117. La fe de Pedro

La noche antes de ser traicionado y crucificado, Jesús se dirigió a Pedro y le dijo: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte” (Lucas 22:31-32). Mucho se revela en esta declaración. Satanás quería a Pedro. Satanás quería zarandear a Pedro. Pero, ¡Jesús no quería que la fe de Pedro fallara!

Creo que Satanás quería que Pedro fuera quien traicionara a Jesús. Es evidente que Satanás había puesto esta idea en las mentes de todos los discípulos. Cuando Jesús dijo: “Uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar.” (Marcos 14:18), uno por uno los discípulos preguntaron: “¿Seré yo?” (Marcos 14:19). Cada uno de ellos había sido tentado en su corazón a rechazar que Jesús era el Cristo y a traicionarlo ante los líderes religiosos.

La oración de Jesús para que la fe de Pedro “no falte” no solo expresaba la esperanza de que Pedro “se mantuviera firme” a través de todo. De hecho, la fe de Pedro no era su seguridad, confianza, ni siquiera su creencia en un solo Dios. La Biblia es clara respecto a qué era la fe de Pedro. Esto se revela cuando Jesús le preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15).

La respuesta de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16) fue una revelación del mismo Padre. Tan poderosa fue esta revelación que Jesús la llamó la “roca” sobre la cual edificaría su iglesia. Esta era la fe de Pedro, y si Satanás no podía robarle su creencia de quién es Jesús, las mismas puertas del Hades no podrían prevalecer cuando Pedro se levantara a proclamar el evangelio de Cristo.

Para que Pedro creyera que “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente” significaba que él creía que Jesús era el cumplimiento de todas las promesas de redención. Él era la “simiente de la mujer” que “heriría en la cabeza” a la Serpiente, que es Satanás (Génesis 3:15). Él era el “Mesías Príncipe” que “pondría fin al pecado y traería justicia eterna” (Daniel 9:24). Él era el “siervo” de Dios que “abriría los ojos de los ciegos, sacaría de la cárcel a los presos” (Isaías 42:7). Él era “Emanuel,” que significa “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

Pedro no es el único que tuvo esta fe. El ciego Bartimeo expresó esta misma fe cuando clamó: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10:47). Esto hacía referencia a la promesa de que Dios “…levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.” (Jeremías 23:5). Por esta razón, muchos intentaron obligar a Bartimeo a quedarse callado. Se consideraba blasfemo que alguien dijera que Jesús era el Mesías prometido. Pero Bartimeo no sería silenciado acerca de lo que creía. Por eso Jesús le dijo a Bartimeo: “Vete, tu fe te ha salvado.” (Marcos 10:52).

¡Esta también era la fe de Marta! Cuando Jesús llegó cuatro días después de la muerte de Lázaro, Marta le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.” (Juan 11:21-22). ¿Cuál era la base de su gran confianza en Jesús? Ella lo explica diciendo: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” (Juan 11:27). Esta era la fe de Marta, y es la razón por la cual Lázaro resucitó de entre los muertos.

Cada vez que Jesús le dijo a alguien: “Tu fe te ha salvado”, no estaba diciendo que no tenían dudas o temores. En su lugar, Jesús se refería a su inquebrantable creencia de que Él era, de hecho, “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Ellos sabían que si Él hablaba, sucedería.

La fe de Pedro era que “Jesús, es el Cristo” y, por lo tanto, cumpliría todo lo que Dios prometió a través de los profetas que el Cristo haría. Fue esta “fe” por la cual Jesús oró, para que no fallara en la hora de la prueba. Porque esta fe “…es la victoria que ha vencido al mundo” (1 Juan 5:4).

Artículo original publicado en inglés el 8 de Agosto de 2020, con el título: The Faith of Peter (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Published by

Deja un comentario