
El profeta Isaías nos habló de un cierto tipo de personas que “…hicieron pecar al hombre en palabra…” (Isaías 29:21). Si decías una palabra equivocada, te declaraban transgresor. Dijo que “buscan la iniquidad”1, lo que significa que dedicaban su tiempo a buscar faltas en los demás.
Jesús se encontró con este tipo de personas durante su ministerio terrenal. Tenían “pruebas de pecado” que el mismo Jesús no pasó. Considera que Jesús fue declarado pecador porque sanaba a los enfermos en día de reposo. Sus discípulos fueron condenados porque, al caminar por un campo en día de reposo, “…comenzaron a arrancar espigas y a comer” (Mateo 12:1). También fueron condenados porque comían con “manos inmundas.” Incluso Jesús fue declarado como “un hombre comilón y bebedor de vino” (Lucas 7:34) porque comía con “publicanos y pecadores”. Puedes hacer que cualquiera parezca pecador si realmente quieres, pero eso no significa que sea verdad.
Después de rendirme a Jesucristo y responder al llamado al ministerio, comencé a encontrarme con personas religiosas que buscaban probar que todos éramos pecadores y que pecábamos regularmente. Si eras impaciente, pecabas. Si tenías un pensamiento menos que perfecto, pecabas. Si te molestabas, pecabas. Si juzgabas mal una situación… bueno, ya entiendes la idea. Noté que estas personas parecían tener la necesidad de asegurarse de que supiéramos que todos pecábamos todo el tiempo, y por lo tanto, todos seguíamos siendo pecadores.
Pronto me di cuenta de que aquellos que “buscaban la iniquidad”1 no intentaban evitar que las personas pecaran, sino que en realidad buscaban callar a cualquiera que hablara en contra del pecado. “¿Cómo se atreve alguien a decir (como lo hizo Pablo), ‘…los injustos no heredarán el reino de Dios’? ¡Todos somos injustos!” Finalmente comencé a entender que el gran consuelo y la “Bendita Seguridad” de estas personas no era que Cristo nos lava de nuestro pecado, sino la creencia de que todos somos pecadores y pecamos todos los días. ¡ASÍ QUE MI PECADO DEBE ESTAR BIEN! Cualquiera que desafiara esa creencia estaba, a su vez, desafiando la seguridad de que su pecado no sería juzgado por Dios.
Cuando haces que todo sea pecado, entonces, en tu mente, nada es realmente pecaminoso. El resultado de considerar la impaciencia como pecado es que aceptamos que no hay diferencia entre la persona que puede carecer de paciencia y la persona que es mentirosa. Pero hay una gran diferencia. La Biblia nunca dice que los impacientes no heredarán el Reino de Dios, pero sí dice: “…todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre…” (Apocalipsis 21:8).
Si quieres saber qué es el verdadero pecado, todo lo que tienes que hacer es leer lo que los apóstoles advirtieron que no entraría en el Reino de Dios: (“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” 1 Corintios 6:9-10). Estas son cosas que un hijo de Dios simplemente no puede hacer. Todos tenemos nuestras “imperfecciones humanas”, pero si realmente conoces a Cristo, no eres ninguna de las cosas mencionadas anteriormente. Tampoco haces las cosas mencionadas a continuación: (“…adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” Gálatas 5:19-21).
Un argumento razonable puede plantearse diciendo que todo lo que está por debajo de Jesucristo es, en un sentido limitado, un pecado. En realidad, acepto ese argumento, siempre y cuando venga con el entendimiento de que no todos los pecados son iguales delante de Dios. Jesús confirmó esto cuando estaba ante Pilato para ser juzgado. Le dijo a Pilato: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.” (Juan 19:11). Puedes imputar pecado a un hombre porque está molesto contigo por un malentendido, pero ¿es su “molestia”, que tú llamas “pecado”, equivalente al pecado de alguien que abusó de tu hijo? ¡Por supuesto que no! ¡Ni delante de los hombres, y ciertamente tampoco delante de Dios!.
Hay cosas que muchas personas llaman pecado que simplemente son parte de ser humanos, pero ser humano no es lo mismo que ser pecador. Los “pecados” que “no heredarán el reino de Dios” son lavados de nuestro corazón y naturaleza cuando verdaderamente venimos a Cristo. Esas cosas provienen de la naturaleza de la Serpiente, y solo la sangre de Cristo puede quitarlas y hacernos libres. Por eso Pablo escribió: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:11).
1en la KJV el final del versículo Isaías 29:20, aparece cómo “watch for iniquity”, que traducido es: “buscan la iniquidad”. En la RV1960 las palabras aparecen cómo “se desvelan para hacer iniquidad”.
Artículo original publicado en inglés el 24 de Julio de 2020, con el título: An Offender for a Word (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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