139. Confiando en Sombras

Cuando era niño, a veces por la noche uno de nosotros usaba una linterna y nuestras manos para hacer que aparecieran sombras de criaturas en la pared, mientras los demás intentaban adivinar qué criatura se estaba formando. A veces estabas seguro de que la sombra era un perro, pero resultaba ser un león. Podrías pensar que era un conejo, pero era un canguro. Cuando estás mirando sombras, una persona puede estar convencida de que está viendo una cosa, mientras otra persona está convencida de lo contrario. Esta confusión es esperable porque las sombras solo se producen al bloquear la luz.

Las sombras no son lo mismo que los reflejos. Los reflejos revelan la verdad. Las sombras la ocultan. Jesucristo es el reflejo de la gloria de Dios. La Biblia dice que él es “…el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3). La Ley de Moisés, junto con sus ordenanzas y rituales, son meramente sombras. Pablo dijo que la Ley tenía “la sombra de los bienes venideros”, pero no “la imagen misma” (Hebreos 10:1) de esos bienes.

La Ley de Moisés sirvió para ocultar la gloria de Dios al pueblo, mientras que Cristo revela la gloria de Dios. Pablo escribió acerca de la Ley: “Cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos” (2 Corintios 3:15). Sin embargo, acerca de Cristo, Pablo escribió: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen…” (2 Corintios 3:18).

Pablo también describió los rituales judíos, ordenanzas, días santos y el sábado como “sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo (el cuerpo que proyecta la sombra) es de Cristo.” (Colosenses 2:17). Pablo estaba alarmado de que los creyentes se estuvieran volviendo al ritualismo religioso. Él dijo que tal persona estaba “vanamente hinchado por su propia mente carnal” (Colosenses 2:18). Creían estar encontrando sabiduría y espiritualidad en sus rituales religiosos, pero Pablo advertía: “¡Es solo una sombra! ¡No hay nada allí para ver más que oscuridad!”

En cada generación ha habido quienes piensan que comprenderán la redención estudiando la Ley y el Tabernáculo, junto con sus fiestas y ceremonias. Parecen ciegos a la simple verdad de que Cristo vino a hacer lo que era imposible para la Ley! (Romanos 8:3). Es evidente que la Ley nunca puede revelar la obra de la redención porque la Ley nunca puede lograr lo que la redención hace en nosotros. Consideremos el registro de las Escrituras a continuación:

Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó (completó) la ley), y de la introducción de una mejor esperanza” (Hebreos 7:18-19). La Ley podía limpiar ceremonialmente el exterior de una persona, pero como no puede lavar el pecado del corazón, su obra siempre es incompleta. Nosotros, que venimos a través de Cristo, tenemos “purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:22). ¡Somos hechos completos!

Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados (Hebreos 10:4). Puedes saber todo lo que hay que saber sobre los sacrificios del Tabernáculo o incluso sobre el cordero pascual, y aun así no saber nada sobre la sangre de Cristo. Cristo derramó su sangre para hacer lo que era imposible que lograra la sangre de los animales. La Biblia dice que “…somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). La sangre de los animales nunca podría lograr tal cosa.

Cristo nunca se encuentra en las sombras. Sin embargo, muchos creyentes profesos buscan en las “sombras” de la religión, creyendo que encontrarán una cercanía con Dios. Algunos recurren a los rituales del judaísmo, mientras que otros confían en bautismos y otros ceremonialismos religiosos. Estas cosas no son necesariamente malas, pero son solo sombras. Aquellos que caminan en sombras siempre caminan en oscuridad.

Caminar en Cristo es uno de simple fe y confianza. Creemos el evangelio tal como está registrado en las Escrituras y confiamos en Jesucristo. Él derramó su sangre para quitar nuestro pecado, y caminamos en esa libertad mientras caminamos con él.

Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. (1 Juan 1:7).

Artículo original publicado en inglés el 24 de Abril de 2021, con el título: Trusting in Shadows (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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