
Hace casi cuarenta años, un grupo de nuestra iglesia asistió a una reunión de avivamiento para escuchar a un famoso dúo de esposos cantantes, quienes también predicaban. La mujer ministra se acercó a un joven de nuestra iglesia que estaba completamente paralizado de la cintura para abajo y le ordenó: “Levántate y anda en el nombre de Jesús”. Parecía molesta porque no sucedió nada, así que le dijo delante de toda la congregación: “Dios me acaba de decir que puedes levantarte y caminar cuando tú quieras”. Fue tanto sorprendente como indignante ver cómo esta ministra salvó las apariencias culpando al joven completamente paralizado por la falta de un milagro.
Nuestro pastor, Leroy Surface, estaba muy molesto y le dijo al joven: “Si algún ministro vuelve a hacerte eso, reúne toda la fuerza que puedas y lánzate de esa silla de ruedas”. Si milagrosamente caminaba, el ministro sería confirmado como alguien de Dios; si no, el ministro quedaría expuesto como un impostor. El hermano Surface me dijo más tarde: “Toda mi vida he visto a ministros intentar levantar a personas de sillas de ruedas quienes nunca han visto a Dios sanar ni siquiera un dolor de cabeza a través de su ministerio”.
¡Dios es un hacedor de milagros! Negar esto sería una mentira rotunda, porque he visto a Dios hacer tantos milagros a lo largo de más de cincuenta años. Sin embargo, hay una verdad básica sobre los milagros que todos necesitan entender: “No existen métodos que puedan producir un milagro”. Los milagros no surgen de la “fe,” de los “principios” o del “conocimiento.” Los verdaderos milagros provienen únicamente del Espíritu de Dios.
La palabra de Dios es clara al afirmar que los “dones” o “manifestaciones del Espíritu” se otorgan selectivamente según lo elija el Espíritu de Dios. El apóstol Pablo habló de nueve de estas manifestaciones y dijo: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu…” (1 Corintios 12:11). En otras palabras, una persona no puede elegir cómo ni qué hará Dios a través de ella; solo puede entregarse a lo que Dios ha decidido hacer a través de ella. Nadie puede elegir los dones de sanidad o milagros. Debemos “Procurad (ardientemente), pues, los dones mejores” (1 Corintios 12:31), pero Dios elige a quién quiere usar para operar tales dones.
Un «soldado raso» en el ejército puede aprender perfectamente cómo un general manda un ejército, pero nunca dirigirá el ejército a menos que sea ascendido. En lo que respecta a las cosas espirituales, el ascenso solo viene de Dios. Una persona a quien Dios ha ungido con un determinado don espiritual aprenderá muchas cosas sobre cómo Dios obra a través de ella, pero nadie puede ser educado para operar un don espiritual que Dios no ha elegido para obrar en ella. Si eso es posible, entonces su «don» no es de Dios.
No todos son, ni pueden ser, obradores de milagros. Algunas manifestaciones del Espíritu van asociadas al ministerio al que Dios ha llamado a una persona. Pablo confirma esto, diciendo: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.” (2 Corintios 12:12). Otras manifestaciones del Espíritu pueden ser dadas a una persona, pero no a otra. Pablo preguntó: “¿Son todos apóstoles?, ¿son todos profetas?, ¿todos maestros?, ¿hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad?, ¿hablan todos lenguas?, ¿interpretan todos?” (1 Corintios 12:29-30).
Hay un requisito previo para que cualquier persona reciba una manifestación del Espíritu de Dios. Debe estar primero llena del Espíritu de Dios (el Espíritu Santo). Esto no es “tener un lenguaje de oración,” ni tener una doctrina sobre el Espíritu de Dios. Muchas personas creen que recibieron el bautismo del Espíritu de Dios cuando recibieron a Cristo, pero eso no es ni bíblico ni cierto. El bautismo del Espíritu Santo es un acontecimiento real y soberano, y se recibe después de la salvación. He visto demasiadas personas que parecen creer que estar llenos del Espíritu es algo que simplemente se acepta como tal por fe. Eso también es una falacia.
Cada creyente debe estar buscando a Dios, ya sea para recibir el bautismo en el Espíritu Santo, o para ser continuamente lleno del Espíritu después. El apóstol Pablo dijo: “…aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.” (2 Corintios 4:16). Esto no puede ser solo asumido, o “tomado por fe,” sino que se logra solo cuando “bebemos de la fuente” y “comemos en la mesa” de nuestro Señor cada día que vivimos. Al ser “renovados diariamente,” seremos diariamente llenos del Espíritu de Dios. Pablo dijo: “…presentad vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios…” (Romanos 12:1). Haced esto en oración, adoración y servicio, y el Espíritu de Dios (el Espíritu Santo) comenzará a obrar en ti para manifestar las obras de Dios que Él ha elegido para que camines en ellas. (Efesios 2:10).
Artículo original publicado en inglés el 4 de Septiembre de 2020, con el título: Miracles (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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