nada más podría hacer. ¡Nos hizo libres!

Artículo original publicado en inglés el 14 de Mayo de 2020, con el título: What Forgiveness Could Not Do (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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