
El evangelio de Cristo, tal como fue predicado por los primeros apóstoles, estaba fundamentado en los escritos de los profetas del Antiguo Testamento, quienes predijeron la obra que el Mesías realizaría en la tierra. La profecía más prominente fue el mensaje del ángel Gabriel a Daniel, que decía que Cristo vendría a “poner fin al pecado, expiar la iniquidad y traer justicia perdurable” (Daniel 9:24-27). Estos tres puntos centrales de la redención describían a la perfección la obra de Cristo, pero los judíos no podían comprender su significado. No podían entender que esta obra se cumpliría en el corazón y la naturaleza de aquellos en quienes Cristo habita.
Al igual que algunos cristianos de hoy, muchos de aquellos a quienes los apóstoles predicaron creían en estas promesas escriturales, pero pensaban que Cristo vendría en una fecha futura para cumplirlas. El apóstol Pablo aborda este tema diciendo: “No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).” (Romanos 10:6-7). Su mensaje era claro: no debes mirar al futuro para que Cristo venga a cumplir estas promesas, porque Él ya vino y completó la obra. Caminó entre nosotros, fue crucificado y Dios lo resucitó de entre los muertos. Si crees “el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo” (1 Juan 5:10), entonces debes aceptar que Cristo ya lo ha cumplido todo en la cruz. No es una obra futura ni un trabajo en proceso. Está terminado, ¡y solo necesitas recibirlo! Si esperas que la segunda venida de Cristo cumpla estas promesas, esperas en vano. La segunda venida de Cristo no pondrá fin al pecado en ti, sino que traerá juicio sobre aquellos que practican la iniquidad (Mateo 7:23). Él ya derramó su sangre para hacerte libre.
Las palabras de Pablo: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor” (Romanos 10:9) están directamente relacionadas con su declaración: “No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo)”. La palabra “confesar” significa “reconocer” la verdad. Si crees que “el Cristo” que Dios prometió, quien vendría a “poner fin al pecado, expiar la iniquidad y traer justicia perdurable”, ha venido y es, de hecho, Jesús, el Hijo de Dios, abre tu boca y reconócelo. Deja que se sepa que estás confiando en Él para que cumpla esta obra en ti. No te avergüences de lo que dice la palabra de Dios acerca de lo que Cristo ha hecho. ¡Levántate y confiesa, o reconoce, que “el evangelio de Cristo” es verdadero! (Romanos 1:16). Esto es importante porque “con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).
“Cree en tu corazón que Dios le levantó de los muertos” (Romanos 10:9). Toda la obra de Cristo se llevó a cabo, no en su segunda venida, sino en su muerte, sepultura y resurrección en su primera venida. Negar que esta obra se cumplió cuando Él murió, fue sepultado y resucitó de entre los muertos, es negar toda promesa de redención.
Considera el poder de estas palabras escritas por el apóstol Pablo: “y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.” (1 Corintios 15:17). ¿Puedes ver que para aquellos que “aún están en sus pecados”, es como si Cristo no hubiera resucitado de entre los muertos? Fue su crucifixión la que destruyó el pecado, y fue su resurrección la que nos levantó de él. ¿Es esto lo que crees en tu corazón? Toda promesa de tu liberación a través de Jesucristo depende de ello. Cristo murió y resucitó para traer “justicia perdurable” a tu vida, pero solo hay una manera de recibirla. ¡Debes creer la verdad! ¿Por qué? Porque “con el corazón se cree para justicia…” (Romanos 10:10).
Artículo original publicado en inglés el 11 de Febrero de 2021, con el título: Who Shall Bring Christ Down? (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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