126. ¿Por qué has venido?

Ellos pensaban que tenían vida eterna, pero en realidad, ni siquiera tenían VIDA. Este fue el mensaje de Jesús a algunas de las personas más religiosas que encontró. Sin la Vida de Cristo en su interior, la esperanza de la vida eterna es solo una falacia. Considera las palabras de Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39-40). Mira más de cerca. Su mensaje era: “…a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna… Y no queréis venir a mí para que tengáis vida”. En otras palabras, “¡Ni siquiera tienen Vida!”.

Esta no fue la única vez que Jesús contradijo a algunos que estaban seguros de que el cielo sería su hogar eterno. Él habló de aquellos que dirían: “…Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7:22-23). Estas personas creían que serían recibidas por el Señor, pero estaban engañadas. Sin duda, esto es una advertencia para aquellos que piensan que el pecado de un “cristiano” no importará cuando estén ante Dios. Presta mucha atención a quiénes se les mandará apartarse en aquel día. Jesús dijo: “…apartaos de mí, hacedores de maldad”. Estas personas pensaban que recibirían vida eterna, pero habían creído una mentira (2 Tesalonicenses 2:10-12).

Quiero compartir tres ejemplos de aquellos cuya esperanza de vida eterna estaba basada en una falacia. Uno de ellos son aquellos que tratan de servir a Dios simplemente porque no quieren ir al infierno. No estoy diciendo que el temor a la condenación no pueda captar la atención de una persona y hacer que empiece a buscar una respuesta para su alma enferma de pecado. Solo que Jesucristo no puede ser visto como una “salida de emergencia del fuego”. Te aseguro que aquellos que lo ven así no escaparán al fuego de la condenación.

La Biblia habla de otros que se dejaron llevar por la emoción de los milagros que Jesús hacía. Juan registra: “…muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.” (Juan 2:23-25). ¿Por qué Jesús no se fiaba de aquellos que “creían en él”? Porque sabía que su atracción hacia él se basaba en su poder para asombrarlos, y no porque valoraran la Vida que él ofrecía. Estos no eran más que “fans de circo”. El siguiente “circo” al que acudieron fue una crucifixión al estilo romano, mientras clamaban por la muerte del Hijo de Dios. Los milagros pueden captar la atención de una persona, pero nadie puede servir a Dios basado en su deseo de ver lo milagroso.

Después de que Jesús alimentara a los cinco mil con “cinco panes y dos peces”, las multitudes estaban decididas a que Jesús fuera su rey (Juan 6:15). Cuando Jesús se apartó de ellos y cruzó el mar de Galilea, la gente tomó barcos y lo siguió. Después de encontrarlo, Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre.” (Juan 6:26-27). Estos seguían a Cristo porque él llenó su vientre. En la conversación que siguió, presionaron a Jesús por pan e incluso por “maná” como el que los hijos de Israel recibieron en el desierto. No pudieron ser persuadidos de buscarlo por el pan celestial. Ellos también pronto lo abandonaron.

En esta generación, a muchas personas se les ha enseñado a seguir a Jesús por comida en la despensa, un auto en el garaje, una casa en el vecindario, dinero en el banco y fondos en la cuenta de jubilación. No se puede seguir a Cristo en busca de tales cosas. Por supuesto, Él es nuestra provisión y sus bendiciones son innumerables, pero ¿dónde está el que entre aquellos que “buscan los panes” dice con el apóstol Pablo: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:12-13)?

El gran tesoro que los redimidos encuentran en Cristo es la Vida de Dios que Él es, y que Él da a ellos. Para el pueblo de Dios, esta Vida es más deseable que los milagros, el dinero o incluso la promesa del cielo mismo. Para una persona así, Dios estará allí cuando necesite un milagro, proveerá para ellos en cada circunstancia, y los llamará a casa al cielo cuando su curso terrenal termine. Ellos tienen vida eterna, porque han encontrado la fuente de la Vida: ¡Jesucristo!

Artículo original publicado en inglés el 25 de Noviembre de 2020, con el título: Why Have You Come? (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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